El deterioro salarial golpea a asalariados formales y jubilados mínimos en la primera mitad del año
Un informe privado elaborado con registros del SIPA muestra que los ingresos del trabajo registrado perdieron 3,4% real entre diciembre y junio; las mínimas previsionales retrocedieron 1,37%, mientras el consumo privado y el empleo formal acumulan señales adversas.

El poder adquisitivo de los trabajadores formales, tanto del sector privado como del público, registró una caída real de 3,4% entre diciembre de 2025 y junio de 2026, de acuerdo con los registros administrativos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que releva la evolución de los ingresos del trabajo registrado. La magnitud del retroceso indica que, durante la primera mitad del año, los sueldos quedaron claramente por debajo del avance que mostraron los precios al consumidor, en un contexto en el que la inflación siguió erosionando el salario de bolsillo.
La comparación contra el mismo semestre del año anterior profundiza el diagnóstico. El salario medio del primer semestre de 2026 se ubicó 1% por debajo del registrado tanto en la primera como en la segunda mitad de 2025, lo que confirma que la pérdida no se concentró en un tramo puntual, sino que atraviesa al menos tres períodos consecutivos de deterioro del ingreso real. Traducido: el trabajador formal promedio cobró en junio lo mismo o menos que un año antes, pese a la recomposición nominal que pudieran haber mostrado los acuerdos paritarios y los incrementos de la administración pública.
Jubilaciones: la mínima perdió y el resto ganó
Dentro del universo previsional, el comportamiento fue heterogéneo. Los haberes mínimos recibieron un incremento semestral de 15,2%, pero la falta de actualización del bono compensatorio impidió que esa suba se trasladara plenamente a los ingresos de bolsillo. En términos reales, los jubilados que perciben la mínima perdieron 1,37% de poder de compra en los seis meses comprendidos entre diciembre de 2025 y junio de 2026, un golpe significativo para el segmento de la población con ingresos más bajos y mayor dependencia del consumo de subsistencia.
La foto fue distinta para el resto de los beneficiarios del sistema previsional: las jubilaciones que no perciben el haber mínimo tuvieron una mejora real de 1,28% durante el mismo período, impulsadas por la aplicación de la fórmula de movilidad y por la dinámica de los salarios sobre los que se calculan los haberes. La diferencia entre ambos grupos refleja el efecto limitado del bono, que protege el ingreso de bolsillo pero sin ajustar por inflación, y plantea el dilema de fondo sobre la equidad del esquema previsional argentino.
Consumo, actividad y empleo: el cuadro se completa con más desocupación y más informalidad
- El consumo privado retrocedió en el segundo trimestre de 2026, en línea con la contracción de 0,6% de la actividad económica frente al trimestre anterior en la medición desestacionalizada.
- La tasa de desocupación llegó a 7,9% en el segundo trimestre, frente a 7,6% de un año atrás, producto de un mayor número de personas que salieron a buscar empleo y no lo encontraron.
- El empleo formal acumuló trece meses consecutivos de caída, mientras ganaron participación el trabajo por cuenta propia y la informalidad.
- Los haberes jubilatorios mínimos perdieron 1,37% real, mientras el resto de las jubilaciones ganó 1,28% en igual período.
- El salario medio formal se ubicó 1% por debajo del registrado tanto en el primer como en el segundo semestre de 2025.
El cuadro que dibujan las cifras del SIPA muestra a un mercado laboral con mayor rotación hacia modalidades de menor protección social, en el que la pérdida del salario formal se suma a un consumo que también se contrae y a una economía que mostró su primer retroceso trimestral del año. Para los asalariados registrados y los jubilados de la mínima, el primer semestre de 2026 cerró con menos capacidad de compra que a fines de 2025, en un escenario que volvió a poner en discusión la efectividad de los mecanismos de actualización nominal frente a un proceso inflacionario que, aunque en desaceleración, sigue ubicándose por arriba de la recomposición de ingresos.
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