La neumonía que llega sin tos ni fiebre: las señales que pocos miran y que pueden ahorrar una internación
Un neumonólogo de Mass General Brigham advierte que el cansancio profundo y la respiración acelerada suelen aparecer antes que los síntomas clásicos. En mayores de 65, la temperatura incluso puede estar por debajo de lo normal.

La neumonía no siempre avisa como uno espera. En muchísimos casos, lo primero que aparece no es la tos ni la fiebre, sino un cansancio que no se explica, una respiración más agitada de lo normal y, a veces, náuseas y falta de apetito. Identificar esas señales a tiempo puede marcar la diferencia entre un tratamiento ambulatorio y una internación, sobre todo en personas mayores de 65 años, en pacientes con enfermedades crónicas o con las defensas bajas.
Lo que ocurre, en criollo, es que los alvéolos de los pulmones se inflaman y se llenan de líquido o pus, y eso complica el paso de oxígeno al resto del cuerpo. La infección puede ser bacteriana —las más comunes son el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae— o aparecer como complicación de un virus de gripe o de covid-19. Cómo evoluciona depende del agente que la cause, de la edad y del estado de salud previo de cada persona.
Lo que aparece antes de la tos
- Fatiga profunda y cansancio que no se justifica con el ritmo habitual.
- Respiración acelerada, como si al cuerpo le costara conseguir aire.
- Latidos rápidos, náuseas y falta de apetito.
- Malestar general que se siente parecido al de una gripe mal terminada.
El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, lo dijo con todas las letras: "la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos". Y agregó un dato clave para los que se quedan tranquilos porque no tienen fiebre: si bien la tos es casi universal, "algunas personas no tienen mucha fiebre". De hecho, en mayores de 65 y en quienes tienen las defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal. O sea: no tener fiebre no descarta nada.
Cuándo hay que dejar de esperar
Cuando el cuadro avanza pueden sumarse presión arterial baja, diarrea y cambios en el estado mental. La confusión repentina, la somnolencia excesiva y la desorientación son señales de alerta que piden consulta médica en el momento, sobre todo en los adultos mayores. Los grupos con mayor riesgo de complicaciones incluyen a bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes conviven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o están bajo tratamientos que bajan las defensas.
Entre las complicaciones posibles aparecen el líquido alrededor de los pulmones, bacterias en sangre, abscesos pulmonares e insuficiencia respiratoria, que muchas veces termina con internación. Por eso conviene no hacerse el distraído: si la tos persiste varios días y va empeorando, si duele el pecho al respirar, si los síntomas vuelven después de una mejoría inicial, o si aparece fiebre persistente de 39 grados o más, la consulta no puede esperar.
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