Apnea del sueño en mujeres: la pista está en el cansancio, no siempre en los ronquidos
Somnolencia diurna, dolor de cabeza al despertar y malestares que se atribuyen al estrés o a la menopausia pueden ocultar un trastorno respiratorio que, según estimaciones, está sin diagnosticar en hasta un 75 por ciento de los casos.

Despertarse varias veces, levantarse con la cabeza pesada y arrastrar sueño durante la jornada ya forman parte del día a día de muchas mujeres. Esas molestias suelen adjudicarse al estrés, al insomnio o a los cambios hormonales de la menopausia, pero también pueden ser la cara menos visible de la apnea obstructiva del sueño. En el universo femenino, el trastorno no siempre se anuncia con ronquidos sonoros ni con pausas respiratorias advertidas por la pareja: a veces se cuela detrás del agotamiento, de la irritabilidad y de la dificultad para concentrarse en una reunión de oficina o en la mesa familiar.
Un problema subdiagnosticado
El dato es contundente y viene de la literatura médica revisada para esta nota: hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico. La misma revisión advierte que hasta un 40 por ciento no menciona los signos más conocidos, entre ellos los ronquidos intensos y la sensación de ahogo nocturno. Es decir, cuando la apnea se presenta sin el repertorio clásico, queda tapada por otros malestares y se naturaliza.
Carla tiene 47 años, vive en Quilmes y trabaja medio día en una administración. Cuenta que empezó a notar que se dormía en el colectivo de vuelta a su casa y que llegó a tener tres accidentes de tránsito menores por microsueños. “Yo decía que estaba cansada. El médico me pidió un estudio del sueño y el resultado dio apnea moderada. Me sorprendió porque no ronco”, le resume a este portal. Mañana, según adelanta, va a buscar turno con un especialista en sueño para ajustar la presión del CPAP, el equipo que mantiene abierta la vía aérea mientras duerme.
Qué mirar y por qué los chequeos rápidos pueden no alcanzar
Los cuestionarios que usan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero suelen identificar menos casos entre mujeres que entre varones. Algunas pruebas domiciliarias, además, pueden registrar de manera incompleta los eventos respiratorios que se concentran en la fase REM, la etapa donde soñamos. Cuando los síntomas persisten, un resultado inicial sin alteraciones no descarta el cuadro: el paso siguiente suele ser un estudio nocturno en un laboratorio del sueño, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso.
- Cansancio diurno y somnolencia, sobre todo en situaciones tranquilas como leer o ver televisión.
- Dolor de cabeza al despertar, sequedad bucal y sensación de no haber descansado.
- Dificultad para iniciar el sueño o sostenerlo, con despertares que se recuerdan o no.
- Cambios de ánimo, irritabilidad y problemas de concentración.
- Ronquidos presentes o no, y pausas respiratorias advertidas o no por alguien de la casa.
El embarazo y la menopausia pueden aumentar el riesgo o agravar un cuadro previo. La apnea se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, por lo que su detección temprana no se limita a mejorar las noches: forma parte del cuidado cardiovascular general. En el caso de una cirugía programada o un embarazo en curso, corresponde informar al equipo médico para coordinar el abordaje.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Villa Adelina, el barrio invisible: sin cultura, sin Estado, sin comunidad

Especialistas alertan por el incremento de casos de cáncer de piel en jóvenes

De plazas vivas a espacios vacíos: el retroceso cultural y comunitario en Martínez
