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Lunes, 5 de octubre de 2026
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A Ushuaia hay que llegar antes: la logística que nadie te cuenta para cruzar a la Antártida

Pasaje de Drake, Zodiac, botas prestadas y un capitán que decide todo: cómo es el operativo detrás de una expedición al continente blanco sin necesidad de ser explorador.

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Franco VillalbaDeportes · · 3 min de lectura
A Ushuaia hay que llegar antes: la logística que nadie te cuenta para cruzar a la Antártida

Llegar tarde a Ushuaia es la forma más cara de perderse la Antártida. No es broma ni exageración de folleto: una tormenta en Buenos Aires, una conexión demorada y el barco se va sin vos. Te lo dice Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, y uno asume que el señor sabe de qué habla. Por eso lo primero que aclara es que hay que plantarse en el fin del mundo uno o dos días antes del embarque. El vuelo no perdona, el barco tampoco.

El resto tampoco es tan glamoroso como lo pintan las postales. Para subirse a un Zodiac y apoyar el pie en la Antártida no hace falta ser Shackleton ni tener cero grasa corporal. Hace falta, eso sí, movilidad suficiente como para entrar y salir de esas lanchas inflables y bancarse un piso irregular, húmedo y frío. La edad y el estado físico se chequean antes de viajar. El que no puede sortear esos obstáculos se queda mirando desde la cubierta, y es una pena pagar un viaje entero para eso.

Cuatro claves que conviene resolver antes de subir al barco

  • Llegar a Ushuaia uno o dos días antes: un vuelo demorado puede dejarte afuera del embarque sin posibilidad de reclamo.
  • Seguro de viaje con cobertura antártica: no todos los operadores incluyen repatriación ni rescate, y allá abajo la logística de emergencia es cara y lenta.
  • Equipo y ropa: consultar con la empresa qué botas, parkas y capas entrega el operador antes de gastar fortuna en una tienda de montaña.
  • Camarote: los más bajos y centrales sienten menos el movimiento del barco; los altos ofrecen mejores vistas pero también más vaivén en el cruce del Drake.

El cruce del Pasaje de Drake es el gran filtro. Algunos pasajeros lo sufren, otros lo recuerdan como lo mejor del viaje. La realidad es que el mar cambia de humor entre una salida y otra, y no hay manera de comprarlo: las charlas del equipo de expedición sobre fauna, historia y protocolos ambientales son la mejor pastilla para los que marean. Y aclaremos algo: en la Antártida está prohibido tocar o alimentar animales, y las distancias de bioseguridad se respetan a rajatabla. No es un zoológico, es el continente más protegido del planeta.

Una vez en destino, si el clima acompaña, Antarpply organiza hasta dos salidas diarias de unas tres horas cada una. Los Zodiac se acercan a costas donde el buque no llega, permiten caminar entre pingüineras, rodear témpanos y asomarse a glaciares que parecen de mentira. Los avistajes de ballenas, focas y aves marinas son probables en el verano austral, pero nadie te firma un certificado de avistaje: lo que toca, toca.

El buque insignia de la compañía, el Ushuaia, lleva 90 pasajeros en 46 cabinas y suites. Tiene comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias. Es chico, es cómodo, y cuando el capitán dice que no se desembarca, no se desembarca: el viento, el oleaje y el hielo tienen la última palabra. No hay demo, no hay protesta que valga. La que viene: la temporada antártica 2025-2026, con salidas programadas desde noviembre hasta marzo. Reservá con tiempo y no te confíes con el vuelo.

FV
Franco VillalbaDeportes

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