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Estrellas amarillas, motor apagado: la campaña que vuelve a poner al peatón en el centro de la calle

Familiares de víctimas de siniestros viales presentaron en la Legislatura porteña una iniciativa que reclama mayor dureza penal para el conductor alcoholizado, las picadas y la fuga. El dato crudo: una tonelada de chapa contra ochenta kilos de carne y hueso.

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Ludmila FerreyraSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Lo primero que se ve al entrar al salón de la Legislatura porteña este mediodía es un mapa de la ciudad lleno de puntos amarillos. Cada uno es una estrella pintada en el asfalto o pegada en un poste, y cada una marca el lugar exacto donde alguien murió atropellado. La escena la arma la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito, que volvió a la carga con una campaña de seguridad vial que tiene un lema directo, casi una declaración de principios: antes de subirse a un auto, todos somos peatones.

La idea parece de Perogrullo, pero por eso mismo hace ruido. Quien se sienta frente a un volante maneja, en el mejor de los casos, más de mil kilos de chapa, vidrio y metal. Quien camina por la vereda o cruza una esquina carga encima entre sesenta y noventa kilos de carne, hueso y ropa. La diferencia es tan grande que, según sostienen los organizadores de la campaña, obliga moral y legalmente a invertir la lógica con la que se suele hablar del tránsito: el peatón no es un actor más, es el más débil de la cadena y, por eso, el que más tiene que estar en la cabeza de quien acelera.

Una referente que lleva más de dos décadas empujando el mismo reclamo

La cara visible de la presentación fue Viviam Perrone, de Madres del Dolor. Perrone, de 64 años y vecina de Vicente López, preside una agrupación que nació del peor escenario posible: la pérdida de un hijo en la calle. Su caso es el que cuenta cada vez que toma un micrófono. El 1° de mayo de 2002, en Vicente López, un auto atropelló a su hijo Kevin Sedano, que tenía 14 años, y se dio a la fuga. El adolescente murió una semana después en el hospital. Desde ese día, Perrone se convirtió en una de las voces más escuchadas en el debate sobre seguridad vial en la Argentina: acompañó decenas de familias, impulsó cambios en el Código de Tránsito y empujó proyectos de ley que, asegura, duermen hace años en el Congreso.

"Cuando manejás un auto y ves a alguien caminando, tenés que pensar que esa persona puede ser tu mamá, tu hijo, tu hermano", dijo Perrone en la presentación. Y agregó, en un tono seco que ya se le volvió marca registrada: "El que se sube a un vehículo de más de una tonelada asume una responsabilidad que no se borra cuando pisa el acelerador". La frase resume el corazón de la campaña y el de casi dos décadas de militancia.

Qué pide concretamente la campaña

  • Una reforma del Código Penal que endurezca las sanciones para el conductor que maneja alcoholizado o bajo los efectos de cualquier sustancia.
  • Que las picadas callejeras, hoy tratadas como contravenciones menores en muchas jurisdicciones, pasen a ser delitos con pena de cumplimiento efectivo.
  • Tipificar como delito específico y agravar la pena para quien abandona a una víctima después de un siniestro vial, una conducta que en la jerga legal se llama "omisión de auxilios" pero que en la calle se conoce, simplemente, como fuga.
  • Avanzar con el tratamiento en el Congreso de un proyecto que ya cuenta con estado parlamentario y que, según Perrone, lleva años esperando turno.

A la iniciativa también se subió la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito, que nuclea a familiares de víctimas de distintas partes del país y que trabaja en red con organizaciones de España, Uruguay y Chile. En la presentación hubo pedidos puntuales para Diputados y Senadores: que el proyecto se trate antes de fin de año y que se incorpore la perspectiva de la vulnerabilidad del peatón como criterio para graduar las penas.

La estrella, la calle y la memoria

La campaña, además, recupera el símbolo de las estrellas amarillas. No es nuevo: hace décadas que en distintos países se pintan o pegan estrellas en los puntos donde alguien murió atropellado. La idea tiene tres capas. Es un memorial, porque señala el lugar exacto donde una vida se cortó. Es una advertencia, porque obliga al conductor a reducir la velocidad en ese tramo. Y es un recordatorio político, porque le pone nombre y dirección a una cifra que, de otro modo, se vuelve abstracta. En la Ciudad de Buenos Aires ya hay cientos de estrellas distribuidas entre avenidas, calles barriales y cruces de rutas.

LaAsociación Internacional de Víctimas de Tránsito promueve además que las familias que perdieron a alguien en la calle puedan gestionar la colocación de la estrella en la cuadra donde ocurrió el hecho. Es un trámite administrativo, pero también un acto de presencia: la víctima deja de ser un número en un parte policial y vuelve a tener una esquina, una dirección, un nombre en una chapa amarilla.

A la salida del acto, mientras los organizadores repartían volantes en la vereda de la Legislatura, una mujer se acercó a Perrone y le contó que a su hermano lo había atropellado una moto en La Plata y que todavía estaba en rehabilitación. Perrone la escuchó, le tomó el teléfono y la invitó a sumarse al próximo encuentro. Después, ya en la calle, me dijo que mañana temprano iba a estar otra vez en la ruta: tiene una cita en San Isidro con un abogado que patrocina a una familia que perdió a su hija en un cruce de avenida. "No paro", dijo, mientras se subía a un remise. "Cada vez que aparece un caso nuevo, vuelvo a empezar."

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Ludmila FerreyraSociedad

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