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Miércoles, 30 de septiembre de 2026
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El robot D1 sale del laboratorio y se prueba como recepcionista y mozo en un hospital de Nagoya

El humanoide de Zeals reconoce rostros, levanta bandejas y reúne horas de entrenamiento en comedores y halls. Empresas y aseguradoras ultiman detalles para un desembarco masivo hacia 2027.

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Malena RíosTecnología · · 4 min de lectura
El robot D1 sale del laboratorio y se prueba como recepcionista y mozo en un hospital de Nagoya

Un hospital de la ciudad japonesa de Nagoya fue el escenario elegido para probar, a fines de agosto de 2026, al robot humanoide D1, equipado con inteligencia artificial y desarrollado por la firma local Zeals. La prueba consistió en tareas tan concretas como orientar a los visitantes en los pasillos y retirar las mesas del comedor del centro de salud, dos oficios que cualquier persona puede reconocer de inmediato.

La elección no fue casual. En lugar de exhibir al robot en una vidriera de feria, los ingenieros lo llevaron a un ambiente real, con gente, ruido y horarios, para juntar datos sobre su desempeño. La meta declarada por Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, es acumular información que sirva para entrenar al sistema y demostrar que la máquina sirve en el día a día, no en una demostración.

Cómo funciona el D1

  • Estructura humanoide de 129 centímetros de altura, con torso, brazos y cabeza montados sobre una base con ruedas. Para dimensionarlo, alcanza la estatura de un chico de doce años.
  • Cámara frontal con reconocimiento de rostros, útil para identificar a personas en un hall o en la fila de un mostrador.
  • Dos brazos mecánicos capaces de levantar hasta cinco kilogramos cada uno, suficiente para retirar platos, bandejas y objetos livianos de una mesa.
  • Precio de partida de unos cinco millones de yenes, equivalentes a cerca de 32.000 dólares al cambio actual.
  • Software de inteligencia artificial que aprende con cada tarea y que la empresa busca alimentar con horas reales de operación.

Comparado con un robot industrial clásico, que suelda o pinta piezas detrás de una jaula de seguridad, el D1 está pensado para circular entre la gente, como si fuera un mozo o un recepcionista con ruedas. Esa diferencia, simple a primera vista, cambia todo el diseño: necesita sensores para no chocar, brazos suaves para no lastimar y un software que entienda órdenes en lenguaje cotidiano.

Empresas que ya se anotan para usarlo

Zeals planea fabricar cien unidades del D1 antes de marzo de 2027 y acumular 10.000 horas de operación efectiva, una cifra que en la jerga del rubro se consigue recién cuando una flota de robots trabaja varios meses en paralelo. El esquema comercial contempla distribuidores y socios que ofrezcan los equipos en arrendamiento, una modalidad similar a la que se usa con las fotocopiadoras de oficina: el cliente paga una cuota mensual y la empresa se encarga del mantenimiento.

Una de las primeras compañías en subirse es Kakuichi, una firma de Nagano que vende acero y sistemas de gestión energética. Su idea es sumar un humanoide en abril de 2027, junto con los nuevos empleados que se incorporan ese año. De la mano de Play Robotics, planean destinarlo a manufactura, ventas y otras áreas para que aprenda mediante el trabajo concreto. Su director ejecutivo, Riu Tanaka, sostuvo que ese desarrollo exige preparar al personal para sacarle provecho, una tarea tan importante como comprar la máquina.

Los seguros, la pieza que faltaba

Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para lanzar pólizas destinadas a usuarios del D1. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, enumeró los riesgos a cubrir: posibles daños a personas o bienes, y filtraciones de información por ataques informáticos contra los sistemas de la máquina. Se trata, en la práctica, de un seguro de responsabilidad civil combinado con uno de ciberseguridad, adaptado a un artefacto que se mueve solo y maneja datos.

Qué cambia para el usuario común

Para la mayoría de la gente, el impacto todavía será indirecto. Los primeros en cruzarse con el D1 serán pacientes, visitantes y empleados de hospitales, hoteles o fábricas en Japón. La experiencia apunta a llenar fichas con horas reales de servicio, detectar fallas y ajustar el seguro, de modo que, cuando estos robots lleguen a una escala mayor, lo hagan con reglas claras sobre quién responde si algo sale mal.

En paralelo, el gobierno japonés fijó como objetivo alcanzar diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040, una cifra que da cuenta de la magnitud de la apuesta. La prueba en el hospital de Nagoya es un paso pequeño dentro de ese plan, pero clave: convierte a un comedor y a un hall en un banco de pruebas donde el robot deja de ser prototipo y empieza a ser, literalmente, un compañero de trabajo.

MR
Malena RíosTecnología

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