Aquellos que crecieron al ritmo de "Naruto": lo que la animé les dejó sin que lo notaran
Un trabajo reciente asegura que la serie japonesa, emitida entre 2002 y 2017, dejó huella en la forma en que una generación entera aprende a sobreponerse a los golpes de la vida.

Todavía me acuerdo del ruido: el del grabador de la tele a lo loco, el del vecino del tercer escalón que gritaba los ataques como si fueran goles, y el del patio de mi casa en Morón donde, junto a un grupo de pibes de ocho o nueve años, nos peleábamos a los manotazos por ver quién hacía la técnica de clonación. Eran los primeros dos mil y algo, y todavía no había streaming ni nada que se le pareciera: había que conformarse con la señal de cable que entraba con un poquito de nieve y esperar paciente a que el dibujito empezara. Aquello que mirábamos como un pasatiempo más, casi sin darle importancia, parece haber sido bastante más formativo de lo que en ese momento imaginábamos, al menos si le creemos a un estudio que se viralizó en los últimos días y que sostiene que haber crecido con la serie animada Naruto está asociado a una mayor resiliencia emocional en la vida adulta.
Una investigación que se difundió a partir de las redes
El trabajo lleva por título "Naruto: Un estudio sobre la Resiliencia y el Crecimiento en la Animación Japonesa" y, según lo que se desprende del material al que pude acceder, fue encabezado por las investigadoras Alfin Rosydha y Nalia Roohma. Aunque se publicó originalmente en octubre del año pasado, lo cierto es que la discusión cobró fuerza en las últimas semanas, cuando capturas y frases sueltas del paper empezaron a circular de cuenta en cuenta en distintas plataformas digitales y la conversación se metió de lleno en los recuerdos de toda una generación que se crió, sin saberlo, mirando dibujitos japoneses en la tele.
Lo que las autoras se propusieron fue analizar de qué manera la narrativa de la serie moldeó la forma en que sus espectadores más chicos procesaron situaciones difíciles a lo largo de los años. Y la conclusión a la que llegaron es bastante clara: para ellas, Naruto es mucho más que una historia coming-of-age, tal como lo señalan en el propio trabajo; es, en realidad, una narrativa con raíces profundas en los temas de la resiliencia, la perseverancia y el crecimiento personal, algo que uno escapado de los pibes puede confirmar sin demasiado esfuerzo a la hora de repasar su propia historia.
El arco del protagonista como modelo formativo
El corazón del análisis está puesto en el arco del personaje principal: un huérfano marginado, lleno de marcas en el cuerpo y en la historia, que se niega sistemáticamente a bajar los brazos frente al rechazo y al fracaso y que persiste, capítulo tras capítulo, en la búsqueda de un objetivo que parece inalcanzable, que es nada menos que convertirse en Hokage, el líder máximo de su aldea. Para los autores del estudio, esa dinámica de levantarse una y otra vez habría funcionado como una especie de modelo formativo para los espectadores infantiles, que todavía estaban armando sus propios esquemas a la hora de pensar cómo se enfrenta uno a la vida cuando las cosas no salen como uno quiere.
- Perseverancia: la idea de que caer muchas veces no es óbice para volver a pararse y seguir intentando, algo que el personaje repite a lo largo de toda la serie.
- Empatía: la capacidad de ponerse en el lugar del otro incluso cuando ese otro es adversario, una constante en el recorrido del protagonista.
- Importancia del vínculo: el recorrido de Naruto Uzumaki no se entiende sin sus mentores y compañeros, y la serie repite hasta el cansancio que el éxito colectivo supera al individual.
- Pedir ayuda como parte del crecimiento: según las autoras, la historia enseña que aceptar y recibir apoyo no es un signo de debilidad sino una herramienta más para seguir adelante.
En lo que hace específicamente a la resiliencia, la investigación subraya un punto que me parece clave y que vale la pena detenerse a mirar con un poquito de calma: no se trata, dicen, de un rasgo con el que se nace, sino de una habilidad que se entrena con la exposición repetida a desafíos, del mismo modo en que se entrena un músculo. Ver a un personaje levantarse una y otra vez, perder y volver a empezar, habría servido como una especie de gimnasio emocional para audiencias que todavía estaban formando su manera de leer el mundo, y eso, siempre según el trabajo, terminó acelerando un aprendizaje que de otra manera hubiera demandado más tiempo y más golpes.
Otro de los hallazgos del estudio, que a mí particularmente me hizo ruido porque me toca de cerca, apunta al peso que la serie le da a los vínculos. El recorrido de Naruto Uzumaki no se entiende sin sus mentores, sin sus compañeros de equipo y sin toda esa red de relaciones que lo van sosteniendo a lo largo de las más de setecientas emisiones que la serie y su continuación Naruto Shippuden llegaron a completar entre 2002 y 2017, con la serie original creada por Masashi Kishimoto. Para las autoras, esa insistencia en que el camino no se hace solo termina funcionando como una especie de recordatorio cotidiano para los espectadores: pedir y recibir ayuda no es debilidad sino parte del crecimiento, una idea que a esta altura uno ya escuchó muchas veces pero que, dicho desde el living de la casa y con la tele de fondo, parece haber quedado grabada de una manera bastante particular en la cabeza de toda una camada de pibes y pibas.
Ahora bien, dejando de lado los datos duros y los hallazgos del paper, que son los que son y no conviene estirarlos más de la cuenta, lo cierto es que la pregunta que me quedó dando vueltas después de leer todo esto es bastante simple y, creo, bastante de estas latitudes: ¿cuántos de los que pasamos horas y horas frente a la pantalla siguiendo las aventuras de ese naranjito lleno de cicatrices no terminamos incorporando, casi sin querer, algo de esa lógica del "no me rindo" y del "los amigos están" a la hora de pensar cómo encarar nuestros propios quilombos? Porque, mirá, a mí me cuesta separar el dibujo de la propia vida, y cada vez que escucho aquello de que Naruto le enseñó a una generación entera a levantarse después de un golpe fuerte, se me viene a la memoria el patio de mi casa, los gritos de los pibes, la imagen del personaje cayendo y volviendo a empezar, y la sensación, bastante íntima, de que algo de todo aquello se nos quedó pegado para siempre. ¿Te pasa lo mismo?
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Estrenos de Netflix, Prime Video, Max, Disney+ y Apple TV+ (16 al 22 de diciembre)

“Suits LA”: ¿qué hay detrás del regreso de Harvey Specter en el spin-off de “La ley de los audaces”?

Sifu, Deliver At All Costs y Gigapocalypse: Oportunidades gratuitas en Epic Games Store
