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A los 40, y con la Navi cargada hasta el tope: Nicolás sale de Neuquén y no pone fecha de vuelta

Vende el taller mecánico que sostiene hace años, deja el dinero apartado para su hijo de 17 y en noviembre se sube a una moto chica para bajar a Ushuaia y terminar, si todo sale como imagina, en Alaska. Cuenta cómo armó la ruta, qué lleva en los baulles y qué es lo único que, dice, lo preocupa de verdad.

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Ludmila FerreyraSociedad · · 3 min de lectura
A los 40, y con la Navi cargada hasta el tope: Nicolás sale de Neuquén y no pone fecha de vuelta

Dicen que las decisiones grandes se cocinan a fuego lento, y que muchas veces hay que esperar a que algo se acomode del otro lado para recién animarse. En el caso de Nicolás Poblet, 39 años, mecánico y vecino de Neuquén, esa espera terminó. El mes que viene, casi pisando los 40, va a subir a una Honda Navi, acomodar como pueda las herramientas, el bidón de combustible extra y la carpa, y arrancar sin fecha de regreso. La moto es chica, urbana, de esas que se ven más en la ciudad que en una ruta larga. La eligió igual, a propósito, porque no necesita velocidad sino tiempo para mirar.

La ruta, de la Patagonia al círculo polar

El plan ya está bastante masticado, aunque él aclara que no es un plan rígido. La primera etapa cruza a Chile y baja por la Carretera Austral hasta Ushuaia, el punto más al sur del continente. Desde ahí la idea es volver a subir por la Argentina siguiendo la Ruta 40, pasar a Bolivia, atravesar Centroamérica y entrar a Norteamérica para empujar la moto hasta Alaska. En el papel, el viaje completo le lleva entre un año y medio y dos años. En la práctica, ya sabe que eso puede estirarse o achicarse según lo que aparezca en el camino.

La velocidad a la que piensa moverse es uno de los detalles que más llaman la atención: alrededor de 60 kilómetros por hora. A ese ritmo, lo importante no es cubrir kilómetros sino el viaje mismo: detenerse donde algo le llame la atención, hablar con quien se cruce, dormir donde la ruta lo invite.

El taller, la plata y el motor de la decisión

Para hacer el viaje, Nicolás liquidó o está liquidando la mayor parte de lo que tiene. El taller mecánico que dirige hace años ya está en venta. Lo que obtenga va a quedar apartado para Benjamín, su hijo de 17, la única condición que se autoimpuso antes de subirse a la moto. El viaje propiamente dicho lo piensa sostener con algunos ahorros y con ingresos que espera generar durante el recorrido, ya sea haciendo arreglos mecánicos en el camino o a través del canal de YouTube y la cuenta de Instagram que abrió bajo el nombre Astronavi para ir documentando todo lo que pase.

La decisión, según cuenta, la viene masticando desde hace mucho. Lo que lo frenaba era la edad de Benjamín. Ahora que el chico tiene más independencia, padre e hijo lo charlaron y se pusieron de acuerdo en que este era el momento. Hasta existe la chance de que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido y comparta una etapa con él.

“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él.”Nicolás Poblet (39 años, Neuquén)

Como mecánico, conoce la moto a fondo y confía en resolver por su cuenta la mayoría de los problemas técnicos que puedan aparecer. Para la comunicación con su hijo durante el trayecto, la idea es llevar un Starlink, ese sistema de internet satelital que se usa en zonas sin cobertura. El resto lo resolverá sobre la marcha: calcula que alrededor del 90 por ciento de las noches las va a pasar acampando, al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para plantar la carpa.

El 11 de octubre Nicolás cumple 40 años. Pocas semanas después arranca, y todavía le falta resolver algunos detalles logísticos, como el equipo que va a llevar encima, los papeles de la moto para cruzar tantas fronteras y cómo va a ir enviando los videos. Mañana, cuenta, va a estar en el taller terminando de acomodar una última herramienta y dejándolo todo listo para entregárselo a quien lo compre. Después, a esperar noviembre.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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