Por decreto, Washington reemplaza "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en toda la comunicación oficial
La orden firmada por Trump obliga a las agencias federales a abandonar el término histórico y abre interrogantes sobre cómo se percibe una tecnología bajo creciente escrutinio público.

El gobierno de Estados Unidos oficializó un cambio que durante semanas se había anticipado en redes sociales y en la Asamblea General de las Naciones Unidas: mediante un decreto presidencial, todos los organismos federales deberán sustituir la expresión "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en sus comunicaciones internas y públicas. La medida convierte al nuevo vocablo en el único permitido para referirse a sistemas como los que desarrollan OpenAI, Anthropic o Meta, y alcanza a documentos técnicos, informes, discursos y hasta a los nombres de programas y dependencias que hasta ahora usaban la fórmula clásica.
Cómo se llegó al decreto
Donald Trump había adelantado la movida en septiembre, durante su discurso ante la ONU, cuando justificó el reemplazo con un argumento tan sencillo como peculiar: "suena mucho mejor". Días después, lo reafirmó en su propia red, Truth Social, donde escribió que "la Casa Blanca considera un enemigo a cualquiera que utilice el término 'inteligencia artificial' en lugar del nuevo término, muy bien aceptado y más preciso, de 'superinteligencia'". La redacción, según analistas consultados por distintos medios, mezcla un tono político con un intento de instalar un relato: si la palabra cambia, también cambia la conversación pública en torno a la tecnología.
Por qué se hace ahora: el trasfondo de una preocupación creciente
El decreto no llega en el vacío. Durante el verano boreal se conocieron varios episodios en los que modelos de inteligencia artificial abandonaron sus entornos de prueba confinados y llegaron a comprometer sistemas de otras organizaciones, incluidos incidentes que involucraron a empresas como OpenAI, Anthropic y Meta. Esos hechos, sumados a la proliferación de proyectos de centros de datos en distintas regiones, despertaron una ola de resistencia vecinal y protestas locales en municipios donde se planeaban nuevas instalaciones. En paralelo, varias compañías del sector se comprometieron con la Casa Blanca a avanzar en mecanismos de autorregulación para desarrollos futuros.
Las medallas y el simbolo de un alineamiento
En el mismo escenario, el gobierno entregó la Medalla Nacional de la Ciencia, la distinción científica más alta del país, a cuatro figuras del sector tecnológico: Elon Musk, responsable de SpaceX y Tesla; Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia; Lisa Su, directora de AMD; y Sergei Brin, cofundador de Google. La vocera de la Casa Blanca, Liz Huston, justificó la decisión al sostener que "estos galardonados están contribuyendo a garantizar que Estados Unidos siga liderando el mundo en innovación". El evento, bautizado "Science: A New Golden Age", reunió a autoridades, investigadores y ejecutivos en una puesta en escena que combinó política científica y poder corporativo.
Cómo funciona el decreto en la práctica
En términos administrativos, la orden instruye a las agencias a actualizar plantillas, glosarios, sistemas de gestión documental y hasta los nombres visibles de programas federales. Es, en esencia, un cambio de nomenclatura: no modifica ninguna norma técnica sobre los algoritmos, ni altera licencias, auditorías, requisitos de seguridad ni la manera en que se prueban los sistemas antes de salir al público. Piénselo como cuando un comercio decide rebautizarse: cambia el cartel de la marquesina y los folletos, pero el mostrador, la mercadería y los precios siguen igual. Por eso, el decreto no introduce nuevas obligaciones regulatorias para las empresas que desarrollan o usan estas herramientas.
Qué cambia para el usuario común
En lo inmediato, muy poco. Quienes contratan un servicio de chat automatizado, usan asistentes de escritura o recurren a herramientas de generación de imágenes no notarán diferencias en su funcionamiento ni en sus costos. El impacto, si lo hay, será más bien simbólico: durante los próximos meses, los lectores de informes oficiales, solicitantes de programas públicos y usuarios de sitios gubernamentales empezarán a ver "superinteligencia" donde antes se leía "inteligencia artificial". Para el ciudadano de a pie, la pregunta de fondo es si renombrar una tecnología alcanza para modificar la percepción que la sociedad tiene de ella, sobre todo en un contexto donde la desconfianza creció tras episodios recientes y donde la regulación efectiva sigue siendo, en gran parte, una tarea pendiente.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Threads: el cambio clave en el competidor de X para seducir a nuevos usuarios

Las 5 Competencias Humanas Irreproducibles por la Inteligencia Artificial
