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Esa panza que molesta después de cenar: por qué aparece y cuándo conviene prestarle atención

La hinchazón nocturna suele responder a hábitos de la comida y a ciertos alimentos. Registrar qué se ingirió y cómo se comió ayuda a detectar patrones sin necesidad derestrictar la dieta de manera preventiva.

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Ludmila FerreyraSociedad · 16 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A veces la noche se vuelve incómoda sin que uno termine de entender por qué. Después de una cena, aparece esa sensación de panza llena, apretada, a veces visiblemente más grande, y la pregunta inevitable es qué fue lo que se comió. Lo cierto es que no siempre alcanza con mirar el plato: importa tanto lo que se ingiere como el cómo. Comer rápido, hablar mientras se mastica, usar sorbete o tomar gaseosas en la mesa son gestos tan cotidianos que pasan desapercibidos, y sin embargo pueden ser parte del problema.

Para empezar a entender qué está pasando conviene separar dos cosas que suelen usarse como sinónimos pero no lo son. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos aclara que la hinchazón es la sensación de tener el abdomen lleno o más voluminoso, mientras que la distensión es un aumento visible del tamaño de la barriga. Las dos pueden aparecer juntas y suelen venir acompañadas de eructos o flatulencias, pero no siempre responden a las mismas causas.

Lo que entra con el aire que se traga

Una parte del gas que molesta viene del aire que se ingiere sin darse cuenta. Comer apurado, hablar durante la comida, masticar chicle, usar sorbete y tomar bebidas gasificadas son formas comunes de sumar aire extra al aparato digestivo. Las preparaciones con mucha grasa también coinciden con mayor distensión en algunas personas, porque enlentecen la digestión y dan más tiempo a que se acumulen gases.

Lo que producen las bacterias del intestino

La otra parte del gas se fabrica en el intestino grueso, cuando las bacterias fermentan carbohidratos que no se terminaron de digerir arriba. Legumbres, lácteos, algunas frutas y verduras suelen aparecer en la lista de sospechosos, aunque la respuesta varía mucho de una persona a otra. Que un alimento figure en ese listado no significa que haya que sacarlo de la mesa: lo clave es observar si coincide con las molestias y registrarlo.

  • Comer o beber apurado, hablar en la mesa o usar sorbete aumenta el aire que se traga.
  • Las comidas con alto contenido graso enlentecen la digestión y favorecen la distensión.
  • La fibra incorporada de golpe puede provocar gases y cambios intestinales hasta que el cuerpo se adapta.
  • Ciertos carbohidratos que no se digieren del todo son fermentados por las bacterias del intestino grueso.

Con la fibra hay un detalle que suele pasar por alto: no todas las fibras se comportan igual. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos distingue la fibra soluble, que se disuelve en agua y es descompuesta por bacterias en el colon, de la insoluble, que recorre gran parte del aparato digestivo sin descomponerse. Por eso, sumar mucha fibra de un día para el otro suele provocar gases y malestar; lo razonable es incorporarla de a poco.

Marta Leguizamón, 52 años, de Quilmes, empezó a anotar en una libreta lo que cenaba cada día después de varias noches con la panza tan hinchada que le costaba dormir. Con el tiempo notó que el patrón se repetía los días que comía rápido frente a la televisión, sobre todo cuando sumaba una lata de gaseosa. "No es que haya dejado de comer ciertas cosas, sino que ahora como más despacio y la mayoría de las noches duermo bien", cuenta. Mañana, dice, tiene turno con su médica de cabecera para llevarle la planilla y decidir juntos si hace falta algún estudio.

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Ludmila FerreyraSociedad

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