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La hora previa al sueño: por qué ordenar el dormitorio puede cambiar la noche

Apagar pantallas, bajar la intensidad de la luz y dejar lista la ropa de cama son gestos simples que ayudan a marcar el final del día. Especialistas insisten en que no hay fórmula única y que la rutina debe adaptarse a cada persona.

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Ludmila FerreyraSociedad · 19 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

A veces la diferencia entre una noche razonable y una madrugada en vela no está en el dormitorio en sí, sino en los diez o veinte minutos previos a meterse en la cama. Preparar el ambiente, alejar el teléfono y reducir la iluminación son acciones tan sencillas como decisivas para marcar el final del día. No constituyen una solución universal contra el insomnio, pero sí ayudan a ordenar una rutina de descanso que muchas personas tienen desarmada.

El teléfono, primero en la mira

El celular al alcance de la mano suele ser el primer enemigo del buen dormir. Las notificaciones, la tentación de revisar una red social o la costumbre de contestar mensajes mantienen al cerebro enganchado hasta último momento. Por eso, la preparación del descanso empieza, paradójicamente, fuera de la cama: decidir dónde dejar los dispositivos y cuándo cerrar el día es tan importante como elegir el despertador.

Una investigación publicada en 2025 en una revista científica encontró que el uso diario de pantallas antes de acostarse estaba asociado con horarios de sueño más tardíos, menos horas de descanso durante la semana y una peor calidad de sueño informada por los propios participantes. La asociación no prueba que las pantallas hayan causado esas diferencias, pero suma evidencia a lo que muchos ya intuyen: el último scroll suele cobrarse minutos valiosos.

Diez minutos que hacen la diferencia

Con los dispositivos apartados, la preparación del ambiente se resuelve en pocos minutos. Dejar acomodada la ropa de cama, despejar la mesa de luz y apagar la luz principal para encender una lámpara de menor intensidad reduce la iluminación del cuarto. Cerrar las cortinas limita la luz exterior. Son gestos pequeños que evitan sumar tareas justo cuando el cuerpo ya pide apagar.

  • Alejar el celular fuera del alcance de la cama y silenciar las alertas.
  • Dejar lista la ropa de cama y despejar la superficie cercana.
  • Cerrar las cortinas y apagar la luz principal antes de acostarse.
  • Usar una lámpara de baja intensidad como transición hacia el sueño.
  • Reservar el dormitorio solo para dormir, sin trabajo ni pantallas.

Una transición que empieza antes

Ese tramo breve puede integrarse a una preparación más gradual, que arranque entre una y dos horas antes de ir a la cama. Leer en papel, escuchar música suave, hacer ejercicios de respiración o anotar los pendientes del día siguiente son alternativas para bajar el ritmo. La idea es repetir acciones reconocibles que se ajusten a las obligaciones personales, sin convertir la noche en otra tarea extensa.

No hay una secuencia obligatoria ni una respuesta definitiva para todas las dificultades de sueño. Cada cuerpo y cada agenda tienen su propio tempo. La rutina sirve cuando ordena y no cuando se vuelve una obligación más. Por eso, specialists recomiendan probar, ajustar y sostener en el tiempo aquello que funcione, sin rigidez. Mañana, como cada día, el desafío vuelve a empezar cuando se apaga la última luz.

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Ludmila FerreyraSociedad

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