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El arco triunfal más alto del planeta se alza en el corazón de Ciudad de México y aguarda al turista con mirador y museo

Una mole de 67 metros en la Plaza de la República combina mirador panorámico, museo histórico y mausoleo de figuras de la Revolución Mexicana; lo que iba a ser un palacio legislativo del porfiriato terminó convertido en el símbolo urbano más visitado del centro capitalino.

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Osvaldo GiménezInternacionales · · 3 min de lectura
El arco triunfal más alto del planeta se alza en el corazón de Ciudad de México y aguarda al turista con mirador y museo

En el centro de Ciudad de México, sobre la Plaza de la República y a escasos metros del emblemático Paseo de la Reforma, se levanta desde hace casi un siglo una estructura metálica de 67 metros de altura que las guías de arquitectura contemporánea reconocen como el arco triunfal más alto del mundo. Se trata del Monumento a la Revolución, un conjunto monumental que combina funciones de mirador turístico, museo histórico y mausoleo de figuras centrales de la Revolución Mexicana, y cuya sola silueta basta para alterar la perspectiva habitual del visitante europeo o latinoamericano habituado a los arcos europeos de menor porte.

Sin embargo, el aspecto actual del monumento dista de ser el proyecto original. Tal como recuerda el material de base difundido por el portal de turismo Visit México, el esqueleto del edificio corresponde al Palacio Legislativo Federal que el gobierno de Porfirio Díaz proyectó a comienzos del siglo XX. La primera piedra fue colocada en septiembre de 1910, en el marco de los fastos por el centenario de la Independencia, pero las obras quedaron inconclusas en 1912, una vez que el estallido revolucionario de 1910 obligó a desviar los fondos hacia el conflicto armado. La estructura metálica permaneció abandonada durante casi dos décadas, a la espera de un destino que no fue el de sede parlamentaria.

La reconversión art déco y los relieves de Oliverio Martínez

Entre los años 1933 y 1938, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia asumió el desafío de transformar aquella mole inconclusa en un monumento conmemorativo. El plan contempló conservar la gran cúpula central y los cuatro pilares originales, a los que se sumó una marcada estética art déco visible en las cornisas, los fustes y los elementos verticales. Cada uno de los cuatro pilares fue rematado con un grupo escultórico realizado por Oliverio Martínez, que aluden, según la crónica del propio portal turístico, a cuatro hitos del proceso histórico mexicano: la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.

  • Museo Nacional de la Revolución, en planta baja, inaugurado en 1986: ocho salas permanentes y una sala temporal que recorren el período 1857-1920 con documentos, fotografías, banderas e insignias de la etapa revolucionaria.
  • Recorrido subterráneo por la cimentación original del antiguo palacio legislativo, donde el visitante puede observar los cimientos que sostuvieron el proyecto frustrado del porfiriato.
  • Elevador panorámico hasta el mirador, situado a 65,7 metros de altura, con vista de 360 grados sobre Ciudad de México.
  • Mausoleo con los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco "Pancho" Villa y Lázaro Cárdenas, ex presidentes y líderes del proceso revolucionario.

Cómo llegar y qué ofrece la visita

El monumento se emplaza en la Plaza de la República sin número, dentro de la alcaldía Cuauhtémoc, y cuenta con acceso directo desde la estación Revolución del Sistema de Transporte Colectivo Metro, una de las paradas de la Línea 2. La proximidad con el Paseo de la Reforma permite combinar la visita con el recorrido por la columnaria que conecta el centro histórico con el parque de Chapultepec, lo que transforma al Monumento a la Revolución en una pieza habitual de las rutas urbanas de la capital mexicana.

Qué significa para la Argentina: para un lector argentino de entre 40 y 60 años, habituado a los arcos triunfales de plazas europeas y a la tradición monumental de Buenos Aires, el Monumento a la Revolución ofrece un contrapunto interesante: se trata de una arquitectura del porfiriato que sólo cobró sentido pleno cuando fue reconvertida en símbolo de la etapa que derrocó a ese mismo régimen. En un momento en que la Ciudad de México se posiciona como destino regional de bajo costo y conectividad directa desde Aeroparque, el recinto aparece como una alternativa cultural que combina historia latinoamericana compartida, mirador urbano y memoria de procesos políticos que, de un modo u otro, también atravesaron a la Argentina del siglo XX.

OG
Osvaldo GiménezInternacionales

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