Una caída que no terminó en tragedia y dejó una enseñanza: lo que hay que saber antes de meterse en nieve profunda
En el Cerro Bayo, un referente del snowscoot y el snowbike se fue de cabeza por una pendiente fuera de pista y salió caminando. El episodio reabre el debate sobre los protocolos de grupo que pueden salvar una vida cuando la nieve se traga a un rider.

Lo que tenía que ser un descenso más en una mañana cualquiera de la temporada patagónica terminó, este invierno, con un golpe de realidad para los amantes de los deportes de invierno. En el Cerro Bayo, el centro de esquí que se alza a unos pocos kilómetros de Villa La Angostura, en plena cordillera neuquina, un deportista especializado en dos disciplinas poco convencionales se fue al piso en una zona de nieve polvo profunda y vivió para contarlo. Salió ileso, pero la caída dejó al descubierto una de las variables más críticas a la hora de meterse fuera de pista: qué hace el resto del grupo cuando uno de los riders queda tendido en la ladera.
Dos ruedas adaptadas para la nieve, una criatura aparte
Antes de meternos en el barro, vale la pena entender con qué se juega en estos andariveles. El snowscoot y el snowbike son, en esencia, hijos bastardos del ciclismo de montaña y del snowboard. Tomaron la geometría y el espíritu de una bicicleta BMX y la colgaron de un esquí corto adelante y una tabla atrás. El resultado es un aparato que se desliza como una tabla pero se maniobra como una bici, y que exige un nivel técnico alto: cualquier distracción en una pendiente empinada cubierta de nieve sin compactar se paga cara.
El protagonista del episodio es Mirko Luqe, un deportista argentino que se mueve como pez en el agua en esas dos especialidades y que esta temporada decidió bajar por una zona fuera de las pistas balizadas del Bayo. La nieve polvo, esa capa mullida que parece algodón y que tanto seduce a esquiadores y riders, es también la más traicionera: cede bajo el peso, esconde obstáculos y, en el peor de los casos, puede enterrar a una persona en cuestión de minutos. Luqe perdió el control, se fue varios metros pendiente abajo y terminó detenido en la ladera, magullado pero entero.
Cuando uno cae, lo primero que se rompe es la cadena de atención
Y acá es donde la historia deja de ser una anécdota de Instagram y pasa a ser un manual de supervivencia. Los protocolos básicos de seguridad en nieve fuera de pista, los que machacan los guías de alta montaña y los instructores de esquí en todo el mundo, dicen casi exactamente lo mismo desde hace décadas: ante una caída, el grupo entero se frena. Nadie sigue bajando como si nada. Primero se establece contacto visual o verbal con el accidentado; si no responde, uno o dos integrantes se acercan para evaluar el estado del compañero. En nieve profunda la ventana de tiempo es brevísima: una persona inconsciente puede quedar cubierta y asfixiarse antes de que el resto termine de procesar lo que pasó.
- Salir siempre en grupos de al menos tres personas: si una se accidenta, otra queda para pedir ayuda.
- Llevar detector de víctimas de avalancha (DVA), pala y sonda, los tres elementos básicos del equipo de rescate.
- Informar en tierra el recorrido previsto y la hora estimada de regreso antes de subir.
- Chequear el parte nivológico y las condiciones meteorológicas el mismo día, no el día anterior.
- Mantener siempre línea de visión con el compañero que va adelante: si lo perdés de vista, frená.
El Cerro Bayo es un parque de diversiones para los esquiadores y snowboarders, pero también tiene zonas de nieve virgen a las que acceden riders y esquiadores experimentados que buscan esa sensación de abrir huella en polvo. Mientras esa pulseada sigue atrayendo gente, los especialistas insisten en que la diferencia entre un susto y una tragedia se mide en los segundos que pasan entre la caída y la reacción del grupo. Luqe tuvo suerte y respondió bien. Mañana, según cuentan los que lo conocen, volverá a calzarse las botas y a subir a la montaña, porque en estas disciplinas la montaña siempre te da revancha. Pero su caída ya quedó flotando en el aire del refugio como recordatorio: en nieve profunda, la primera herramienta de seguridad no se compra en ningún negocio, se construye en la cabeza del que va al lado tuyo.
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