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La fórmula 3-2-1: harina, manteca y azúcar en proporciones exactas para galletitas caseras que salen siempre

Sin huevo, sin leche y sin polvo de hornear. La clave está en la temperatura de la manteca y en no trabajar la masa de más. Una receta que se puede duplicar o reducir a la mitad sin perder la textura.

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Ludmila FerreyraSociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Le voy a ser sincera: hay una receta de galletitas caseras tan simple que parece un truco de magia, y lo mejor es que se puede hacer con lo que casi siempre tenemos en la cocina. Se trata de la fórmula 3-2-1, que lleva tres ingredientes básicos en proporciones fijas: 300 gramos de harina, 200 gramos de manteca y 100 gramos de azúcar. Nada más. Ni huevo, ni leche, ni polvo de hornear. Esa relación es la base de todo y, justamente por eso, se puede escalar sin hacer cuentas complicadas.

Para la mitad de la cantidad alcanza con 150, 100 y 50 gramos; para el doble, 600, 400 y 200. La memoria del 3-2-1 hace el resto. Lo único que cambia según la receta es el agregado final, que puede ser esencia de vainilla, ralladura de limón o incluso unas gotas de agua, si se busca una textura más tierna.

La temperatura de la manteca, el detalle que define todo

Acá aparece el punto más importante de la preparación: la manteca debe estar blanda pero no derretida, lo que se conoce como punto pomada. Cede al presionarla con un dedo pero conserva su forma. Si está líquida, la masa queda demasiado floja y las galletitas se expanden en el horno; si acaba de salir de la heladera y está dura, cuesta integrarla con el azúcar. En días de mucho calor conviene devolverla unos minutos al frío antes de empezar, y listo.

La mezcla arranca uniendo manteca y azúcar hasta obtener una crema pareja. Después se incorpora la harina de una vez o en dos tandas, con espátula o con las manos, pero con el menor trabajo posible. No se trata de amasar: apenas hay que compactar. Cuanto menos se toque la masa, más tierna y quebradiza queda la galletita. Esa es la regla de oro.

El frío y el horno, los otros dos aliados

Una vez formado el bollo, se aplana ligeramente, se cubre y se lleva a la heladera al menos 30 minutos. El frío devuelve firmeza a la manteca, facilita el estirado y ayuda a que las formas no se deformen durante la cocción. Si se usan cortantes, conviene enfriar las piezas ya formadas otros 10 minutos antes de llevarlas al horno.

Con esas dos precauciones (manteca en punto pomada y no trabajar la masa de más) el resultado es una galletita tierna por dentro y levemente crocante al enfriarse, con formas que se mantienen bien durante la cocción. Una preparación humble que, bien hecha, se transforma en un clásico de la merienda.

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Ludmila FerreyraSociedad

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