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Remar la Setúbal: tres formas de conocer la laguna desde Arroyo Leyes, con kayak y mate de por medio

Una empresa familiar organiza salidas cortas, travesías de día completo por el Delta Superior y prácticas en un lago artificial para chicos y principiantes. La fauna, el color del agua y el almuerzo isleño forman parte de la propuesta.

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Ludmila FerreyraSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La laguna Setúbal ocupa unos 32 kilómetros cuadrados y se extiende como un manto rojizo desde los arroyos Aguiar y Leyes hasta el canal de acceso al puerto de Santa Fe. Su tono tan particular, que la hace inconfundible, llega desde el norte arrastrado por el Bermejo, y la salinidad que se le percibe al sabor la aportan el Saladillo Dulce y el Saladillo Amargo, dos cursos que la alimentan con sus aportes. Por eso el agua tiene nutrientes y una biodiversidad que no se repite en otros tramos del litoral argentino.

Desde Arroyo Leyes, sobre la costa oeste de la laguna, Carlos David Busaniche maneja junto a su familia la empresa Setúbal Kayak's, que desde hace años ofrece distintas formas de meterse en el agua. La propuesta tiene tres formatos bien diferenciados, pensados para que cada persona encuentre el que le queda más cómodo según su experiencia, su tiempo y su estado físico.

Paseos cortos con el puente de fondo

Las salidas breves se hacen pegadas a la costa urbana, con el puente colgante de Santa Fe como referencia visual permanente y la silueta de la ciudad como telón de fondo. Son ideales para una mañana o una tarde y permiten tomar contacto con el kayak sin alejarse demasiado. Sirven, también, para tantear el agua y ver si la actividad termina conquistando al que se subió por curiosidad.

Travesía larga por el Delta Superior, con almuerzo en la isla

Las jornadas completas arrancan temprano y terminan con el atardecer sobre el agua. La embarcación se mete en el Delta Superior, donde la Setúbal se va fragmentando en cientos de cauces menores, zanjones con corriente fuerte y pasadizos entre islas que esconden playas de piedra y de arena. A la hora del almuerzo, el equipo de Busaniche prepara una bondiola isleña desmechada que se come en la costa, con el paisaje alrededor y el sonido del agua como único fondo.

Un lago artificial para los que recién empiezan

El tercer formato es, para mí, el más entrañable. Se trata de un lago artificial formado por el refulado de tierra que se hizo en barrios cercanos a la laguna. Sus aguas están siempre calmas, sin corriente y sin oleaje, y por eso es el lugar elegido para chicos y para personas que nunca se subieron a un kayak. El predio, además, se alquila con acceso directo a los esteros, una opción interesante para quienes quieran quedarse más tiempo en el lugar.

  • Briefing de seguridad antes de cada salida, con explicación de corrientes, equipamiento obligatorio y comportamiento en el agua.
  • Avisos sobre víboras y fauna silvestre en los senderos de tierra, donde el equipo recomienda pisar firme y mirar antes de avanzar.
  • Recomendación de rodear los camalotes cuando bloquean arroyos menores, o directamente caminar por las barrancas barrosas si no queda otra.
  • Sugerencia de ir en grupos con buena condición física para la travesía larga, que es la más exigente de las tres modalidades.

La fauna es, en cualquier recorrido, una de las partes más recordadas del día. A lo largo de las costas y entre los juncos aparecen flamencos rosados, garzas, espátulas, chajás, patos y gallinetas, que se dejan ver sin demasiado escándalo. El carpincho, que había quedado casi desaparecido tras la bajante extraordinaria que se registró durante la pandemia, volvió a verse con buena frecuencia en la zona, y los guías suelen señalarlo cuando aparece. En los campos de las islas pastan caballos y vacas de puesteros locales, y cuando llega la temporada las alfombras de irupé en flor le suman un detalle visual que cuesta olvidar.

Carlos David Busaniche, el dueño de Setúbal Kayak's, ya está preparando las salidas para los próximos fines de semana, con turnos que se completan por orden de reserva. Mañana temprano va a revisar el estado del equipamiento junto a su hijo, mientras los guías renuevan los chalecos y revisan los kayaks antes de la primera salida del fin de semana. La idea, cuenta, es que cada persona que se suba al agua se vaya con la sensación de haber conocido un pedazo de la laguna que de otra forma le hubiera costado mucho más alcanzar.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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