Una remera, un tapado, un guardapolvo: la muestra que lee la ropa argentina como archivo de su tiempo
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y Fundación IDA presentan "Vestir mundos", una exposición que recorre casi tres décadas de indumentaria nacional organizada en seis núcleos temáticos. De las crisis económicas a la biotecnología, la muestra propone mirar los diseños como documentos vivos de las discusiones sociales, ambientales y culturales del país.

A veces una remera, un tapado o un guardapolvo dicen más sobre una época que cualquier crónica escrita. Esa es, al menos, la idea que sostiene "Vestir mundos", la nueva exposición que acaba de abrir el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (ModMA) junto con la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino). La muestra estará disponible hasta el 1 de julio de 2027, lo que ya de entrada la convierte en una de las apuestas curatoriales más largas del calendario porteño.
El recorrido, organizado en seis núcleos temáticos, está curado por Franco Chimento y Raúl Flores. La hipótesis es simple pero potente: los diseñadores argentinos de las últimas tres décadas transformaron la restricción y la crisis en materia de trabajo. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", resume Chimento. En un país donde la inestabilidad es casi una constante, leer la indumentaria como respuesta creativa a la escasez cambia por completo la forma de mirar una percha.
De las crisis de los noventa al guardapolvo resignificado
Los primeros núcleos se detienen en los años que van de fines de los noventa a principios de los dos mil, cuando el país atravesaba crisis socioeconómicas profundas. Firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, jugaron con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para redefinir qué se entendía por sofisticado cuando todo faltaba. Uno de los puntos altos del recorrido es la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), realizada junto a la Cooperativa La Juanita: una propuesta que tomó el guardapolvo blanco, símbolo del trabajo asalariado, y lo resignificó como emblema de la economía autogestionada.
Sostenibilidad, tradiciones regionales y búsquedas del futuro
La sostenibilidad tiene un lugar central. El colectivo 12NA, integrado por Mariano Breccia y Mercedes Martínez, se dedica a desarmar y recomponer prendas de segunda mano. Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, mientras que la firma Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni de temporadas. El diálogo con las tradiciones regionales aparece en propuestas como MANTO —de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug—, que desde 1996 trabaja con hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea. La salteña Roxana Liendro, en tanto, traslada técnicas de orfebrería como el repujado y el cincelado sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
- Los núcleos temáticos abordan las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y los dos mil como motor creativo.
- La sostenibilidad se muestra a través de prácticas de suprarreciclaje, reutilización y deconstrucción de prendas.
- Las tradiciones textiles del norte argentino entran en diálogo con la sastrería contemporánea y la orfebrería.
- Las búsquedas más recientes exploran la biotecnología y la producción circular aplicadas a la indumentaria.
- La curaduría propone leer cada prenda como un documento de época y un registro cultural.
Un país que se viste a sí mismo
Las búsquedas más recientes de la escena local, que también tienen su lugar en la muestra, apuntan hacia la biotecnología y la producción circular, en sintonía con debates globales sobre el futuro de la moda. El hilo que une a todas estas propuestas es el mismo que atraviesa toda la exposición: la idea de que diseñar indumentaria en la Argentina nunca fue solo un ejercicio estético, sino también una forma de registrar las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales del país. Visitar "Vestir mundos" es, en ese sentido, algo parecido a recorrer un archivo vivo: uno donde cada costura guarda la memoria de los años que le tocaron.
La cita destacada corresponde a Franco Chimento, curador de la muestra. Por Ludmila Ferreyra, Sociedad.
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