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Treinta dólares, un desierto y un cuerpo que se esfuma: la historia secreta de la película que nadie quiso ver en Estados Unidos

Antes de saltar a la fama con Grey's Anatomy, Katherine Heigl protagonizó un thriller de bajo presupuesto que se estrenó en una sala de Dallas y solo convocó a seis espectadores. La crónica completa de un fracaso que, paradojas del mercado, terminó siendo un negocio afuera.

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos · 18 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Hay algo que se siente cuando entrás a una sala vacía a las doce del mediodía de un sábado: el zumbido del aire acondicionado, las butacas de felpa roja todavía frías, y esa certeza de que la función va a empezar igual aunque nadie venga. Yo lo supe la primera vez que fui a ver una película un martes a las once de la mañana al cine de la esquina de mi barrio, y desde entonces cada sala semivacía me devuelve esa misma sensación. Algo parecido, multiplicado por mil, debieron haber sentido los pocos protagonistas de aquella semana en el Highland Park Village Theater de Dallas, donde entre el 25 de febrero y el 2 de marzo de 2006 se exhibió, en horario central y durante siete días corridos, Zyzzyx Road, la película más cara del minuto que menos público convocó en la historia reciente del cine estadounidense.

Un crimen, un cuerpo y una carretera en medio del desierto

La historia que cuenta Zyzzyx Road es, en realidad, bastante simple y bastante sórdida a la vez, de esas que uno imagina mientras mira por la ventanilla de un colectivo que cruza el desierto: una pareja joven decide matar al ex de ella, lo carga en una valija y lo entierra en una carretera perdida que da nombre al filme. Cuando los protagonistas vuelven a buscar el cadáver, el cuerpo ya no está. La película fue escrita, producida y dirigida por John Penney, un guionista que venía de trabajar con Brian Yuzna y Joey Travolta y que en este proyecto tomó por primera vez las riendas de la dirección sobre su propio material. La acción se ambienta en Las Vegas, pero el rodaje se extendió durante veinte días del verano de 2005 en el desierto de Mojave, ese secarral enorme que comparten California, Nevada, Arizona y Utah y que tiene la costumbre de comerse cualquier cosa que se le cruce en el camino.

Los actores: una estrella en pañales y un viejo conocido

Lo más llamativo del elenco es, sin dudas, el nombre que hoy asociamos con otra cosa. Katherine Heigl, que después se haría famosa como Izzie Stevens en Anatomía de Grey, aceptó el papel después de que Thora Birch lo rechazara, cuando ella ya había filmado el episodio piloto de esa misma serie. A su lado aparece Leo Grillo, la cara que sostiene la película, y un actor con peso propio como Tom Sizemore, que por entonces ya llevaba en el currículum títulos enormes como Rescatando al soldado Ryan y Heat. Es decir, no estamos hablando de un grupito de desconocidos filmando con un celular en un garage: había dinero, había nombres, había un director con oficio. Y sin embargo, nada de eso alcanzó para mover el amperímetro en la sala texana.

"Quería un thriller clásico, de los que se ven en la ruta, con dos personajes encerrados en un auto y en una situación que se les va de las manos", había contado Penney sobre el punto de partida del guion. La premisa suena honesta y, si uno cierra los ojos, casi puede ver la escena: arena, viento, una pala, una valija y dos personas que no pueden hablar demasiado fuerte porque el silencio del desierto amplifica todo.

La estrategia que terminó en seis butacas ocupadas

Ahora bien, lo más curioso del asunto no es el fracaso en sí, sino la lógica con la que se construyó. Grillo, que era quien empujaba el proyecto desde el lado de la producción, no estaba pensando en llenar salas en Estados Unidos. La idea, según él mismo explicó en más de una entrevista, pasaba por generar ingresos en el mercado internacional para financiar futuras películas vinculadas con animales, que es el rubro donde él venía moviéndose desde hacía años. La exhibición en Dallas fue, básicamente, un sello: el requisito administrativo para poder después vender la película afuera como un estreno legítimo, con estreno en sala, con fecha y con certificado.

  • La sala fue alquilada por mil dólares para una semana entera de funciones de mediodía, con entradas a cinco dólares la unidad.
  • Entre el 25 de febrero y el 2 de marzo de 2006 pasaron por la sala exactamente seis personas, lo que dejó una recaudación total de 30 dólares.
  • Entre los asistentes estuvieron la maquilladora Sheila Moore y una amiga; Grillo les reintegró las dos entradas, de modo que lo efectivamente cobrado quedó en 20 dólares.
  • La producción había costado 1,2 millones de dólares y el rodaje se hizo en 20 días del verano de 2005 en el desierto de Mojave.
  • Después, la película se vendió por derechos internacionales de DVD a 23 países y reunió unos 368.000 dólares.

Si uno mira los números en frío, la paradoja es casi de manual: 1,2 millones invertidos, treinta dólares recaudados en la única sala donde se exhibió, y sin embargo, una vez que elDVD cruzó la frontera, la película terminó sumando unos 368.000 dólares repartidos entre 23 países. Quiere decir que el mismo filme que nadie quiso ver en Texas se transformó, en el exterior, en un negocio modesto pero negocio al fin. Es la clase de ironía que, si la escribís como guion, te la rechazan por inverosímil.

A mí, que llevo años yendo a salas de cine con la misma mezcla de expectativa y desconfianza, esta historia me gusta contarla porque le hace honor a algo que uno intuye cada vez que compra una entrada: que el cine no termina en la sala, que a veces el verdadero estreno es el que sucede cuando la película llega a otra pantalla, en otro idioma, en otra sala, en otro mediodía donde quizás sí se llena la butaca. La pregunta queda picando para el lector: a vos, ¿qué es lo que más te tira de una película antes de decidir ir a verla, el argumento, los nombres del elenco o la perlita escondida de su historia de producción?

GC
Guadalupe CastroCultura y espectáculos

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