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Sábado, 3 de octubre de 2026
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Un robot adolescente y un líquido magnético para pescar plástico del agua

Moroti Adegboyega, un canadiense de 17 años, creó un prototipo que usa inteligencia artificial para detectar residuos y un ferrofluido casero para retirarlos. En pruebas de piscina retiró más de la mitad de los plásticos y se consagró en el Stockholm Junior Water Prize 2026.

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Malena RíosTecnología · · 3 min de lectura
Un robot adolescente y un líquido magnético para pescar plástico del agua

Un chico de 17 años, una pileta y una idea que une inteligencia artificial con un líquido que se pega a los imanes. Con esa combinación, el estudiante canadiense Moroti Adegboyega construyó Ecoferroquatics, un robot acuático que detecta plásticos flotantes, se acerca hasta ellos y los recoge con ayuda de un ferrofluido, un compuesto líquido que responde a campos magnéticos como si fuera una esponja metálica. El proyecto acaba de quedarse con el Stockholm Junior Water Prize 2026, el premio internacional más importante dedicado a iniciativas juveniles sobre agua.

Qué hizo y cómo lo midió

El joven puso a prueba su creación en nueve ensayos dentro de una piscina cargada con plásticos de distintos tamaños y tipos. En promedio, el aparato retiró el 51,85 por ciento de los residuos y recolectó 1,73 piezas por minuto. Los números, registrados en el informe técnico entregado al jurado, son una de las primeras mediciones concretas de cuánto puede aportar la inteligencia artificial a la limpieza de cuerpos de agua, aunque todavía un escenario controlado y no en ríos o lagos.

Cómo funciona el robot, paso a paso

El sistema se parece a una receta de cocina con dos ingredientes principales. Por un lado está el software: la inteligencia artificial mira la superficie, identifica qué es plástico y calcula dónde está. Piensen en una camarera que recorre un salón, reconoce los platos vacíos y se acerca solo a esos, no a las mesas ocupadas. Esa información llega a los microcontroladores del robot, los chips que hacen las veces de cerebro y le ordenan avanzar, girar o detenerse, como un piloto automático que recibe instrucciones del navegador.

El otro ingrediente es el ferrofluido, el líquido magnético que recubre una parte del equipo. Funciona como una cinta adhesiva líquida: se pega al plástico y, cuando los imanes internos del robot se activan, jalan el residuo junto con el fluido y lo retiran del agua. Para fabricarlo, Adegboyega mezcló tres componentes accesibles: aceite vegetal como base, magnetita, un mineral de hierro que le da la respuesta magnética, y ácido oleico, presente en el aceite de oliva, que cumple la función de mantener las partículas separadas para que la mezcla no se apelmace, como un detergente que impide que la grasa se junte en un solo grumo.

  • Inteligencia artificial: detecta el plástico y su ubicación en la superficie.
  • Microcontroladores: reciben esa información y comandan el desplazamiento del robot.
  • Ferrofluido: se adhiere al residuo como una cinta líquida.
  • Imanes internos: atraen el ferrofluido con el plástico adherido y completan la extracción.

El punto fuerte aparece cuando se trata de partículas muy chicas. En pruebas complementarias contra un tamiz convencional, el prototipo superó a esa malla básica porque las microfibras y fragmentos diminutos suelen colarse entre los agujeros de cualquier red, en tanto el ferrofluido puede fijarse a ellas sin importar el tamaño, del mismo modo que una gota de miel queda pegada a un pelo fino aunque pase por un colador.

Qué cambia para el usuario común

Por ahora, nada visible en la vida cotidiana. El aparato todavía es un prototipo de laboratorio, pensado para que equipos de limpieza o ambientalistas lo operen en embalses, lagos o tramos de ríos. Sin embargo, su lógica apunta a un cambio concreto: reemplazar las redes de arrastre, que suelen capturar por accidente plantas y animales junto con la basura, por un sistema selectivo que va solo a lo que reconoce como plástico. Si la tecnología se afina y sale de la pileta, podría traducirse en ríos más limpios y menos fauna atrapada en operativos de saneamiento, una mejora que, aunque no llegue al usuario en su casa, sí se nota en el agua que llega a las ciudades y en las playas que se visitan los veranos.

MR
Malena RíosTecnología

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