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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una semana bajo techo: por qué el cuerpo no entra en pánico si el cielo se queda nublado y cuándo sí hay que controlar la vitamina D

Ramiro Heredia, médico internista de la Universidad de Buenos Aires, separó lo que sabemos del sentido común: las reservas del organismo amortiguan los días grises, la suplementación sin estudio puede ser tóxica, y solo algunos grupos tienen motivo real para pedir un análisis.

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Ludmila FerreyraSociedad · · 4 min de lectura
Una semana bajo techo: por qué el cuerpo no entra en pánico si el cielo se queda nublado y cuándo sí hay que controlar la vitamina D

Arrancó la semana con la térmica bajo cero, la radio de la cocina sintonizando el parte de las siete y la frase que ya se escucha en cada mesa familiar: "no se ve el sol hace días, vamos a tener que tomar vitamina D". El comentario se repite en grupos de WhatsApp y en la sala de espera de cualquier clínica, pero la realidad biológica es bastante menos dramática de lo que sugiere esa intuición. El cuerpo humano viene preparado para soportar jornadas enteras sin ver un rayo de sol sin que sus niveles de vitamina D se desplomen de un día para el otro.

Así lo explicó Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, al repasar cómo funciona el metabolismo de esta vitamina a partir de la radiación ultravioleta B, esa franja de la luz solar que llega a la piel y dispara la síntesis cutánea, la principal fábrica de vitamina D para la mayoría de las personas. "Las nubes filtran parte de esa radiación, pero no la eliminan por completo. Una semana de cielo cubierto no genera una caída significativa", completó Heredia, en línea con lo que repiten sociedades científicas y guías de práctica clínica.

Reservas, alimentación y grupos de riesgo

Para entender por qué un invierno nublado no es una emergencia médica hace falta mirar cómo trabaja el organismo. La vitamina D que la piel fabrica se deposita en el tejido adiposo y en el hígado, un pequeño stock que la biología mantiene como reserva. Esas reservas son las que bancan las semanas grises, los días cortos y hasta alguna licencia sin aire libre. Cuando esa reserva previa es buena, la diferencia entre una semana con sol y una semana sin él es apenas perceptible en un análisis de sangre.

La dieta suma una cuota más. En una cocina argentina típica los huevos del domingo, el salmón o la caballa del menú dominical, y los yogues descremados fortificados que forman parte del Plan Más Leche, Más Nutrientes aportan una cantidad complementaria de esta vitamina. Para Ramiro, que tiene 52 años y vive en Morón, el punto es claro: "la alimentación sola no alcanza cuando la deficiencia está instalada". En personas con valores normales, en cambio, la comida cubre un porcentaje menor pero útil.

Aunque la naturaleza parece estar del lado del paciente, hay subgrupos donde el escenario cambia. Heredia los enumeró con precisión:

  • Adultos mayores, por menor capacidad de síntesis cutánea.
  • Personas con obesidad, donde la vitamina queda "atrapada" en el tejido adiposo.
  • Pacientes con enfermedad celíaca, por malabsorción intestinal.
  • Quien atravesó una cirugía bariátrica, una internación prolongada o un cuadro crítico.
  • Personas con osteoporosis diagnosticada o fracturas previas.

Para estos grupos la recomendación es otra: pedir un análisis de sangre —lo que en la clínica se llama 25-hidroxivitamina D— y, según el resultado, definir con un profesional si corresponde un plan de suplementación. Para el resto de los adultos sanos, la indicación del especialista es directa: no hay que comprar frascos en la farmacia por las dudas.

Por qué suplementar "por las dudas" puede ser mala idea

Existe un costado poco difundido de la historia: la vitamina D en exceso es tóxica. Consumir dosis elevadas en forma sostenida puede elevar el calcio en sangre, dañar la función renal y provocar cálculos renales y, en casos extremos, arritmias. La ventana entre lo suficiente y lo de más es más angosta de lo que sugiere la cultura del suplemento. Por eso mismo no se trata de una vitamina que pueda tomarse como se toma un té de manzanilla: requiere control profesional.

La vitamina D cumple roles centrales: favorece la absorción de calcio y fósforo en el intestino, dos minerales sin los cuales el hueso se desarma; participa en la función muscular y en la regulación del sistema inmunitario. Su carencia prolongada produce, en adultos, cuadros de osteomalacia, mayor fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas; en chicos, puede derivar en raquitismo.

Sobre el vínculo entre la falta de luz natural y el estado de ánimo —una preocupación frecuente en esta parte del año—, Heredia aclaró que la vitamina D no es la pieza principal de ese rompecabezas. La melatonina, la serotonina, el patrón de sueño y el ritmo circadiano pesan más en la regulación anímica que los niveles circulantes de esta vitamina.

Mañana temprano, Ramiro, que asiste los lunes al hospital, va a revisar las historias clínicas del día y dejar indicado el dosaje de 25-hidroxivitamina D solo para los pacientes que pertenecen a alguno de los grupos de riesgo que enumeró. El resto, saldrá a caminar media hora al aire libre cuando despeje, y seguirá con la dieta de siempre, sin frascos milagrosos en la mesita de luz.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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