Cerúndolo chocó contra una muralla belga y volvió a quedarse en la puerta de los cuartos
Francisco Cerúndolo cayó ante Alexander Blockx en los octavos del US Open y volvió a experimentar la sensación de rozar los cuartos de un Major sin poder cruzarlos. El argentino abusó de los errores no forzados y pagó caro cada oportunidad desperdiciada.

Dicen que la tercera es la vencida, pero al parece Cerúndolo todavía no se enteró. El argentino volvió a quedar a un paso de los cuartos de final de un Grand Slam y, otra vez, se quedó con las ganas. En esta oportunidad, el verdugo fue el belga Alexander Blockx, que lo eliminó del US Open por 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5 en dos horas y diecinueve minutos de trámite.
Un partido que se perdió en los detalles
Lo de Fran no fue una caída estrepitosa. Fue más bien una caída lenta, de esas que se van cocinando con errores no forzados y con oportunidades que se escurren como agua entre los dedos. Blockx, desde varios metros detrás de la línea de fondo, hizo lo que mejor sabe: devolver, devolver y devolver. Y el porteño terminó pagando cada pelota de más que intentó.
- Cerúndolo desperdició 14 de las 17 chances de quiebre que tuvo a lo largo del partido.
- Blockx, en cambio, fue clínico: convirtió 6 de 12 y quebró en los momentos clave del tercer y cuarto set.
- El argentino terminó con 50 errores no forzados, contra 44 del belga, y apenas 34 ganadores frente a 36 de su rival.
- La red fue el único refugio de Cerúndolo: ganó 13 de 15 puntos cuando subió en el segundo set.
El guión que se repite
Lo más duro no es la derrota en sí. Lo más duro es el déjà vu. Cerúndolo había llegado a octavos en el Australian Open y en Roland Garros, y ahora repite el piso en Flushing Meadows. Siempre el mismo umbral, siempre la misma pared. El tenista de 27 años pelea, compite, muestra glimpses de su mejor tenis, pero cuando asoma la posibilidad de dar el salto, algo se traba.
El primer set fue elocuente. Fran generó ocho chances de quiebre y sólo pudo capitalizar una. El belga, en cambio, convirtió las dos primeras que tuvo y se llevó el parcial en 50 minutos. Esa diferencia de contundencia fue, en el fondo, la diferencia del partido. Lo demás fue lucha, pero con Blockx del otro lado de la red, la lucha no alcanza si no va acompañada de precisión.
Me voy con la sensación de que Cerúndolo no jugó mal, pero jugó mal en los momentos en los que no se puede jugar mal. Y Blockx, sin hacer ruido, sin tirar bombazos, sin ganar de manera espectacular, simplemente estuvo ahí, firme, esperando el error. Así se construyen las victorias en los Grand Slams: con paciencia belga y con rivales que regalan de más.
La que viene: Cerúndolo volverá a competir en la próxima temporada de polvo de ladrillo, con la ilusión intacta y la cuenta pendiente de los cuartos de un Major. Tendrá revancha en el Australian Open 2027, donde la historia, tal vez, finalmente cambie.
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