Cuatro al tacho: el sábado en Shanghai fue una carnicería para los argentinos
Etcheverry, Tirante, Ugo Carabelli y Juan Manuel Cerúndolo se despidieron en segunda ronda. Solo Fran Cerúndolo sigue vivo y Báez tiene su partido pendiente.

Otra vez sopa. Cada vez que un argentino se planta en un cuadro de Masters 1000, uno se ilusiona, y cada vez el torneo se encarga de bajarte a la tierra de un cachetazo. Esta vez fue el turno del sábado en Shanghai, y la jornada dejó más cadáveres que glorias.
Los que dijeron adiós
- Martín Etcheverry (31° del mundo) perdió con el checo Dalibor Svrcina (126°) por 6-3, 3-6 y 7-5. Repelió el primer set, peleó hasta el final, pero el europeo, que entró desde la qualy, lo aguantó con los dientes apretados en el set decisivo.
- Thiago Tirante (54°) se topó con el español Rafael Jódar (13°) y cayó por 4-6, 6-2 y 6-3. El platense arrancó arriba con un quiebre temprano y el saque firme, pero el español se acomodó, le emparejó el partido y lo liquidó en un tercer set de 51 minutos.
- Camilo Ugo Carabelli (77°) dejó la mejor imagen: le ganó el primer set a Felix Auger-Aliassime (6°), peleó el segundo hasta el tie-break y terminó cayendo por 7-6 (1) y 7-5. Para Ugo, una despedida a la altura frente a un top diez.
- Juan Manuel Cerúndolo (55°) no tuvo chances contra Carlos Alcaraz (3°), reciente campeón del ATP 500 de Tokio. Perdió 6-3 y 6-3 sin poder meterle mano al murciano.
Si hay algo que rescatar del sábado, es que los cuatro dieron pelea. A ninguno lo borraron de la cancha. Pero en este nivel, competir no alcanza: hay que ganar sets, hay que ganar partidos, y los nuestros se volvieron a casa con la valija cargada de buenas intenciones y nada más.
Los que todavía sueñan
Francisco Cerúndolo (20°) es la excepción que confirma la regla. Sacó adelante su partido ante Roman Safiullin por 7-6 (7-5) y 6-3 y ya está en tercera ronda, donde lo espera el checo Jakub Mensik (15°). Partido bravo, pero no imposible. Y después está Sebastián Báez (53°), que todavía tiene su compromiso de segunda ronda pendiente contra el monegasco Valentin Vacherot (17°). Si Báez gana, Argentina se queda con dos representantes en la siguiente instancia; si pierde, el balance del sábado habrá sido el certificado de defunción de la semana.
Así están las cosas. China no nos da tregua y Shanghai empieza a parecerse más a una estación de paso que a una oportunidad. Habrá que ver si el lunes Fran y, eventualmente, Báez le dan una alegría al tenis argentino o si la que viene, en el Masters 1000 de París, nos encuentra con más respuestas y menos despedidas tempranas. La próxima parada: el 27 de octubre, en Bercy. Ojalá para entonces el balance cambie de signo.
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