El Emmy que llegó tarde: Rob Reiner se llevó el aplauso más largo de la noche desde el más allá de la pantalla
La Academia de Televisión le entregó un reconocimiento póstumo a un actor que se fue en diciembre pasado y que, paradójicamente, terminó consagrado por el papel más atípico de su carrera reciente.

Le confieso algo antes de meternos en tema: cuando arrancan los Creative Arts Emmys uno espera, alfombras rojas menores y algún que otro bostezo televisivo. Pero esta vez, apenas se leyó el nombre del ganador en la categoría de mejor actor invitado en comedia, lo que se escuchó en el Peacock Theater de Los Ángeles no fue un aplauso cortés: fue una ovación extendida, de esas que empiezan en un sector y van creciendo hasta tapar cualquier intento de música de trasmisión. Y no era para menos: el ganador ya no estaba sentado en ninguna butaca.
Porque lo que ocurrió en la segunda noche de los Creative Arts Emmys fue algo que no pasaba en esta categoría desde 1995, cuando otro actor, Raúl Juliá, se llevó un reconocimiento póstumo. Ahora le tocó a Rob Reiner, fallecido el 14 de diciembre de 2025 en su domicilio de Los Ángeles junto a su esposa Michele Singer Reiner, a los 78 años. El premio llegó por su interpretación en la cuarta temporada de The Bear, la serie de FX que, además, fue confirmada como la última entrega de la historia.
El personaje menos pensado para un gigante de Hollywood
A mí, cuando supe que Reiner estaba en The Bear, me pasó lo de siempre con las series: fui a buscarlo capítulo a fondo, con esa mezcla de curiosidad y cariño que uno le tiene a los directores que marcaron una época. Lo encontré en el papel de Albert Schnurr, un consultor empresarial cuyas conversaciones con el personaje de Ebraheim (Edwin Lee Gibson) funcionan como una clase de management disfrazada de escena. Schnurr no grita, no llora, no arma monólogos: simplemente aparece con carpeta en mano y va orientando, con una calma un poco abrumadora, todo lo relacionado con la franquicia y el crecimiento del restaurante que vertebra la serie.
Es, sinceramente, el tipo de personaje que uno no imagina para un hombre que firmó Cuando Harry encontró a Sally y La princesa prometida detrás de cámara. Pero Reiner siempre tuvo ese olfato para aparecer en lugares insólitos y dejar huella chica pero indeleble. En esta cuarta temporada, su Schnurr cumple una función casi de consejero mayor: el que mira los números mientras los cocineros miran la chapa.
- La categoría de mejor actor invitado en comedia incluía a Michael J. Fox y Brett Goldstein por En terapia, Hamish Linklater por Widow's Bay, Christopher McDonald por Hacks y Connor Storrie por Saturday Night Live.
- Se trata del primer Emmy póstumo por actuación en pantalla desde el que recibió Raúl Juliá en 1995.
- Reiner ya había ganado un Emmy como intérprete por All in the Family, donde encarnó durante años a Michael Meathead Stivic.
- En 2024 había vuelto a ser nominado, esta vez como director y productor de un documental.
- Su muerte, el 14 de diciembre de 2025, ocurrió en su domicilio de Los Ángeles, junto a su esposa Michele Singer Reiner, y tenía 78 años.
Hay una cosa que me quedó dando vueltas después de digerir la noticia, y se la comparto porque creo que vale la pena pensarla juntos. Un actor que fue nominado y ganó Emmys en los años setenta, que dirigió películas que varios de nosotros vimos decenas de veces, que construyó una carrera enorme como director y productor, termina recibiendo su último gran reconocimiento de la industria por un papel de cuatro o cinco escenas en una serie de cocina. Y lo mejor es que no hay nada de injusto ni de raro en eso: al contrario, dice mucho de cómo Reiner entendía el oficio. Se nota que no necesitaba pantalla grande para imponer presencia; le bastaba una reunión de directorio, una frase dicha entre dos cafés y ese tono de hombre que ya vio fracasar suficientes restaurantes como para no dejarse engañar por ningún menú.
Por eso, más allá de la cifra histórica del premio póstumo, lo que a mí me interesa marcar es lo que dejó en la pantalla. The Bear cierra su recorrido con una cuarta temporada que ya no va a poder contar con él, y Schnurr se queda como uno de esos personajes laterales que uno termina recordando más que a varios protagonistas. Es lo que tiene Reiner: cuando aparece, se nota. Aunque sea tarde, aunque sea en una pantalla chica, aunque sea, como ahora, en el recuerdo de una sala entera poniéndose de pie sin que el destinatario pueda escucharlo.
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