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Domingo, 4 de octubre de 2026
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Nadal volvió a la cancha, ganó y se burló de sí mismo: el festejo en Manacor

El español regresó después de su retiro de la Copa Davis y se llevó el super tie-break decisivo junto a Moyá frente a Murray y Fognini. Fue el broche del Rafa Nadal Academy Slam, que reunió a ocho retirados para celebrar la década de su academia.

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Franco VillalbaDeportes · · 2 min de lectura
Nadal volvió a la cancha, ganó y se burló de sí mismo: el festejo en Manacor

Volvió el hombre. Ciento algo días después de decir chau en la Copa Davis, Rafael Nadal pisó una cancha y, encima, ganó. La víctima de la ironia inicial queda descartada: no hubo rival ni árbitro a los que apuntar en esta historia, así que la puntería va para otro lado.

El tenista de Manacor participó en tres partidos de dobles dentro del primer Rafa Nadal Academy Slam, la fiesta que armó su academia para celebrar sus diez años. En el cierre de la jornada, se cruzó con el británico Andy Murray y el italiano Fabio Fognini y los despachó junto a Carlos Moyá en el super tie-break que definió la serie.

Una tarde de ocho retirados y super tie-breaks

La exhibición juntó a ocho jugadores que ya no compiten: Nadal, Moyá, el francés Richard Gasquet y el español David Ferrer formaron el equipo local; el escocés Andy Murray, el italiano Fabio Fognini, el austríaco Dominic Thiem y el ruso Marat Safin fueron el otro bando. Todos bajo un formato simple: dobles resueltos en super tie-break.

Antes de salir a la cancha, el propio Nadal había bajado las expectativas con una frase que dejó en claro el tono de la jornada: “Hoy no vais a ver a un Rafa competitivo, lo de hoy es para disfrutar”. Aviso de un tipo que sabe lo que es competir y no necesita aclararlo dos veces.

El regreso y la sonrisa

Después del partido, otra ironía que fue a la inversa, contra él mismo: “Algo único por lo mal que me veo, eso sin ninguna duda”. El humor del mallorquín volvió a aparecer justo cuando la cancha lo vio otra vez. Y cerró con el guiño a la gente de su pueblo, que se acercó a verlo después de 683 días sin un partido oficial en el cuerpo.

Lo que me quedo, mirá, es la postal: el mejor tenista español de todos los perfiles sacándose chispas a sí mismo por cómo se ve en la cancha, mientras Moyá le tira pared como en los viejos tiempos. Diez años de academia, un festejo a la altura y la foto que todos queríamos: verlo con la raqueta. La que viene, el calendario ya no pinta de qué sigue para él: esto fue una despedida de los focos, no un regreso al circuito.

FV
Franco VillalbaDeportes

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