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El museo de adobe que se encuentra sin querer en la Quebrada de Huichaira

En la ruta 9, frente a Tilcara, Lucio Boschi armó un espacio dedicado a la fotografía latinoamericana que durante años funcionó sin un solo cartel en el camino. Hoy tiene colección, biblioteca y un programa gratuito para jóvenes de las provincias.

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Ludmila FerreyraSociedad · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Hay que subir por la ruta 9 hasta Tilcara, atravesar parte de la Quebrada y desviarse unos kilómetros por un camino de cornisa que no siempre figura actualizado en los teléfonos. Ahí, a 2.700 metros de altura, escondido entre los cerros de Huichaira, aparece una construcción de barro que no parece un museo. No hay cartel en la ruta, no hay cuenta oficial que avise, no hay folleto en la oficina de turismo. Y sin embargo, hace más de una década que ahí adentro se guarda parte de la memoria fotográfica de Argentina y de toda Latinoamérica.

El lugar se llama Museo Entre los Cerros, conocido por las siglas MEC, y funciona casi de forma clandestina para quien pase de largo. Lo cuenta su fundador, el fotógrafo Lucio Boschi, 60 años, nacido en la provincia de Buenos Aires y radicado hace años en el norte jujeño: eligió a propósito no poner señalización. Está convencido de que el visitante tiene que descubrirlo por su cuenta, como si fuera un secreto que se transmite de boca en boca.

Un adobe pensado para que entre la luz

Antes de que existiera el museo, hubo una casa. Boschi llegó a la zona siguiendo el curso del río Huichaira, se topó con una formación natural del paisaje que lo dejó marcado y decidió comprar un terreno. Primero levantó su vivienda de barro. Después, con los años, fue creciendo alrededor el espacio cultural, siempre en adobe, integrado al cerro, pensado para que la luz del norte entre a las salas y el entorno forme parte de la visita.

Esa arquitectura sencilla es la primera sorpresa cuando uno cruza la puerta. No hay ni luces artificiales pensadas para iluminar fotografías: la montaña y el cielo hacen el trabajo. Hay bancos distribuidos en las salas para que la gente se detenga, observe y respire. Es un ritmo lento, casi contemplativo, muy distinto al de los museos tradicionales de las grandes ciudades.

Una colección armada carta por carta

La colección permanente reúne obras donadas por fotógrafos argentinos y latinoamericanos de primer nivel: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Lo notable es cómo se consiguió cada una de esas piezas. Boschi no salió a comprar en galerías ni en ferias internacionales. Escribió cartas, una por una, a colegas y a contactos que había cultivado durante décadas de trabajo fuera del país. La respuesta, según cuenta, fue siempre la misma: que sí.

  • Marcos López
  • Graciela Iturbide
  • Martín Chambi
  • Alessandra Sanguinetti
  • Irina Werning
  • Rodrigo Abd

Al principio, cuando todavía casi nadie sabía que el museo existía, los únicos que cruzaban la puerta eran los chicos de la escuela rural de al lado. Después empezaron a caer guías locales, luego grupos de fotógrafos, y con el paso de los años fueron llegando curadores y directores de museos internacionales de primer nivel, muchos de los cuales terminaron recomendando el espacio en sus circuitos.

Más allá de las salas: formación y comunidad

Hoy el MEC ofrece bastante más que una colección para mirar. Tiene una biblioteca especializada, organiza talleres, concede residencias artísticas y sostiene un programa gratuito de formación orientado a jóvenes fotógrafos de distintas provincias del país. Funciona, además, como punto de encuentro para la comunidad de la Quebrada: un lugar donde pasan cosas, no solo donde se cuelgan cuadros.

Para llegar, la referencia más práctica sigue siendo Tilcara sobre la ruta 9. De ahí hay que meterse por caminos internos que no siempre están bien señalizados en los mapas digitales, así que conviene ir con tiempo, con el tanque lleno y con algo de paciencia. Una vez arriba, la recompensa es ver cómo la fotografía latinoamericana convive con el adobe, el viento y la altura.

Boschi suele recibir a los visitantes personalmente cuando puede. Dice que mañana temprano va a estar otra vez trabajando en la organización de un nuevo envío de fotografías que llegó desde el extranjero, y que por la tarde tiene previsto recorrer la Quebrada para visitar a una familia de artesanos que colabora con el museo desde los primeros años. Mientras tanto, el MEC sigue sin cartel en el camino, esperando que cada visitante lo encuentre como lo encontraron los chicos de la escuela: de pura casualidad.

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Ludmila FerreyraSociedad

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