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Agua, sales o bebida deportiva: qué tomar según el momento y por qué no es lo mismo

La hidratación cotidiana se cubre con agua y una alimentación variada. La diarrea exige sales de rehidratación oral y el ejercicio prolongado puede justificar bebidas con electrolitos. Elegir mal también trae consecuencias, según explican los organismos de referencia.

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Ludmila FerreyraSociedad · 24 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En la mayoría de los hogares argentinos, alcanza con abrir la canilla y sentarse a comer para estar bien hidratado. El agua y una alimentación variada cubren lo que el cuerpo necesita en el día a día, siempre y cuando no haya pérdidas extraordinarias de líquido. Esa es la idea central que repiten la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unicef y el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, y que en las últimas semanas volvió a circular entre profesionales de la nutrición y la medicina clínica: la hidratación no se resuelve igual en la mesa, frente a una diarrea o después de trotar bajo el sol.

Cuando hay diarrea, la bebida deportiva no sirve como reemplazo

La confusión es frecuente. Una bebida isotónica no equivale a una solución de rehidratación oral, por más parecida que parezca la etiqueta. La OMS y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con ese cuadro. Su función es específica: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y la fórmula se completa con cloruro, potasio y citrato.

Si la persona se marea, se desmaya, vomita sin parar, no puede retener líquidos o muestra signos de deshidratación grave, la indicación es buscar atención médica en lugar de seguir probando bebidas en la casa. Elegir un producto por cuenta propia no reemplaza esa evaluación, recuerdan los protocolos.

En la vida cotidiana, la comida ya aporta los minerales

  • Potasio: frutas, verduras y legumbres.
  • Calcio y magnesio: lácteos, semillas, frutos secos y algunos vegetales.
  • Sodio y cloruro: sal y alimentos preparados.
  • Hidratación habitual: agua, comidas regulares y atención a la sed.

Estos minerales reciben el nombre de electrolitos y cumplen un papel clave: distribuyen el agua en el organismo y sostienen el funcionamiento de nervios y músculos. Sin pérdidas importantes, no hay beneficios demostrados en sumarlos de manera rutinaria a través de suplementos. Para la hidratación de todos los días, suelen bastan el agua de la canillera, el mate, la sopa de la noche y la sed como guía. Forzar la ingesta sin necesidad tampoco es inocuo: beber de más puede alterar el sodio en sangre, un cuadro conocido como hiponatremia que preocupa sobre todo a quienes se exigen de más en la actividad física.

Ejercicio prolongado: ahí sí pueden entrar las bebidas con electrolitos

La actividad física cambia la ecuación. Hay que mirar cuánto dura, con qué intensidad se hace, qué temperatura hace y cuánta sudoración se pierde. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados. Para ejercicios de menos de una hora, en cambio, la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento frente al agua es escasa.

Cuando el esfuerzo supera la hora, en especial con calor o humedad, las necesidades de reposición crecen. No existe una cantidad idéntica para todos: la sudoración y las pérdidas de sales varían entre personas. Por eso, los especialistas insisten en que la elección no es universal y depende del contexto. En el día a día, en cambio, menos es más: agua, comida habitual y estar atentos a la sed suelen ser suficientes.

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Ludmila FerreyraSociedad

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