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Estornudar no es lo mismo que estar enfermo: la mirada de un adiestrador para leer lo que el perro quiere decir

Tony Silvestre, adiestrador canino, explica que esos ruidos durante el juego o los mimos casi nunca son síntoma de nada grave: son una forma de liberar la emoción. Aun así, hay pistas claras para distinguir la alegría de un problema respiratorio de fondo.

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Ludmila FerreyraSociedad · 15 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A mí me pasó mil veces: apenas escuchaba un estornudo de mi perra, ya estaba imaginando el turno en la veterinaria, la fila en la guardia y el peor escenario posible. Por eso, cuando leí lo que sostiene Tony Silvestre, adiestrador canino de Buenos Aires, sentí que me sacaba un peso de encima. La mayoría de los estornudos que escuchamos en casa no son una señal de enfermedad: son, simplemente, una manera que tiene el perro de sacarse de adentro la presión que se le acumula cuando está feliz o excitado.

Lo dice con esa tranquilidad que tienen los que llevan años viendo perros: "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo". Es decir, el estornudo es un mensaje, no un síntoma. Y eso cambia por completo la lectura que hacemos los dueños cada vez que suena ese "atchís" en medio de una sesión de mimos o de una vuelta por el parque.

Qué pasa en el cuerpo del perro cuando estornuda de alegría

La explicación es bastante concreta. Cuando un perro se excita con el juego, con las caricias o con la expectativa de salir a pasear, se le acumula aire en las vías respiratorias y necesita soltarlo de alguna forma. El estornudo aparece justo como ese escape: una manera natural de volver a una respiración cómoda después del pico de emoción. Silvestre lo define con una frase que me sacó una sonrisa: "Si no estornuda, significa que no te quiere". Suena exagerado, pero sirve para entender la lógica: si el perro reacciona, es que algo le pasa por el cuerpo y por la cabeza al mismo tiempo.

“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo.”Tony Silvestre, adiestrador canino

Las señales que confirman que todo está bien

Ahora bien, ¿cómo nos quedamos tranquilos de verdad? La clave está en mirar al perro entero, no solo el ruido. Hay indicadores de bienestar que conviene revisar antes de correr al veterinario:

  • Mirada tranquila, sin opacarse ni mostrar el blanco de los ojos.
  • Cola que se mueve suelta, sin rigidez ni tensión.
  • Orejas en posición natural según la raza, ni aplastadas hacia atrás ni extremadamente tiesas.
  • Postura relajada, sin encorvarse ni mostrarse a la defensiva.
  • Curiosidad durante el paseo, interés por olores, personas y otros perros.
  • Interacción calma con otros animales y exposición de la panza cuando se recuesta, un gesto de confianza plena.

Si todas esas señales están presentes cuando aparece el estornudo, lo más probable es que el perro esté del todo bien y nosotros, simplemente, no estábamos familiarizados con esa parte de su lenguaje.

Cuándo sí hay que preocuparse

Ahora, ojo: tampoco se trata de mirar para otro lado cuando algo no encaja. La medicina veterinaria coincide en que los estornudos pueden tener causas externas menores, como agua que entra en las fosas nasales después de un chapuzón o de beber apurado. Esas situaciones se resuelven solas y no suelen repetirse. El problema aparece cuando el patrón cambia. Hay que prestar atención si los estornudos se vuelven frecuentes y se combinan con alguno de estos signos:

  • Falta de apetito sostenida durante más de un día.
  • Decaimiento general, desgano ojeras ojeras y falta de ganas de jugar.
  • Fatiga fuera de lo habitual, incluso después de paseos cortos.
  • Respiración agitada en reposo, sin que el perro haya hecho esfuerzo.

Frente a ese combo, la consulta profesional deja de ser opcional y pasa a ser urgente. Esperar puede complicar lo que, agarrado a tiempo, probablemente sea un cuadro sencillo.

El criterio que propone Silvestre, y que a mí me pareció el más útil para aplicar en la vida cotidiana, es bien simple: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de actividad y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, no hay motivo de alarma. En cambio, si surge de forma repetida, sin relación con el juego ni con la emoción, y viene acompañado de cualquier cambio en el comportamiento o en el apetito, hay que consultar sin demora.

Conocer el lenguaje corporal del perro no es un capricho de dueño detallista: es la forma más directa de evitar diagnósticos erróneos y de mejorar la convivencia diaria. La próxima vez que tu perro estornude mientras lo acariciás o mientras lo ves armar escándalo porque sacaste la correa, respirá hondo y mirá el resto de su cuerpo. Probablemente te esté diciendo, con su propio idioma, lo contento que está de tenerte cerca.

Mañana, después de publicar esta nota, voy a prestarle más atención a los estornudos de mi perra durante el juego en el parque. No para alarmarme, sino para empezar a entender qué me dice cada vez que le sale ese "atchís" a mitad de una caricia.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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