Rodillas que no dejan dormir: cuándo conviene dejar de acomodarse en la cama y llamar al médico
Cambiar la postura, aplicar frío o calor y revisar la medicación son medidas útiles, pero el especialista Wesley Baker advirtió que el síntoma que interrumpe el sueño o altera la rutina ya pide una consulta

Hay noches en las que la rodilla se hace dueña de la cama. Uno se da vuelta, prueba del lado izquierdo, vuelve al derecho, mete una almohada, la saca. Y el dolor sigue ahí, como si la articulación hubiera decidido que no es hora de descansar. Es una escena más común de lo que parece, y suele ser la puerta de entrada a una consulta que muchas personas postergan durante meses.
El escenario cotidiano lo conozco de cerca por lo que cuentan pacientes y lectores: gente que lleva años acomodándose la almohada, que toma un ibuprofeno de noche como si fuera un caramelo, que ya naturalizó el dolor y ni se acuerda de cuándo empezó. Por eso me llamó la atención la advertencia del especialista en medicina deportiva y atención primaria Wesley Baker, que es tajante: cuando el síntoma corta el sueño o entorpece las actividades del día siguiente, hay que pedir turno.
La almohada como aliada, pero no como solución
Una almohada bien ubicada puede hacer una diferencia enorme. Para quien duerme de costado y tiene artritis, Baker propuso ponerla entre las piernas; si se descansa boca arriba, la recomendación es colocarla debajo de las rodillas, con una flexión leve. La idea es simple: reducir el contacto dentro de una articulación desgastada y distribuir mejor el peso.
Ahora bien, acomodarse mejor no resuelve la causa. Como me dijo una vez Marta, de 54 años, de Morón: yo duermo con la almohada entre las piernas desde hace tres años, pero cuando me levanto sigo cojeando. Tiene razón. La almohada alivia la postura, pero el problema de fondo sigue ahí, esperando su turno en el consultorio.
Frío, calor y qué tomar antes de tomar algo
- Calor, mejor para molestias crónicas asociadas con artritis.
- Frío, útil en lesiones recientes por sobreuso y para bajar la hinchazón.
- Geles, cremas y parches antiinflamatorios, como opciones de alivio localizado.
- Ibuprofeno o naproxeno, antiinflamatorios que reducen el dolor pero pueden interactuar con anticoagulantes.
- Paracetamol, alternativa a definir con el médico cuando hay otros fármacos en juego.
Antes de echarse mano al botiquín, Baker sugiero revisar qué otros medicamentos se están tomando. Esa revisión conviene hacerla con el profesional que lleva la historia clínica, no en soledad frente a la mesita de luz. Es un punto clave que muchas veces se pasa por alto.
Por qué de noche la rodilla duele más
El especialista lo explicó con una imagen bastante gráfica: el movimiento mantiene lubricada la articulación. Durante el día, al caminar, al levantarse, al girar, esa lubricación se renueva. De noche, cuando el cuerpo se queda quieto, esa película se reduce y el dolor acumulado se hace más presente. La presión sostenida sobre una misma zona termina de completar el combo.
Entre las causas más frecuentes, Baker mencionó lesiones, procesos inflamatorios y distintos tipos de artritis. También apuntó a un detalle que suelen pasar por alto los que corren por la ciudad: asfalto deja una carga que se siente cuando el cuerpo se detiene. La solución que propuso pasa por actividades de bajo impacto, como la natación o el ciclismo, que permiten mover la articulación sin martillarla.
Mientras se consigue el turno, los consejos de Baker sirven para sobrellevar la noche: postura, almohada, frío o calor según el caso, yprudencia con los analgésicos. Pero el mensaje de fondo es claro: si la rodilla ya decide cómo dormimos, lo que corresponde es dejar de improvisar y consultar. Como me suele decir Ernesto, de 61 años, de La Plata: a mí me gusta tener todo bajo control, pero las rodillas no avisan. Por eso mañana, a primera hora, va a llamar a su traumatólogo. Quien se haya identificado con esa frase, ya sabe qué hacer.
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