Ted Lasso vuelve a mirar de frente al villano que lleva adentro y esta vez se atreve a corregirlo a tiempo
La cuarta temporada de la serie de Apple TV+ incorpora a Alice Chilton, una entrenadora asistente que recorre el mismo camino que Nate Shelley, pero con un Ted Lasso que ya aprendió a poner límites antes de que el daño sea irreparable.

Desde la butaca, lo primero que se escucha es ese murmullo característico que tienen las series cuando arrancan un partido: silbidos lejanos, camisetas que chocan, una risa nerviosa de alguien en el banco. Y en medio de ese sonido aparece Ted Lasso, con su sonrisa demasiado grande para el momento que está viviendo, porque sabe que lo que tiene enfrente ya lo vio antes. Eso es lo que me terminó convenciendo en los primeros cinco episodios de esta cuarta temporada, que se emite por Apple TV+: que la serie ya no se hace la distraída con su propia historia.
Una incorporación que incomoda desde el primer minuto
Alice Chilton, interpretada por Tanya Reynolds, llega al AFC Richmond como entrenadora asistente del equipo femenino. Tiene currículum, tiene carácter y tiene esa costumbre que en los vestuarios suele arruinar carreras: necesitar ser el centro de la escena. En los primeros capítulos, su rol parecía destinado a ser el de una Roy Kent versión táctica, dura pero contenida. Hasta que el quinto episodio la pone en una zona más conocida, más oscura, más familiar para los que seguimos la serie desde el inicio.
Ahí uno entiende la cita que sobrevuela toda la temporada y que la propia serie se encarga de recordar: el talento no alcanza cuando la frustración empieza a comerse todo lo demás. Lo escuché en mi cabeza mientras veía el entrenamiento donde Chilton explota porque las jugadoras, en vez de prestar atención a su trabajo, quieren saber qué hace Ted en su vida personal. La escena duele porque es real, porque uno la vio vivir a Nate Shelley, el eterno villano entrañable de la serie.
El paralelismo con Nate Shelley, el personaje de Nick Mohammed, no es sutil ni casual. Nate fue encargado de material, después entrenador asistente, y terminó yéndose a trabajar con Rupert en un intento torpe de vengarse de un lugar que lo había formado pero que no lo contenía. Su arco mostró lo que pasa cuando alguien talentoso se siente invisible: la inseguridad se transforma en arrogancia, la arrogancia en crueldad, y la crueldad siempre cae sobre los que tienen menos poder. La tercera temporada intentó cerrar esa historia con una redención que a mí, como espectadora, me dejó gusto a poco. Acá parece que los guionistas aprendieron algo de eso.
El Ted Lasso que aprendió a poner límites
Lo que cambia en esta entrega es la reacción del propio Ted. En lugar de bancar a todo el mundo hasta que el daño sea irreparable, el entrenador suspende a Chilton durante un partido apenas nota que su comportamiento empieza a lastimar al grupo. A primera vista puede parecer contradictorio con el Ted más bien permisivo de las primeras temporadas, pero la serie lo presenta como algo distinto: una forma de madurez. Ayudar a una persona ya no significa permitir que esa persona dañe a las demás. Eso, me parece, es lo más lúcido que dijo Lasso en toda la serie.
Hay un antecedente que pesa y que el guion no deja pasar por alto: la historia de Chilton con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern. La asistente la había criticado con tanta dureza que la futbolista se alejó temporalmente del fútbol. Ese pasado es el que condiciona cómo el resto del equipo lee cada reacción de Alice y también el margen de error que le queda dentro del club. Por eso la decisión de Ted se siente menos como un castigo y más como una intervención a tiempo.
- Alice Chilton comparte con Nate Shelley el mismo arranque: talento, frustración y dificultad para encajar en la cultura de equipo que propone Ted.
- Ted Lasso decide suspender a Chilton en pleno partido cuando detecta que su comportamiento empieza a perjudicar al grupo.
- La serie presenta esa decisión como madurez del personaje y no como una contradicción con su versión más permisiva de las primeras temporadas.
- El antecedente con la jugadora Gemma explica por qué el margen de error de Chilton dentro del Richmond ya estaba casi agotado.
- La temporada todavía tiene episodios por delante para definir si Chilton podrá encauzar su camino o si repetirá el destino de Nate.
Todavía quedan episodios por delante y la serie deja la puerta abierta. ¿Podrá Chilton reencauzar su historia o terminará repitiendo, con otros gestos, el camino de Nate? A esta altura, con un Ted Lasso que ya se animó a mirarse al espejo, uno sale del capítulo con la sensación de que la serie aprendió algo que muchas ficciones jamás aprenden: que reconocer un patrón no es traicionar a los personajes, sino cuidarlos. Y eso, créanme, se nota.
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