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El parador de Neuquén que no cierra en primavera: ahora apuesta a la reinserción

A dos meses de su apertura, atendió a 400 personas con un promedio de 100 por noche. El 92 por ciento son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la ciudad. El dispositivo se reconvierte en un refugio por etapas, con foco en el trabajo y la familia.

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Ludmila FerreyraSociedad · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

El parador nocturno para personas en situación de calle de Neuquén llegó al final del invierno con un balance que dejó conformes a sus coordinadores: 400 personas atendidas en apenas dos meses y un promedio de 100 asistentes por noche, con picos que llegaron a 120 en las jornadas más crudas. Pero lo más significativo no es el número, sino lo que viene ahora: con la primavera en puerta, el dispositivo no va a cerrar, como suele ocurrir en este tipo de dispositivos cuando el frío deja de pegar fuerte. En cambio, se reconvierte.

El equipo tomó una decisión que rompe con la lógica estacional y apunta a un problema que no se va con el termómetro: la calle, dicen quienes trabajan ahí, no es solo un asunto de invierno. Por eso diseñaron un nuevo formato que contempla distintos niveles de atención, según el estado de cada persona. El primer nivel, el de bajo umbral, recibe a quien llegue, tal como esté, sin preguntas previas y sin exigir condiciones. A partir de ahí, el refugio ofrece etapas de mediano y alto umbral a medida que el usuario avanza en un camino que tiene un objetivo bien concreto: conseguir un empleo, retomar el vínculo con la familia o, en el mejor de los casos, acceder a un alquiler propio.

Una radiografía de quienes pasaron por el parador

Los datos que arrojó el cruce con el Registro Nacional de las Personas son elocuentes y sirven para entender a quién se está atendiendo. El 92 por ciento de quienes pasaron por el refugio son varones. El 81 por ciento tiene domicilio registrado en la ciudad de Neuquén, lo que desmiente de raíz la idea de que se trata solo de personas de paso o de otras provincias. Son vecinos, en muchos casos, que perdieron la red y terminaron durmiendo a la intemperie.

“El criterio de bajo umbral es lo que nos diferencia: recibimos a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, esté como esté, consuma o no consuma. La puerta no se le cierra a nadie.”Marcelo, coordinador del parador, 48 años, Neuquén capital

Cómo funciona el dispositivo día a día

  • El acceso es voluntario: las personas se acercan a la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro de Neuquén, y desde ahí son trasladadas al refugio.
  • El nuevo punto de partida nocturno será un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, donde los usuarios podrán dejar sus pertenencias de forma segura.
  • Los que estén en condiciones podrán movilizarse por sus propios medios hasta el parador; el resto será trasladado en vehículo.
  • Dentro del espacio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para seguir adentro: no se tolera la violencia ni el consumo dentro del refugio.
  • El parador cuenta con atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y odontología, y equipos de psicólogos que trabajan con abordajes individuales.

Con el cambio de formato se vienen algunas novedades que buscan darle más sostén al proceso de cada persona. A los equipos actuales se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y la participación activa del Ministerio de Salud de la provincia. Además, se trabajará de forma coordinada con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad, para evitar que alguien quede a la deriva cuando sale del bajo umbral y todavía no está listo para el siguiente paso.

El diseño de este nuevo esquema no salió de la galera: surgió después de una visita de trabajo de dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires. Coordinadores y voluntarios del parador neuquino fueron a conocer de cerca la experiencia de organizaciones con mayor trayectoria en este tipo de atención, y volvieron con una idea clara: acá también se puede sostener un dispositivo durante todo el año, con seriedad y con método.

El propio equipo reconoce que todavía hay personas que duermen en la calle y no se acercan al parador, pese a tenerlo a pocas cuadras. Esa es, dicen, la cuenta pendiente que el nuevo formato busca empezar a saldar. No alcanza con abrir la puerta: hay que ir a buscar a quien no llega. En eso están.

Mañana, Marcelo tiene previsto recorrer la zona de la catedral y el hospital para terminar de ajustar la logística del traslado al nuevo punto de partida. También piensa en una reunión con el equipo de psicólogos para definir la frecuencia de los nuevos grupos terapéuticos. La idea, dice, es empezar la semana con el nuevo formato ya en marcha, aunque sea de a poco. No hay apuro, pero tampoco pausa: la calle no espera.

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Ludmila FerreyraSociedad

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