Calentar la comida en el microondas: por qué los toxicólogos prefieren el vidrio o la cerámica y qué hacer con los envases de plástico
Cambiar el recipiente antes de llevar el plato al horno eléctrico es una medida doméstica simple para achicar el contacto con partículas que pueden desprenderse del plástico. Los especialistas consultados por este portal explican cómo actúa el calor, qué dice la leyenda "apto para microondas" y qué se sabe, hasta ahora, sobre los efectos de esas sustancias en el cuerpo humano.

Cada vez más familias argentinas recalientan la comida del día anterior en el microondas y, casi por reflejo, la ponen en el mismo envase plástico en el que llegó del supermercado o del rotisería. Esa costumbre, tan instalada como poco cuestionada, empezó a quedar en el centro de la conversación entre toxicólogos que estudian qué pasa cuando los plásticos se calientan. La advertencia es concreta: el calor puede favorecer la liberación de partículas y aditivos hacia los alimentos, y por eso crece la recomendación de mudarlos a un recipiente de vidrio o cerámica antes de ponerlos en el horno.
El consejo de pasar la comida a otro recipiente
Para Wells Brambl, médico especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island, dependiente de Northwell Health, el primer paso es bien terrenal: agarrar la porción que uno quiere recalentar, sacarla del envase plástico y llevarla a un bowl de vidrio, a una fuente de cerámica o, en última instancia, a un plato de loza. La idea no es alarmar, sino reducir una exposición que, según la literatura científica, se repite varias veces por semana en la mayoría de los hogares.
Brambl entiende que no siempre hay un recipiente limpio a mano. Cuando no queda otra opción que usar el plástico, su recomendación es bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida, en lugar de llevarla a un hervor seco. La lógica es directa: menos calor, menos vibración interna del material, menos chances de que se desprendan fragmentos y sustancias que fueron agregadas durante la fabricación del envase.
Qué le hace el calor al plástico
La explicación química la aporta Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist. Cuando un recipiente plástico entra al microondas, las moléculas que forman su estructura empiezan a vibrar con el aumento de temperatura y, en algunos casos, esa vibración es lo suficientemente intensa como para fracturar la cadena de polímeros. A partir de ahí se abre la puerta para que migren hacia la comida fragmentos pequeños del material y aditivos que se incorporaron durante la producción: colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas, entre otros.
“El calor hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar la estructura de polímeros; eso permite que fragmentos y aditivos pasen a la comida.”Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist
Qué significa "apto para microondas"
- Para Brambl, la leyenda "apto para microondas" no equivale a "cero liberación de partículas". El sello indica que el envase resistirá el calentamiento sin deformarse ni liberar compuestos en niveles considerados críticos por los organismos regulatorios, pero no clausura el debate sobre los microplásticos.
- Oyewole, en cambio, pone el foco en otro matiz: que un material esté aprobado para estar en contacto con alimentos no significa que se haya respondido la pregunta de fondo, que es qué ocurre en el cuerpo cuando esas partículas se ingieren de manera cotidiana durante años.
- El consenso entre ambos pasa por revisar la cocina con ojo crítico: descartar utensilios y tapas de plástico muy gastados o con marcas de uso, y reemplazar de a poco las esponjas y los recipientes rayados por versiones de silicona apta para horno o, directamente, de vidrio o cerámica.
Qué se sabe, y qué no, sobre los efectos en la salud
La pregunta que más preocupa a cualquier cocinero hogareño es qué pasa después de comer, durante años, pequeñas cantidades de plástico sin notarlo. Brambl es claro: ya hay estudios que detectaron microplásticos y nanoplásticos en distintos tejidos del cuerpo humano, y algunos trabajos observaron asociaciones con procesos inflamatorios. Pero el especialista apura a poner paños fríos: una correlación estadística no prueba que esas partículas sean las responsables de la inflamación. La comunidad científica todavía trabaja para entender los efectos a largo plazo y, sobre todo, para separar causa de coincidencia.
Por eso, la lectura que hacen los toxicólogos es la de un problema real, pero con magnitudes todavía por definir. La contaminación ambiental llega a los alimentos mucho antes de que entren a la cocina: el agua, el aire y el suelo ya contienen microplásticos, y eso significa que cambiar el recipiente del microondas reduce una parte de la exposición, no la totalidad. En el consultorio, el mensaje que transmiten es que las decisiones individuales suman, pero no reemplazan a las políticas industriales y ambientales que regulan qué se fabrica y qué se descarta.
Cambios simples que arrancan mañana a la mañana
En la práctica, la rutina sugerida empieza antes del primer café. Cuando Clara Martínez, 52 años, de Lanús, abre la heladera para sacar el tupper con el guiso que sobró de la noche, lo primero que hace es pasarlo a un plato de cerámica antes de ponerlo en el microondas, y revisa con la punta del dedo las tapas y los bowls de plástico que ya tienen cortes o zonas blanquecinas para mandarlos al reciclado. Mañana, apenas se levante, planea hacer lo mismo con el mate cocido que recalienta en la oficina y, de paso, reemplazar la última esponja de plástico rayada por una de fibras vegetales. Son gestos chicos, insiste Brambl, pero repetidos en miles de cocinas terminan pesando.
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