Cafeína, adolescentes y un combo que puede sabotearles el sueño: qué miran los especialistas de Yale
Temblores, nerviosismo y dificultades para dormir son señales para revisar cuánto café, mate, bebidas energizantes o sobres saborizados consume un chico. Especialistas de Yale explican cómo actúa esa sustancia, en qué productos aparece sin que se note y qué recomiendan hacer en casa.

Soy Ludmila Ferreyra, de la sección Sociedad, y esta semana me crucé con un tema que aparece en las mesas familiares más de lo que uno imagina: la cafeína en los adolescentes. No hablo solo del café de la mañana o del mate cebado a media tarde. Hablo de latas energéticas, gaseosas de cola, chocolatadas, chicles con sabor a fruta y unos sobres que se disimulan entre golosinas y que muchos padres ni registran en la lista de la compra.
Cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, se lo nota inquieto, con temblores o con un descenso en el rendimiento escolar, vale la pena detenerse y mirar qué viene tomando durante el día. Esa es, en pocas palabras, la advertencia que compartieron especialistas de la Universidad de Yale en una reciente revisión sobre consumo de cafeína en menores.
Señales que pueden estar hablando de un consumo de más
- Problemas para conciliar el sueño o despertares durante la noche.
- Nerviosismo, temblores y una sensación general de inquietud.
- Palpitaciones y molestias digestivas que aparecen sin causa clara.
- Caídas en el rendimiento escolar y mayor cansancio diurno.
- Ansiedad que se instala o se intensifica en la semana.
La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, fue clara al describir el cuadro: un exceso de cafeína también puede provocar palpitaciones, malestares estomacales, ansiedad y una sensación de agitación que, lejos de ayudar a estudiar, termina saboteando la concentración.
Dónde se esconde la cafeína que muchos no están sumando
Acá viene el primer punto que más me llamó la atención: para calcular cuánta cafeína toma un adolescente no alcanza con contar las tazas de café o los mates del día. La sustancia aparece también en bebidas energéticas, gaseosas de cola, chocolate, chicles y unos sobres saborizados que, según los especialistas, pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor de la cafeína y pueden hacer que los jóvenes los prueben sin dimensionar qué están consumiendo.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale
Cómo actúa y por qué el horario pesa tanto
Agrawal explicó que la cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de ingerirla. Entre cinco y seis horas más tarde, el organismo todavía conserva alrededor de la mitad de lo que se tomó. Por eso la recomendación concreta es evitarla después de las 13 o las 14, dependiendo de la hora habitual en que el chico se acuesta.
A ese cómodo cóctel se suma un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se corre hacia horarios más tardíos y, al mismo tiempo, cuesta mucho más levantarse temprano para ir al colegio. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante para sostenerse, el alivio momentáneo vuelve a retrasar el sueño y al día siguiente el agotamiento es todavía mayor. Es una trampa silenciosa que se retroalimenta.
Qué recomiendan los especialistas para los menores de 18
- Evitar la cafeína antes de los 18 años siempre que sea posible.
- Excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes.
- Prestar atención a los sobres saborizados y a los chicles con cafeína, que suelen pasar desapercibidos.
- Cuidar el horario de consumo: nada de cafeína después de las 13 o las 14.
- Revisar las rutinas nocturnas, sobre todo las vinculadas a pantallas y videojuegos.
“Los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades de cafeína menores que las que toleran los adultos. Las recomendaciones para mayores no deberían trasladarse a los menores.”Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale
Pantallas, videojuegos y la costumbre de tomar algo para no dormirse
Park también puso el foco en un costado muy actual: durante las largas sesiones de videojuegos, muchos chicos consumen cafeína para sostenerse despiertos, pero también porque es una costumbre compartida con otros jugadores en el chat o en el grupo de amigos. El problema es que la luz de las pantallas, sumada al efecto del estimulante, reduce la producción de melatonina y complica todavía más la llegada del sueño.
Desde mi lugar, lo que rescato de todo esto es que no se trata de prohibir y generar una batalla cotidiana, sino de revisar sin dramatismo qué consume un adolescente, en qué momento del día y con qué pantallas. Hablarlo en la mesa, mirar juntos la etiqueta de lo que compramos en el súper y volver a rutinas nocturnas más simples puede ser un buen punto de partida.
Si en casa hay un adolescente al que le cuesta dormir, está más nervioso de lo habitual o llega al colegio con cara de sueño acumulado, mañana a la noche puede ser un buen momento para revisar la heladera y el cajón de los snacks, leer las etiquetas y charlar con él, sin que parezca un juicio, sobre qué viene tomando a lo largo del día. A veces, con correr un par de horarios y sacar un par de productos, alcanza para empezar a dormir mejor.
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