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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Antártida a bordo y sin pausa: la nueva frontera de los cruceros que prometen bordear el continente blanco

Una expedición de casi dos meses a bordo del Le Commandant Charcot abre un mapa de opciones para quienes sueñan con ver los mares de Ross, Amundsen, Bellingshausen y Weddell. Recorridos, costos y el pulso de una oferta que se diversifica mientras los itinerarios clásicos siguen siendo la puerta de entrada al continente más austral.

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Antártida a bordo y sin pausa: la nueva frontera de los cruceros que prometen bordear el continente blanco

Lo primero que se escucha, cuentan quienes han subido a uno de estos barcos, no es tanto el motor como el crujido del hielo golpeando el casco. Esa especie de respiración metálica, casi animal, marca el pulso de cualquier navegación por aguas antárticas y se vuelve más intensa cuando la embarcación se interna en latitudes poco transitadas, lejos de la península que concentra a la mayoría de los cruceros turísticos. Esa frontera es la que ahora promete correr una nueva expedición anunciada para 2028, una circunnavegación de alrededor de 23.000 kilómetros a bordo del Le Commandant Charcot, con una duración cercana a los dos meses y la posibilidad de contratar tramos de unas 30 noches.

Yo he seguido de cerca varias de estas travesías clásicas, esas de diez a doce días que zarpan desde Ushuaia y bajan hasta la península antártica, y siempre me queda la sensación de que el viaje se queda corto. No por aburrido, al contrario: cada desembarco es un compacto de pingüinos, glaciares y un viento que parece tener opiniones. Pero la Antártida es enorme, y la mayor parte de su litoral queda fuera de los itinerarios convencionales. Por eso, cuando los operadores empiezan a ofrecer rutas más largas, lo que cambia no es solo la cantidad de noches a bordo, sino el tipo de experiencia que se puede tener.

Más allá de la península: qué se ve cuando el viaje se extiende

Jeremy Clubb, director y experto de Antarctica Cruises, lo explica con una claridad que a mí me sirve para ordenar el mapa mental. Las travesías clásicas, dice, concentran avistajes de fauna y paisajes en un área relativamente acotada. Las expediciones extensas, en cambio, permiten atravesar distintos sectores del océano y acercarse a regiones que reciben muchos menos visitantes, como los mares de Ross, Amundsen, Bellingshausen y Weddell. Son zonas que suenan a libro de historia más que a folleto turístico, y justamente por eso despiertan fascinación.

  • La barrera de hielo de Ross, una muralla blanca que se extiende a lo largo de cientos de kilómetros y que fue escenario central de las expediciones británicas de principios del siglo XX.
  • Las cabañas históricas de la isla de Ross, con sus muros de madera todavía en pie y sus objetos originales, como cápsulas del tiempo dejadas por Scott y Shackleton.
  • Sectores de reproducción de pingüinos emperador, una de las colonias más codiciadas por fotógrafos y documentalistas, donde las crías sobreviven el invierno apoyándose unas contra otras.
  • Grandes extensiones de hielo marino, donde el barco navega entre placas que cambian de forma con las mareas y el viento.
  • Sitios asociados con la historia de la exploración polar, que funcionan como mojones emocionales del viaje tanto como geográficos.

Un antecedente reciente y la cuenta pendiente del bolsillo

No es la primera vez que una compañía se anima a una travesía de este tipo. En 2025, Hapag-Lloyd Cruises realizó una semicircunnavegación de 32 días a bordo del Hanseatic inspiration, que partió de Ushuaia y terminó en Christchurch, Nueva Zelanda. Fue, en cierto modo, un ensayo de lo que ahora se ofrece como producto completo. La diferencia, claro, es que la circunnavegación anunciada para 2028 promete unir el círculo entero, y eso, como señala Clubb, convierte a estas vueltas completas en algo excepcional por la complejidad logística que implican y por el costo que terminan teniendo para el pasajero.

“Las vueltas completas al continente seguirán siendo excepcionales por su complejidad logística y su costo. Los itinerarios de diez a doce días, en cambio, se ajustan a las posibilidades de una mayor cantidad de viajeros.”Jeremy Clubb, director y experto de Antarctica Cruases

El especialista describe además un público bastante específico para estas travesías largas: personas que ya visitaron la península y quieren más, fotógrafos que necesitan tiempo para esperar la luz, observadores de aves que siguen especies a lo largo de miles de kilómetros y aficionados a las ciencias polares que prefieren quedarse horas mirando el hielo antes que acumular desembarcos uno tras otro. Es un perfil distinto al del viajero que se sube a un crucero clásico para tener su primera foto con un pingüino, y eso, lejos de ser un problema, es lo que hace que las dos modalidades convivan sin pisarse.

Para quien empieza a mirar opciones, la decisión suele pasar por dos filtros: el tiempo disponible y el presupuesto. Las expediciones de diez o doce días siguen siendo la puerta de entrada razonable para casi cualquier bolsillo y para cualquier agenda laboral o familiar. Las de 30 noches, y más aún las de casi dos meses, exigen otro tipo de planificación y otra disposición interna: la de alguien que está dispuesto a pasar semanas en un barco, con días de mal tiempo, de navegación sin desembarco y de silencio blanco, a cambio de ver partes de la Antártida que muy pocos llegan a ver. Ahí, en esa elección, se juega buena parte del sentido de elegir el mar para conocer el continente más austral del planeta.

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos

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