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La mitad de las personas arrastra una mutación que bloquea el ácido fólico y muchas veces no lo sabe

Una variante del gen MTHFR impide que el organismo convierta el folato en su forma aprovechable. Ansiedad, déficit de atención y complicaciones en el embarazo pueden tener ese origen, y la solución pasa por un cambio puntual en la suplementación.

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Ludmila FerreyraSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A esta altura, después de años escuchando recomendaciones sobre vitaminas, ácido fólico y controles médicos, hay una pregunta que pocos se animan a formular en voz alta: ¿y si parte de lo que nos pasa, esa ansiedad que no se va, esa dificultad para concentrarse, ese embarazo que no llega o que se corta antes de tiempo, tiene un origen concreto, medible y, sobre todo, modificable? Lo que voy a contar en esta nota surge de material periodístico reciente que pone el foco en un gen del que se habla poco en la consulta de cabecera: el MTHFR.

Qué hace el gen MTHFR y por qué su variante es tan frecuente

Para entenderlo hay que ir a lo elemental. El gen MTHFR, que responde al nombre técnico de metilentetrahidrofolato reductasa, cumple una función muy precisa: le permite al cuerpo transformar el folato en su forma activa, esa que efectivamente puede aprovechar. Ahora bien, cuando ese gen presenta una variante común, esa conversión falla. El organismo recibe ácido fólico, pero no logra metabolizarlo, y el resultado es un déficit funcional aun cuando la ingesta parezca correcta. La magnitud del asunto la da un número: esa variante está presente en aproximadamente el 46 por ciento de la población mundial, casi una de cada dos personas.

Lo que más llama la atención son las manifestaciones clínicas que se le asocian. Quienes portan la variante suelen presentar mayor incidencia de ansiedad, de trastorno por déficit de atención e hiperactividad y de abortos espontáneos. Son síntomas que, en la consulta cotidiana, rara vez se vinculan con una causa genética tratable, y por eso circulan durante años como malestares sin explicación clara. Sobre esto, Gary Brecka, especialista en biología humana consultado por el medio que publicó el material de base, lo planteó en términos que vale la pena retener: Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia.

El cambio concreto: dejar el ácido fólico y pasar al metilfolato

Aquí viene la parte práctica, la que puede discutirse el martes con el médico de confianza. La intervención es directa: en lugar de ácido fólico, lo que sirve es metilfolato, también conocido como 5-MTHF, que es la forma biodisponible, la que el cuerpo asimila directamente sin necesidad de conversión. Vale tanto para los suplementos individuales como para las vitaminas prenatales, donde la versión metilada es la indicada para mujeres en etapa gestacional que presentan esta variante. Una distinción que ayuda a no confundirse: el folato existe de forma natural en los alimentos; el ácido fólico, en cambio, es un compuesto sintetizado en laboratorio por primera vez en 1943, y desde 1993 varios gobiernos lo incorporaron como agregado obligatorio en granos procesados como panes, harinas, cereales y pastas. Para quien tiene la mutación, ese aporte obligatorio no solo deja de ser útil, sino que puede acumularse sin procesarse y sumar un problema donde se suponía que había una solución.

Vitamina D3: el otro nutriente que casi nadie dosifica bien

El material periodístico trabajado para esta nota rescata además un segundo nutriente con impacto concreto sobre la salud a largo plazo: la vitamina D3. El rango clínico considerado normal va de 30 a 100 nanogramos por decilitro, pero hay que leerlo con cuidado, porque 30 nanogramas representan, en la práctica, una deficiencia. El nivel que la evidencia disponible asocia con menor riesgo de ciertas enfermedades, incluyendo cáncer de mama en mujeres, se ubica entre 60 y 80 nanogramos por decilitro. La recomendación mínima diaria es de 5.000 unidades internacionales, incluso para quienes tienen exposición solar regular. Un detalle que suele omitirse y que sí aparece en el material: la D3 no debería tomarse sola, porque es una molécula de transporte de calcio, y es la vitamina K2 la que define si ese calcio termina en el hueso o se deposita donde no debe. La frase quedó cortada en la fuente original, pero la lógica es esa: D3 y K2 viajan juntas, y la suplementación aislada puede hacer más ruido que otra cosa.

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Ludmila FerreyraSociedad

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