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Cuando la salida rápida se vuelve un laberinto: el crédito digital que atrapa a las familias argentinas

Las billeteras virtuales ofrecen plata al instante para pagar el alquiler o la luz, pero las tasas que aparecen en pantalla no siempre son las que terminan cobrando. Con la morosidad en niveles históricos y los ingresos aplastados por la inflación, cada vez más gente queda enganchada en deudas que crecen solas. Qué dicen los organismos de defensa del consumidor y qué opciones existen para zafar.

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Ludmila FerreyraSociedad · 31 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura

Hay una escena que se repite en miles de hogares del país y que pocas veces termina bien: alguien revisa el teléfono, ve un número verde en la pantalla de la billetera virtual, acepta el crédito que le ofrecen con dos toques y, sin haber terminado de leer las letras chiquitas, ya está endeudado. Lo que parecía una solución para llegar a fin de mes termina transformándose en un problema que se estira mes tras mes, con intereses que comen el bolsillo y llamadas de cobranza que no dan respiro. Detrás de esa mecánica hay funcionarios, abogados y especialistas en consumo que vienen alertando sobre un fenómeno que no para de crecer y que pone en jaque la economía doméstica de familias de clase media, trabajadores informales y jubilados.

Lo que se ve y lo que se cobra

El primer clic suele ser el más peligroso. Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, conoce de memoria el recorrido: la plataforma muestra una tasa atractiva, el usuario acepta porque necesita la plata, y cuando llega el resumen descubre que los cargos son otros. "Casi usureras para los ciudadanos", las definió el funcionario, en referencia a las tasas que aplican las fintech que otorgan créditos al instante desde una aplicación del celular. La letra chica, aclaró, no siempre está escrita de manera clara, y eso vulnera un derecho básico del consumidor: saber de antemano cuánto va a pagar por el dinero que recibe.

El mecanismo, según detallaron desde el organismo, se repite con variaciones pero siempre con la misma lógica. Ofrecen una tasa nominal, después agregan comisiones por gestión, por otorgamiento o por mantenimiento del crédito, y cuando el usuario quiere regularizar lo adeudado, la deuda original ya es otra. Para entonces ya recibió llamados insistentes, mensajes amenazantes y propuestas de refinanciación que suelen profundizar el agujero en lugar de cerrarlo.

Salarios atrasados y créditos que se multiplican

Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén, describió el contexto económico que empuja a la gente hacia esas plataformas digitales. Los salarios, las jubilaciones y los ingresos de trabajadores independientes y pequeños comerciantes, explicó, perdieron la carrera contra la inflación en los últimos años. Ante la imposibilidad de llegar a fin de mes, muchas familias recurren al crédito digital para gastos básicos como el alquiler, la luz o la comida. "Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro", resumió el funcionario neuquino, de 51 años, en diálogo con este portal. El índice de morosidad en Argentina, según datos que circulan en el sector financiero, se ubica cerca del veinte por ciento, casi cinco veces el promedio de los países vecinos de la región, que registran entre el cuatro y el cinco por ciento.

Una puerta de salida con tasa fija

Para quien ya está atrapado en el circuito, hay una alternativa concreta que llega desde el Estado. El Régimen Especial de Refinanciación de Deuda ofrece préstamos de hasta cincuenta millones de pesos con una tasa fija anual del treinta y cinco por ciento. Tomasini lo describió como "una tasa muy accesible, diría blandísima", pensada para que las familias puedan salir del ciclo de deuda a costo financiero razonable y sin que los intereses sigan acumulándose encima del capital. Es, en la práctica, una herramienta de salvataje que permite reemplazar varias deudas chicas y caras por una sola deuda más grande pero con un costo total previsible.

Cuando el reclamo es por hostigamiento

Desde la Dirección de Protección al Consumidor también se reciben denuncias por el comportamiento de las empresas de cobranza. Si una compañía contacta de forma repetida, amenaza o propone condiciones que el deudor entiende como abusivas, esa conducta "no está permitida" y quien la sufre puede iniciar un reclamo formal. Tomasini sugirió guardar todas las pruebas posibles: capturas de pantalla de los mensajes, registros de los llamados con fecha y hora, y cualquier documento que muestre la presión recibida. Con ese material, el organismo puede labrar un acta y sancionar a la empresa si corresponde.

Derechos que muchos no conocen

La lista de derechos básicos del consumidor financiero en Argentina incluye, entre otros:

  • Recibir información clara, veraz y detallada sobre el costo total del crédito antes de firmarlo.
  • Conocer la tasa de interés efectiva, los cargos extra y el monto final que se va a pagar.
  • No sufrir hostigamiento, amenazas ni llamados fuera de horario por parte de las empresas de cobranza.
  • Presentar reclamos formales ante los organismos de defensa del consumidor sin necesidad de un abogado.
  • Acceder a regímenes de refinanciación con tasas reguladas cuando la deuda se vuelve impagable.
  • Pedir la baja definitiva de la base de datos de deudores una vez regularizada la situación.

Mientras el crédito digital siga creciendo y los ingresos de los argentinos sigan perdiendo contra la inflación, la combinación seguirá atrapando a miles de familias. La recomendación que repiten los organismos oficiales es tan simple como difícil de cumplir: antes de aceptar cualquier oferta en una billetera virtual, hay que leer todo, comparar tasas y pensar si la deuda que se toma hoy se va a poder pagar mañana. Para Graciela Romero, vecina de Lanús de 58 años que pasó cuatro meses peleándose con una fintech por una deuda inicial de noventa mil pesos que terminó duplicándose, la lección llegó tarde pero quedó grabada: mañana, dice, va a sentarse con su hija a revisar cada notificación del teléfono antes de tocar el botón verde. Aunque cueste, asegura, ya no quiere volver a confiar en lo que brilla en una pantalla.

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Ludmila FerreyraSociedad

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