Lunes, 28 de septiembre de 2026
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La noche que Michaela Coel no pudo recordar y convirtió en una serie que nadie podía comprar entera

Una guionista, directora y actriz de voz muy firme que puso su propia violación en pantalla y le dijo que no a Netflix: así se hizo Podría destruirte, la miniserie de doce capítulos que en 2020 obligó a repensar quién es la dueña de una historia.

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos · 28 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Siento que arranco por la puerta de un boliche londinense, con una luz blanca que pica en los ojos y un vaso de algo que todavía nadie terminó de pedir, porque esa es exactamente la sensación que deja el primer episodio de Podría destruirte: la de entrar a una noche que todavía no se sabe que va a terminar mal, y de la que la protagonista, Arabella, va a tener que salir reconstruyendo pedazos, como quien junta los restos de un vaso en el piso del baño.

Me pasó algo curioso mientras la miraba: hay una frase, casi al principio, en la que Arabella le dice a su mejor amigo Terry algo así como que escribir es fácil cuando no es tu vida, y ahí se me cayó la ficha de que la serie no iba a ser solamente la denuncia de un hecho, sino el retrato de alguien que intenta escribir sobre la herida mientras la herida todavía le sangra, y eso, se los juro, es de las cosas más honestas que vi en pantalla en mucho tiempo.

Arabranches de Arabella, una escritora que festeja el primer libro y empieza a perder el segundo

La historia sigue a Arabella, una escritora que viene de pegar el batacazo con su primera novela y está empecinada en terminar la segunda, una novela en la que trabaja con deadlines, mil contratos pendientes y una presión interna que se nota en cada cena con su editor. Sale una noche con amigos, se ríe, toma, y a la mañana siguiente se despierta con la cabeza hecha un lío: faltan horas en su memoria, hay mensajes en el celular que ella no recuerda haber mandado, y una sensación de que algo no cierra, esa especie de nudo en la garganta que uno tiene cuando el cuerpo sabe algo antes que la cabeza. Lo que Arabella va a terminar reconstruyendo, con ayuda de sus amigos y con mucho esfuerzo, es que durante esa noche fue víctima de una violación.

“Quería entender cómo se podía estar en una fiesta, pasarla bien, y terminar siendo víctima de una agresión sexual. Esa contradicción me parecía el verdadero motor de la historia.”Michaela Coel, en declaraciones sobre el origen del proyecto

Una creadora todoterreno que no quiso ceder la historia

  • Michaela Coel es la creadora de la idea original, la guionista de los doce capítulos y una de las codirectoras de la miniserie.
  • También interpreta a Arabella, la protagonista, en una actuación cargada de silencios, de miradas y de cuerpo tenso.
  • Reunir tantas funciones creativas en la misma persona no fue un capricho: fue la manera de que la historia no se le fuera de las manos.

Detrás de cámara hubo un capítulo que a mí me parece de los más importantes y casi nunca se cuenta: cuando Netflix se interesó en el proyecto, la plataforma propuso quedarse con la totalidad de los derechos sobre la serie, y Coel dijo que no. Ella explicó en varias entrevistas que la obra estaba basada en una agresión que ella misma había sufrido, y que bajo ninguna circunstancia pensaba entregarle a un gigante del streaming la propiedad de ese relato. Las conversaciones se estiraron, no hubo acuerdo, y la serie terminó encontrando otro camino para existir. Que una autora pueda decirle que no a Netflix por una cuestión de derechos no es un dato menor: es la prueba de que cuando una historia es muy personal, su dueña tiene que ser ella.

Doce capítulos, un estreno en junio de 2020 y un Emmy que se le escapó

La miniserie tiene doce episodios y se estrenó en junio de 2020, en pleno primer tramo de la pandemia, cuando muchos de nosotros la descubrimos encerrados, con la cabeza llena de incertidumbre, y una pantalla enorme como única ventana al mundo. La crítica la recibió con muy buena valoración: los medios especializados la resaltaron por la honestidad del guion, por la actuación de Coel y por el modo en que la serie se animaba a mostrar las consecuencias de una agresión sexual sin golpes bajos ni golpes efectistas. Las audiencias televisivas, en cambio, fueron más acotadas: la transmisión inicial no la convirtió en un fenómeno de rating, y eso es algo que siempre me llamó la atención, porque a veces las series más valientes tardan más en encontrar a su público. Con el correr de los meses, y sobre todo con la llegada del streaming, Podría destruirte fue sumando espectadores de a poco, ganando reconocimiento de manera progresiva hasta convertirse en una de esas obras que la gente recomienda de boca en boca, con esa frase típica de te la tenés que ver, posta. La temporada de premios Emmy de ese año le dio el reconocimiento a mejor actriz y a mejor guion, pero el premio mayor, el de mejor miniserie, quedó en manos de Gambito de dama, una producción con muchísimo más volumen de marketing y con una masividad que la serie de Coel nunca tuvo como objetivo.

Mientras escribo esta nota pienso en cómo, a veces, una serie funciona como una ventana que te muestra algo que ya intuías pero no te animabas a nombrar: que la memoria es frágil, que el cuerpo recuerda antes que la cabeza, y que reconstruir lo que pasó en una noche puede ser tan difícil como escribir una novela entera. Coel se plantó en cada una de las decisiones que tomó: como actriz, como guionista, como codirectora y, sobre todo, como dueña legítima de una historia que era suya y de nadie más. Y la pregunta que me queda dando vueltas, y que les dejo a ustedes para que la piensen cuando busquen qué mirar esta noche, es esta: cuando elegimos una miniserie, ¿pesa más el tema que cuenta, el nombre que la firma o el recorrido que tuvo esa historia para llegar hasta nuestra pantalla?

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos

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