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Dormir como reloj: claves para empezar a madrugar sin pelearse con la noche

Mayo Clinic y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que la constancia horaria, la luz natural y un ambiente tranquilo son los pilares para reorganizar el descanso cuando se busca arrancar el día más temprano. Una transición gradual y sin golpes de timón es la estrategia más recomendada.

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Ludmila FerreyraSociedad · 20 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Levantarse más temprano no se resuelve solo con mover la alarma unos minutos antes. La decisión, en realidad, empieza la noche anterior, cuando uno elige a qué hora va a acostarse para preservar las horas de descanso que el cuerpo necesita. La idea central que repiten los especialistas es bastante lógica: si querés modificar la mañana, primero hay que aceitar la noche.

Antes de que suene el despertador, vale la pena dejar casi todo resuelto: la ropa lista, el desayuno pensado y las tareas del día ordenadas, de modo que al abrir los ojos la cabeza no tenga que tomar decisiones importantes. Reservar un rato para algo simple, como leer o caminar, también le da al cuerpo un motivo concreto para dejarse ganar por el nuevo horario.

La constancia, ese bien tan subestimado

Una vez definido un horario de despertar que resulte posible de sostener, el paso siguiente es calcular a qué hora hay que irse a la cama. La mayoría de las personas adultas necesita entre siete y ocho horas de sueño, aunque cada cuerpo tiene sus propios números. Lo importante es respetarlos, sobre todo cuando se está en pleno proceso de adaptación.

Mayo Clinic lo explica con una frase que sirve de manual: la constancia al acostarse y al levantarse ayuda a regular los períodos de sueño y de vigilia. Y un detalle clave, que muchos solemos olvidar, es que esa regularidad tiene que mantenerse también los fines de semana. Si el sábado nos dormimos a las cuatro de la mañana, el lunes el reloj interno se desorienta por completo.

La luz como aliada (y la oscuridad como cómplice)

  • Abrir las cortinas apenas suena la alarma y buscar luz natural durante la primera hora del día.
  • Reducir la iluminación brillante de pantallas y lámparas potentes a partir del atardecer.
  • Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a una temperatura agradable para dormir.
  • Evitar el uso de dispositivos electrónicos en la cama, justo antes de cerrar los ojos.
  • Hacer actividad física durante el día, sin necesidad de sumar un esfuerzo extra apenas uno se levanta.

La luz, dicen los estudios sobre ritmos circadianos, funciona como una señal directa para el reloj biológico: la exposición matinal tiende a adelantarlo, mientras que la luz del atardecer y de la noche puede retrasarlo. Por eso, cuando se busca madrugar, inundar la casa de sol a primera hora es una de las herramientas más baratas y efectivas que existen.

Siestas, café y demás trampas de la transición

Durante las primeras semanas es probable que aparezca algo de somnolencia en las horas previas al nuevo horario. Ahí es donde conviene tener cuidado con las siestas: si son largas o demasiado cercanas a la hora de dormir a la noche, terminan arruinando el esfuerzo. También Mayo Clinic advierte sobre las comidas abundantes, la cafeína, la nicotina y el alcohol cerca del momento de acostarse, porque conspiran contra un sueño profundo.

“La constancia al acostarse y levantarse ayuda a regular los períodos de sueño y de vigilia, y debe mantenerse también los días libres para evitar grandes diferencias con la semana.”Mayo Clinic

Si, aun sosteniendo hábitos regulares, los problemas para dormir no ceden, los despertares se vuelven frecuentes o la somnolencia diurna se hace intensa, el paso siguiente no es automedicarse ni googlear remedios caseros: conviene consultar a un profesional. Cambiar la rutina es posible y, en muchos casos, saludable, pero no reemplaza la mirada de alguien que pueda acompañar el proceso si algo no sale como uno espera.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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