Saltar al contenido
Martes, 13 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕

Ya Noticias

Portada — Vida —

Comer en compañía: la mesa familiar como escuela silenciosa de hábitos saludables

Un consenso de especialistas argentinos en nutrición pediátrica subraya que la comensalidad, es decir, el contexto en el que se come y con quién se comparte la mesa, resulta tan determinante como el menú a la hora de formar los hábitos alimentarios de chicos y adolescentes. La cena diaria en casa aparece como la recomendación más concreta.

LF
Ludmila FerreyraSociedad · · 3 min de lectura
Comer en compañía: la mesa familiar como escuela silenciosa de hábitos saludables

Hay una idea que a esta altura suena casi de manual pero que, sin embargo, cuesta llevar adelante en la vida cotidiana: lo que los chicos y los adolescentes comen depende tanto del plato que se les sirve como del lugar donde lo comen y de la compañía que tengan enfrente. Esa es, en pocas palabras, la posta central del consenso NutreAR, una guía elaborada por PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) y presentada en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica, que organizó la Sociedad Argentina de Pediatría.

Comensalidad: mucho más que la lista del supermercado

El término que ordenan las recomendaciones es comensalidad: todo lo que rodea al acto de comer. La especialista en nutrición pediátrica y miembro de PROFENI Adriana Hernández, de 52 años, lo resumió desde Buenos Aires: no alcanza con pensar si el menú tiene la cantidad adecuada de calcio, hierro o fibra, porque también importa cómo se ofrece, en qué contexto y con quién se comparte. Por eso el consenso propone abordajes diferenciados para chicos de 2 a 6 años, de 7 a 11, de 12 a 14 y de 15 a 17, porque en cada tramo las necesidades nutricionales y las rutinas de vida cambian de manera considerable.

Uno de los puntos donde los profesionales hicieron más hincapié es el del aprendizaje por imitación. Lo que los chicos observan en la mesa, las opciones que ven comer a sus padres, hermanos, tíos o amigos termina ampliando —o achicando— su propio repertorio de alimentos. Cuando el entorno muestra variedad y buena disposición a probar, los más chicos tienden a sumar gustos nuevos. Cuando en cambio el repertorio hogareño es muy acotado, la selectividad alimentaria —esa tendencia a comer siempre lo mismo y a rechazar lo que no se conoce— se vuelve más difícil de revertir. La indicación concreta de los especialistas es ofrecer siempre algo nuevo en el plato y evitar consolidar menús demasiado restringidos, sobre todo en las primeras etapas de la vida.

Adolescentes, pantallas y platos en el cuarto

A partir de los 14 o 15 años, la rutina suele modificarse y la mesa familiar se vuelve más esquiva. Crece la tendencia a comer solos, en el cuarto, frente a una pantalla. El consenso advierte que esa práctica reduce las oportunidades de construir vínculos alrededor de la comida y, con el tiempo, puede ir moldeando un vínculo más distante con la alimentación. La recomendación concreta que la guía deja por escrito apunta a sostener al menos una comida compartida por día, ya sea almuerzo o cena. Por los horarios laborales, escolares y deportivos, los especialistas remarcan que la cena suele ser la más viable para coincidir en familia, aunque aclaran que la mesa no tiene que ser necesariamente en el sentido estricto: cenar con amigos o con compañeros cumple la misma función social y nutritiva.

  • Ofrecer siempre algún alimento nuevo en la comida, sin forzar su ingesta.
  • Evitar consolidar menús muy restringidos en los primeros años de vida.
  • Sostener al menos una comida compartida por día, idealmente la cena.
  • Buscar que la hora de comer sea un momento de encuentro, sin discusiones pendientes.
  • Cocinar en compañía de los chicos siempre que sea posible, para involucrarlos en la preparación.
  • Recordar que los chicos aprenden a comer, sobre todo, por imitación de los adultos cercanos.

La comensalidad tampoco se agota en el hogar. En los comedores escolares, los especialistas remarcan la importancia de que los menús estén planificados con criterios nutricionales. Además, las viandas preparadas en casa, pensadas con algo de variedad, suman opciones y abren la conversación sobre qué se comió y por qué. El consenso NutreAR pone toda esa discusión sobre la mesa con una idea fuerza que atraviesa todas las edades: los chicos aprenden a comer, en buena medida, por imitación, y el entorno cotidiano termina siendo la escuela silenciosa que moldea, durante décadas, la relación de cada persona con la comida. La pediatra Adriana Hernández contó que, mañana por la mañana, tiene previsto participar de un taller con docentes de una escuela de Morón para conversar sobre cómo replicar estas pautas en el comedor escolar y en las aulas.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo