Aftas en la boca: señales de alarma que indican que ya es momento de ir al odontólogo
La mayoría de las llagas bucales se van solas en una o dos semanas, pero hay cuatro situaciones concretas en las que conviene pedir turno con un profesional y dejar de esperar.

Las aftas son una de esas molestias tan comunes que mucha gente aprende a convivir con ellas sin darles mayor importancia. Son heridas dolorosas que aparecen dentro de la boca, en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua, y que en la gran mayoría de los casos se resuelven solas, sin tratamiento, en el término de una o dos semanas. No son contagiosas y se calcula que afectan a cerca de una cuarta parte de la población a lo largo de la vida. Hasta ahí, la noticia es tranquilizadora. Lo que ya no lo tanto es saber cuándo una de estas llagas deja de ser una molestia pasajera y se convierte en una señal de que algo más hay que mirar.
Por qué aparecen y qué las empeora
El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos explica que el tratamiento de las aftas apunta a aliviar el dolor y favorecer la cicatrización, aunque no garantiza que las lesiones no vuelvan a aparecer. Para los cuadros leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos suelen alcanzar para controlar el malestar. En tanto, la Clínica Mayo detalla los factores que con más frecuencia las provocan o las agravan: una mordedura accidental al masticar, un cepillado demasiado enérgico, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal ajustada, o el borde filoso de alguna pieza dental. Los alimentos ácidos, picantes o salados también pueden irritar la zona y estirar las molestias más de lo razonable. Identificar cuál de esos factores está detrás de cada episodio, y corregirlo, por ejemplo ajustando una prótesis o suavizando la técnica de cepillado, reduce de manera concreta las chances de una nueva irritación.
Las cuatro señales para consultar
La misma Clínica Mayo resume en cuatro los motivos que justifican pedir un turno con el odontólogo o con el médico. La primera es la duración: si la llaga lleva dos semanas o más sin cerrarse, ya no es un cuadro normal. La segunda es la frecuencia: cuando aparecen de manera repetida en cortos períodos. La tercera es el tamaño: lesiones particularmente grandes, distintas de las pequeñas y redondeadas que uno está acostumbrado a ver. Y la cuarta es la superposición: si surge una nueva llaga antes de que termine de cicatrizar la anterior. A esa lista se suman otros motivos para no demorar la consulta: dolor que no se controla con lo que hay en la casa, dificultad para comer o beber, o fiebre asociada al cuadro.
- La llaga supera las dos semanas sin cicatrizar
- Reaparece de forma repetida en poco tiempo
- La lesión es inusualmente grande
- Aparece una nueva antes de que cierre la anterior
- El dolor impide comer o beber con normalidad
- Hay fiebre del cuadro
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