Cuando un mensaje corto se vuelve una pelea: lo que las especialistas dicen sobre confiar en lo que no vemos
La neuropsicóloga Karina Carreño y la psicóloga Marina Mammoliti advierten que la costumbre de llenar los silencios con suposiciones erosiona la pareja. Proponen volver a los hechos, nombrar la emoción y preguntar antes de inventar una intención.

Hay una escena que se repite más de lo que uno quisiera admitir: el teléfono suena, la pareja responde con dos palabras y, antes de que pase el tiempo suficiente como para tomar un café, ya construimos una historia entera. Esa película interna, advierten las especialistas, suele decir más de uno mismo que del otro, y es una de las formas más comunes en las que la confianza se va gastando de a poco.
Qué pasó y qué inventamos: la primera distinción
Antes de mandar aquel mensaje largo, cargado de sospecha, conviene hacer un ejercicio que parece simple pero que casi nunca se hace. La neuropsicóloga Karina Carreño, de la Ciudad de Buenos Aires, lo plantea así: hay una cosa que efectivamente ocurrió — una respuesta breve, una demora — y hay otra cosa que nosotros le agregamos — "está enojada", "ya no le intereso" —. Esa segunda capa es la que convierte un dato en problema. "Cuando falta información sobre lo que la otra persona siente o piensa, el cerebro intenta anticiparlo y completa el vacío con experiencias anteriores, con miedos, con inseguridades", describe Carreño, que en sus más de veinte años de trabajo clínico atendió a decenas de parejas atrapadas en ese circuito.
“Una demora termina asociada con una pérdida de interés, aunque no haya elementos que permitan sostener esa conclusión.”Karina Carreño, neuropsicóloga
La psicóloga Marina Mammoliti, también de la Ciudad de Buenos Aires y dedicada hace quince años a los vínculos de pareja, coincide desde otro ángulo. Para ella, la pregunta inicial no debería ser qué quiso decir el otro, sino qué me pasa a mí frente a ese silencio. "Si yo tengo miedo al abandono, una necesidad de estar a solas de la pareja se lee como indiferencia", explica. Y agrega: una historia de infidelidad previa, la baja autoestima o la falta de certezas sobre uno mismo pueden convertir cada mensaje en una prueba que el otro nunca pidió rendir.
Herramientas concretas para salir del bucle
- Reconocer la emoción propia antes de responder: enojo, ansiedad, tristeza, miedo.
- Distinguir entre el hecho (la respuesta breve) y la interpretación (está enojada).
- Preguntar de manera directa, sin acusar, qué sintió la otra persona al escribir.
- Aceptar que no siempre habrá respuesta inmediata ni explicación en el momento.
- Volver a los hechos comprobables antes de instalar una discusión.
Carreño suele resumirlo en una frase que les repite a sus pacientes del consultorio en Caballito: comunicar de frente es la única forma de obtener información que la pantalla, por más que uno la mire de todos los ángulos, no va a dar. Pedir seguridad de manera reiterada, exigir respuestas minuto a minuto o montar discusiones a partir de suposiciones termina por agotar al vínculo y por alejar, justamente, a quien se quería retener. Mammoliti lo ve todos los jueves en la terapia de pareja que coordina en Belgrano: la confianza se quiebra no por lo que el otro hizo, sino por lo que uno terminó imaginando que hizo.
Queda, entonces, una tarea para mañana. Como dice Karina, la próxima vez que aparezca la punzada de duda, mejor escribir primero en una hoja lo que efectivamente ocurrió y, en otra, lo que uno le está agregando. Si lo segundo ocupa varias líneas, ahí está la señal de que conviene frenar, respirar y preguntar antes de inventar. Marina, por su parte, suele proponerles a las parejas un ejercicio sencillo: terminar el día con una pregunta concreta al otro, del estilo cómo te sentiste hoy con lo que te mandé, y escuchar la respuesta sin reinterpretarla. Pequeños hábitos que, repetidos, suelen devolver a la conversación el lugar que el miedo le había sacado.
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