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Cuidar el cerebro desde la cocina, el barrio y el consultorio: qué dejó el ensayo que reunió a más de mil adultos mayores en once países

Especialistas presentaron en Buenos Aires los resultados de LatAm-FINGERS, un estudio que durante dos años midió el impacto de una estrategia combinada de alimentación, movimiento, estímulo cognitivo, vínculos sociales y control cardiovascular. La mejora en las pruebas de memoria y razonamiento abre preguntas sobre cómo sostener estos hábitos en la vida cotidiana.

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Ludmila FerreyraSociedad · 16 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Hay una imagen que se repite en la consulta y que a esta cronista le gusta tener presente: la de un consultorio donde la pregunta ya no es solo qué le duele al paciente, sino cómo duerme, con quién habla, qué camina y qué come. Esa mirada ampliada del cuidado del cerebro fue el eje del encuentro internacional que se realizó en Buenos Aires, donde neuropsicólogos, neurólogos e investigadores de la región pusieron sobre la mesa los resultados de LatAm-FINGERS, el primer ensayo clínico aleatorizado en América Latina diseñado para evaluar si una intervención multimodal puede proteger la cognición de adultos mayores con riesgo de deterioro.

El estudio, que siguió durante dos años a 1.065 personas de entre 60 y 77 años distribuidas en once países, partió de una hipótesis tan sencilla como exigente: que la combinación de alimentación saludable, actividad física, entrenamiento cognitivo, vida social activa y control de los factores de riesgo cardiovascular puede traducirse en mejoras medibles en la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Y que esa combinación, además, puede adaptarse a contextos tan distintos como los barrios de Buenos Aires, las comunidades andinas o las ciudades del Cono Sur.

Cinco pilares para una misma estrategia

  • Alimentación: predominio de vegetales, frutas, granos enteros, legumbres, pescado y grasas saludables, con reducción de ultraprocesados y exceso de sodio.
  • Actividad física: caminatas, ejercicios de fuerza y equilibrio, con metas ajustadas a la edad y a las posibilidades de cada participante.
  • Estimulación cognitiva: actividades que desafíen la memoria, el lenguaje y la planificación, desde lectura hasta ejercicios específicos.
  • Vínculos sociales: participación en grupos, actividades comunitarias y fortalecimiento de la red afectiva.
  • Control cardiovascular: medición y seguimiento de presión arterial, glucosa, colesterol y cesación tabáquica.

Los participantes fueron asignados a dos modalidades de acompañamiento. Una, más estructurada, incluyó encuentros presenciales frecuentes con equipos de salud, talleres de cocina, sesiones de ejercicio supervisadas y sesiones de entrenamiento cognitivo. La otra ofreció recomendaciones y materiales para que cada persona incorporara los cambios con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva sobre los factores de riesgo vascular.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales. Adaptamos las propuestas alimentarias y la organización de las actividades a los recursos y las costumbres de cada comunidad, porque de lo contrario el programa no se sostiene.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS

Los resultados mostraron una mejora en la cognición global entre quienes formaron parte del grupo con intervención más estructurada, una señal alentadora en un campo donde la evidencia sobre prevención es todavía reciente. El estudio también interrogó la viabilidad de sostener el programa en el tiempo: el 80% de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta y el 84,9% completó la evaluación final, cifras que los investigadores consideraron sólidas para un ensayo de esta escala y de esta duración.

Lo que el estudio no promete (y por qué importa decirlo)

Los autores fueron enfáticos en un punto que esta cronista cree necesario repetir: adoptar hábitos saludables reduce riesgos y mejora el funcionamiento cognitivo, pero no garantiza que una persona no desarrolle demencia. La genética, el entorno y factores todavía no del todo conocidos también pesan. Por eso, la lectura que hacen los especialistas es cauta: se trata de sumar herramientas probadas a la vida cotidiana, no de reemplazar la consulta médica ni de vender soluciones mágicas.

El próximo paso, según adelantaron en el encuentro, es analizar qué componentes de la intervención tuvieron mayor impacto y de qué manera los resultados pueden traducirse en políticas públicas. Porque, como se escuchó en varias mesas, la pregunta ya no es si estos hábitos sirven, sino cómo hacer que lleguen a quienes más los necesitan sin que el bolsillo ni la distancia geográfica sean un obstáculo.

Esta cronista se retira de la redacción con una idea dando vueltas: que la próxima vez que un médico le pregunte a un paciente cómo va la presión, la glucosa y el colesterol, tal vez convenga agregar también cómo le fue con la última caminata, con el libro que estaba leyendo o con la charla con el vecino del edificio. La memoria, parece, se cuida en plural.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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