Luján Sáez se corta sola: la hija del creador de Ona Sáez presentó su propia marca de ropa urbana en la pasarela de Bafweek
La diseñadora lanzó LS, su firma personal, y la mostró por primera vez en la última edición de Bafweek con una colección llamada N.1, hecha a base de denim, cuero y brillos, pensada como una experiencia nocturna más que como un simple desfile de looks.

Lo que se vio el otro día en Bafweek no fue una pasarela más. Por lo menos, eso es lo que repite la gente que estuvo ahí. En el medio de una nueva edición de una de las semanas de moda más convocantes de Buenos Aires, se coló una marca debutante que llegó para quedarse. Se llama LS y detrás está Luján Sáez, de 33 años, que se crió mirando colecciones, probadores y desfiles, literalmente. Su padre es Santiago Sáez, el creador de Ona Sáez, una de las firmas que marcó el diseño argentino de principios de siglo, y su madre es productora de moda. Cuando Luján era chica, en vez de jugar en el patio, veía cómo se armaban las colecciones. Y ahora, después de años de formarse, decidió armar la suya.
La pasarela estaba montada como si fuera un boliche porteño a las dos de la mañana. Luces bajas, música en vivo, modelos que parecían amigas de la diseñadora más que mannequins profesionales. La colección se llama N.1, el nombre lo dice todo: es el primer paso. Y la estética tiene poco que ver con lo que se estila en la moda nocturna clásica. Luján mezcló denim gastado con encaje finito, cuero, mucho foil, algunos brillos y siluetas anchas, exageradas, con capas, como si cada persona estuviera envuelta en telas distintas que se van descobijando una a una. Esa tensión entre lo deportivo y lo glamoroso es lo que la marca va a sostener como propio.
La diseñadora y la decisión de cortar
Antes del show, mientras el equipo terminaba de acomodar las luces en un galpón del barrio de Palermo, Luján se sentó a conversar. Habla rápido, gesticula bastante y se nota que lleva meses esperando este momento. Tiene claro de dónde viene y también qué es lo que quiere hacer. La pregunta es incómoda, pero cae en algún momento de cualquier entrevista: cómo se convive con un apellido como Sáez en una industria donde muchos lo asocian con un estilo ajeno. Ella lo dice sin esquivar: "Mi apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura". Y agrega, ya más convencida: "Nació como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó".
Cómo se hace la ropa, según Luján
El método que usa tiene mucho de artesanal y poco de oficina de diseño tradicional. Todo empieza con una pregunta, según cuenta entre risas: "La primera pregunta es si me lo pondría yo". Después aparece el trabajo fino con amigas y artistas del entorno, observar cómo una misma remera cambia según quién se la ponga. Si la prueba Salez, tiene vuelo propio; si la prueba su amiga Camila, de 29 años, puede terminar siendo otra cosa, y eso le sirve para ajustar el modelo y los materiales. La tela central es el denim, algo que comparte con la marca de su padre pero con un corte, una confección y un público bien distintos. En esa primera colección, además, entraron cuero, encaje y algunas piezas con brillo, todos tratados como una sola cosa.
“Quiero que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca”Luján Sáez
- Denim gastado como tela base de casi toda la colección
- Encaje finito mezclado con cuero y superficies con foil
- Siluetas anchas, con capas y superposiciones deliberadas
- Puesta en escena nocturna con música en vivo en pleno Bafweek
- Modelos que son amigas y artistas del círculo de la diseñadora
A quién le habla la marca
Cuando le pregunto para quién está pensada la ropa, la respuesta tiene más de identidad personal que de consumidor abstracto. "Me interesa vestir a alguien que quiere entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista", lanzó. Esa persona usa la ropa como una manera de decir algo, no como un uniforme. Las fuentes de inspiración de Sáez se notan: la noche porteña, los recitales, los clubes y las generaciones nuevas de artistas locales. Para Luján, lo más lindo de la pasarela fue ver desfilar a las que llamó sus musas, esas mujeres del día a día que la fueron acompañando en el proceso y que ahora se subieron a la pasarela con sus cuerpos reales.
Lo que se viene para LS
La pregunta que sobrevuela todo, más allá de la marca, es si LS va a funcionar como un proyecto expresivo o como una marca más del circuito. Para eso falta tiempo, pero Luján lo toma con calma. Mañana, según cuenta mientras junta los últimos retazos de tela en un tacho de basura, se va a sentar otra vez en su mesa de trabajo para empezar a pensar la temporada que viene. No piensa en colecciones temáticas, ni en nombres en latín, ni en esas cosas que suelen usar las marcas de autor. Piensa en piezas que sirvan para volver a casa, a un boliche, a un reencuentro, sin que la persona tenga que cambiársela. Si la ropa sigue cumpliendo ese objetivo, dice, el apellido va a terminar de acomodarse solo, y el resto del público, también.
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