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Cuando la cabeza no da más: cómo una pausa bien usada puede devolver el foco a la jornada

Caminar, respirar o cerrar los ojos unos minutos son algunas de las claves que coinciden especialistas consultados para recuperar la concentración frente al cansancio cotidiano. Las técnicas ayudan a despejar, pero no borran la causa del malestar: si la sobrecarga persiste, conviene pedir acompañamiento.

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Ludmila FerreyraSociedad · 19 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A veces el cuerpo pide un freno y la cabeza, en cambio, sigue corriendo como si nada. La jornada se vuelve un loop de pendientes, las notificaciones no paran y leer el mismo mail tres veces sin entenderlo ya no llama la atención de nadie. En esos ratos en los que sostener la atención se parece a una proeza, meter una pausa corta puede cambiar la película del día. No hace falta irse a un spa ni meditar en una montaña: alcanza con cinco, diez o quince minutos bien usados para volver a la silla con algo más de aire.

Pausa no es premio consuelo: es una herramienta con letra chica

La idea es simple y a la vez contraintuitiva para quien vive con la sensación de que parar es perder tiempo. Apartarse del celular, quedarse en silencio o cambiar de ambiente durante unos minutos funciona como un corte en medio de una serie larga. No existe una duración universal ni una receta única: la elección depende del rato con que se cuente y del gusto de cada uno. Lo que sí comparten los especialistas es que ese corte no resuelve la raíz del agotamiento, apenas lo hace más llevadero.

Para quienes quedan enredados en pensamientos repetitivos, mirar hacia afuera puede ser un buen recurso. La técnica 5-4-3-2-1 propone detenerse en cinco cosas que se ven, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del entorno, dos aromas y un sabor, en ese orden. Antes de arrancar, una respiración lenta, sin forzar el aire, ayuda a empezar. La psicóloga clínica Sari Chait explicó que concentrarse en esos estímulos da algo de distancia respecto de las preocupaciones, aunque no las elimina de un plumazo.

Caminar, moverse o llamar a alguien: distintas puertas hacia el mismo respiro

  • Salir a caminar: una investigación evaluó a personas que pasearon 15 minutos por un parque a la hora del almuerzo, durante diez días seguidos, y reportó menos fatiga y mayor concentración por la tarde.
  • Ejercicios de relajación breves: en ese mismo estudio, quienes los practicaron mostraron mejoras frente a sus pausas habituales, aunque los resultados no se garantizan para todos.
  • Moverse en casa o en la oficina: estirar las piernas, hacer movimientos de movilidad o bailar una canción suman actividad física y corte mental al mismo tiempo.
  • Hablar con alguien de confianza: una llamada o un intercambio informal interrumpen la atención puesta en el malestar y suman conversación, algo que muchas veces falta en la jornada.
  • Cerrar los ojos: la neurocientífica Heidi Hanna señaló que mantenerlos cerrados entre 10 y 15 minutos puede favorecer la recuperación, siempre ajustando el intervalo a lo que cada uno necesite y sin reemplazar el sueño adecuado.

Cuando la pausa no alcanza: la importancia de pedir acompañamiento

Estas prácticas tienen alcances distintos y, vale insistir, no resuelven las causas del malestar. Si el estrés se queda, crece o empieza a pasar factura en el sueño, en el trabajo o en los vínculos, conviene dar un paso más. La terapeuta Tyana Tavakol recomendó considerar una consulta profesional cuando los intentos personales no logran torcer la situación. Pedir ayuda no es un fracaso ni un lujo: muchas veces es la manera de entender qué hay detrás del agotamiento y, sobre todo, de empezar a atenderlo en serio.

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Ludmila FerreyraSociedad

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