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Florencia Tellado, la sombrerera que le tomó el molde al estilo de Moria Casán

A los 43 años y después de dos décadas en publicidad, esta vestuarista aceptó su primer trabajo en ficción: los trajes de la serie biográfica de La One, con Griselda Siciliani como protagonista. Cuenta cómo fue construir un guardarropa que recorre toda la vida de la vedette sin seguir el orden cronológico.

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Ludmila FerreyraSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A Florencia Tellado la llamaron para uno de los trabajos más comentados del año en la pantalla argentina justo en el peor momento posible para atender el teléfono: en medio del ruido de un cumpleaños infantil, con un audio de fondo imposible, le llegó la propuesta de hacerse cargo del vestuario de la serie biográfica sobre Moria Casán. Flor, como la conocen en el mundillo de la publicidad, venía de pasarse más de dos décadas armando looks para campañas y producciones audiovisuales, pero nunca había pisado un set de ficción. La propuesta la tomó por sorpresa y, al mismo tiempo, le cayó como una confirmación: estaba lista para dar el salto.

El proyecto la terminó ocupando siete meses, desde julio de 2025 hasta febrero de 2026, en un calendario intenso que la obligó a mudarse mentalmente al universo de La One. La serie, protagonizada por Griselda Siciliani, recorre toda la vida de Moria Casán pero sin un orden cronológico estricto, lo que para una vestuarista es casi una declaración de principios: hay que armar un guardarropa que dialogue con cada etapa sin pisarse, sin romper la coherencia estética de un personaje que lleva décadas construyendo imagen propia.

Un estilo que se reconoce de lejos

Lo primero que hizo Tellado fue lo que cualquier fan de Moria haría: rastrear archivo. Revisó fotos, apariciones televisivas, portadas de revistas, escenas memorables. La premisa era clara y la resume en una frase que repite cada vez que puede: tiene un estilo tan definido que, con mirar los colores y los estampados, ya sabés si una prenda es de Moria o no. Esa fue la vara que usó para decidir qué se fabricaba a medida, qué se alquilaba y qué se buscaba en ferias americanas, un recurso que durante los meses de producción se volvió casi una rutina: recorrería ferias de Buenos Aires en busca de piezas vintage que pudieran reformularse para entrar en el personaje.

“Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único.”Florencia Tellado, 43 años, Ciudad de Buenos Aires

Para los trajes centrales, los que las actrices tienen que usar en escenas clave, Tellado eligió hacerlos a medida. El resto del universo se completó con alquileres, compras y piezas vintage reformuladas. La idea era no caer en el disfraz y, al mismo tiempo, sostener la extravagancia y el glamour que son marca registrada de Moria, una mujer que hizo de la moda y del cuerpo vestido parte esencial de su personaje público.

Una reunión y mucho audio de WhatsApp

Con La One, en concreto, tuvo una sola reunión cara a cara durante todo el proceso. El resto del ida y vuelta fue por mensaje, una dinámica que a esta vestuarista no le pesó: dice que Moria es expeditiva, sabe lo que quiere y lo transmite rápido. Esa única reunión, igual, le alcanzó para terminar de calibrar el pulso del personaje y llevarse confirmaciones que después volcó a las tablas de vestuario. El dato no es menor en un país donde las producciones independientes suelen armarse con grupos chicos y comunicaciones a distancia, pero en este caso el funcionamiento fue, según cuenta, muy aceitado.

Antes de esta serie, Tellado ya tenía un nombre ganado en otro rubro: el diseño de sombreros. Se formó como milliner con tres maestros que la marcaron a fuego. El primero fue Hilda Juárez, histórica sombrerera del Teatro Colón, de quien aprendió la rigurosidad del oficio hecho a mano. Después pasó por el estudio de Laura Noetinger, la diseñadora argentina elegida por la reina Máxima de Holanda para varias de sus apariciones públicas. Y completó su formación en Londres, con Noel Stewart, una referencia internacional que ha firmado piezas para casas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa temporada inglesa se trajo dos cosas que hoy aplica todos los días: la disciplina del silencio en el taller y la idea de que un error mínimo, en sombrerería, arruina el resultado final.

Ese currícular le permitió, en paralelo, sumar clientes que la contactan por redes sociales. Uno de los más resonantes fue Paco Amoroso, para quien creó el sombrero que usó en su paso por el Tiny Desk, una de esas performances que después se comparten hasta el cansancio en todas las plataformas. La producción de Marilyn Manson también la buscó por Instagram para encargarle diseños, un llamado que la tomó desprevenida y que la posiciona, sin buscarlo, en un circuito internacional de la moda y el espectáculo. Lo cuenta con la misma naturalidad con la que habla de sus búsquedas en las ferias americanas: para ella, todo es parte del mismo oficio.

El taller nuevo en Palermo y el sueño de vestir a Lady Gaga

Hace pocas semanas Florencia inauguró su propio taller sobre la calle Matienzo, en el barrio porteño de Palermo. Se trata de un loft de unos 145 metros cuadrados con mucha luz natural, un espacio pensado para recibir clientes que la buscan tanto por encargos de vestuario para publicidades y producciones como por piezas de sombrerería. Para ella, tener un lugar propio después de tantos años de trabajo en ateliers ajenos fue un paso largamente postergado que la pandemia, dice, terminó de empujar. Ahora combina la atención personalizada con la producción para las marcas que la contratan.

Mientras termina de acomodar las estanterías del taller nuevo y de armar el calendario de próximos proyectos, Tellado se permite un deseo que repite cada vez que le preguntan qué le falta: le gustaría vestir a Lady Gaga. Es un objetivo que parece ambicioso y, a la vez, absolutamente posible para alguien que ya le hizo un sombrero al cantante de Tiny Desk y le vendió diseños a la producción de Marilyn Manson por mensaje directo. No es un capricho: es un norte que la obliga a seguir formándose, viajando y buscando nuevas técnicas.

Mañana, cuenta, va a volver al taller temprano para terminar de cerrar unos pedidos de sombreros para una campaña de verano y para empezar a probar telas para un próximo cortometraje en el que la convocaron. Después de siete meses enteros dedicados a Moria Casán, dice que extraña la intensidad de una producción así, pero también agradece volver al ritmo de los encargos puntuales, donde puede meter las manos en la tela desde el primer minuto. Lo que viene, promete, va a tener el mismo nivel de detalle que el trabajo que acaba de terminar.

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Ludmila FerreyraSociedad

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