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Sábado, 3 de octubre de 2026
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El principito vuelve al cine con un protagonista hecho en computadora y un director noruego en la butaca de mando

Morten Tyldum dirigirá y Simon Beaufoy escribirá el guion de una adaptación que mezcla actores con efectos visuales y toma como base el clásico de Saint-Exupéry y la historieta de Joann Sfar. Todavía no hay fecha de estreno.

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El principito vuelve al cine con un protagonista hecho en computadora y un director noruego en la butaca de mando

A veces las noticias grandes llegan precedidas por un murmullo bajo, como el de una sala todavía acomodando butacas antes de que se apaguen las luces. Algo así me pasó cuando me enteré de que El principito, ese librito que parece chico pero pesa una vida entera, va a tener otra vez su propia película. Y no cualquier película: una con actores de carne y hueso, acción real predominante, y un personaje central que existirá gracias a los efectos visuales. La historia que Antoine de Saint-Exupéry escribió en mil novecientos cuarenta y tres, perdido en una pilota, vuelve a prepararse para la pantalla grande, y esta vez con una dupla con pedigree pesado: el director noruego Morten Tyldum, responsable de The Imitation Game y Passengers, y el guionista Simon Beaufoy, ganador del Óscar por Slumdog Millionaire.

El proyecto está en preproducción, así que todavía no hay fecha de estreno ni casting confirmado, pero las piezas principales ya están sobre la mesa. La película se cocinará a partir de dos fuentes bien concretas: por un lado la novela corta original, por el otro la adaptación al cómic que hizo Joann Sfar, aquel dibujante francés que supo traducir a imágenes el viaje del pequeño rubio de pelo al viento. Sfar, de hecho, no se queda de brazos cruzados: va a participar activamente en el desarrollo del concepto, o sea que la mano que reversionó la historieta también meterá el lápiz en esta nueva versión.

Un guion escrito junto a los herederos de Saint-Exupéry

El desarrollo del guion se hace junto a Le Petit Prince Groupe, la entidad que administra el legado del escritor y aviador francés, lo que ya marca un punto importante: esto no es cualquier adaptación silvestre, sino un trabajo con los custodios oficiales del universo. Beaufoy, que conoce de sobra el arte de contar historias que emocionan en distintos idiomas, destacó algo que a mí, como lectora de cuarenta y tantos, me resuena especialmente: la capacidad del libro de seguir conectando con lectores de todas las edades, esa extraña vigencia que tienen los libros que se vuelven refugio de la infancia y también de la vida adulta.

En su comunicado, Beaufoy vinculó esa permanencia con la infancia y con las verdades que representa el pequeño protagonista, como si el libro no caducara nunca porque cada tanto alguien lo abre y vuelve a reconocerse ahí adentro. Del otro lado, Tyldum fue bastante específico con lo que le interesó del material: dijo que su lectura del libro gira alrededor del amor, las pérdidas y el duelo, pero también mencionó la esperanza, los deseos personales y la aventura como ejes del relato. O sea que no lo piensa como un cuento infantil edulcorado, sino como una historia con peso propio, que se banca el viaje y la melancolía que Saint-Exupéry llevaba consigo cuando piloteaba sobre el desierto.

  • Director: Morten Tyldum, responsable de The Imitation Game y Passengers.
  • Guionista: Simon Beaufoy, ganador del Óscar por Slumdog Millionaire.
  • Protagonista: realizado mediante efectos visuales, no será un actor con traje ni un dibujo animado clásico.
  • Estilo: acción real predominante, con combinación de técnicas.
  • Material de base: la novela corta de Saint-Exupéry y la historieta de Joann Sfar.
  • Sfar participa en el desarrollo del concepto.
  • Guion supervisado por Le Petit Prince Groupe, administradora del legado del autor.
  • Estado: en preproducción, sin fecha de estreno confirmada.
  • Antecedentes en pantalla: la película con actores de Stanley Donen de mil novecientos setenta y cuatro y la versión animada de Mark Osborne de dos mil quince.

Un clásico que no se cansa de mutar

Lo bueno de este anuncio es que El principito no llega en frío a la pantalla: ya tiene antecedentes importantes que le abrieron camino. La versión con actores que dirigió Stanley Donen en mil novecientos setenta y cuatro fue durante décadas la referencia ineludible para los cinéfilos, con Gene Wilder como la Serpiente y un staff de lujos que todavía hoy se recuerda con cariño. Después, en dos mil quince, Mark Osborne se animó con una propuesta animada que mezclaba formatos y se ganó el aplauso del público y de la crítica por su sensibilidad para traducir el libro a otro lenguaje sin traicionar su poesía. Esta nueva película, entonces, no viene a inventar la pólvora desde cero, sino a sumarse a una tradición de adaptaciones que llevan más de medio siglo repensando qué quiere decir ese niño rubio cuando le pregunta al zorro cuál es su secreto.

Como espectadora y, sobre todo, como alguien que alguna vez guardó un librito de tapas blandas en la mochila de la escuela, confieso que me genera curiosidad genuina la idea de que el Principito sea un personaje digital, un alma hecha en computadora conviviendo con actores reales. La decisión estética promete ser arriesgada: en un mundo cada vez más poblado de motion capture, bichos CGI y avatares de todo tipo, elegir justamente al Principito como protagonista generado por computadora parece un guiño deliberado a esa idea tan cara al libro de que las cosas esenciales son invisibles a los ojos. Si lo importante no se ve, qué mejor que un personaje que es, técnicamente, pura imagen construida, pura convención visual aceptada por el espectador. Como mínimo, da para discutirlo tomando un café. Y a vos, ¿qué parte del libro te gustaría ver aparecer con más fuerza en esta nueva versión que se viene?

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos

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