Cuando una serie se sube al avión y termina en el Senado
La segunda temporada de "Los ensayos", el programa creado por Nathan Fielder, puso el ojo en los pilotos con cuadros de ansiedad o depresión que igual podían volar. La sirvió de impulso para dos leyes que el Senado de Estados Unidos aprobó por unanimidad en septiembre.

Abrí la segunda temporada de "Los ensayos" sin saber qué me esperaba y, en apenas veinte minutos, ya estaba mirando con otros ojos cada vez que un avión despega. Hay algo en la propuesta de Nathan Fielder que empieza por un sonido muy concreto, el del motor en cabina, y termina sacándote a la calle con una pregunta que incomoda: cuántas veces te subiste a un vuelo sin saber realmente quién estaba al mando de los comandos.
La serie, que se estrenó en abril de 2025, se propuso desde el arranque una investigación que parecía casi periodística: cómo reducir los accidentes de aviación. Para responderla, Fielder se metió de lleno en el mundo de los pilotos comerciales, de sus entrenamientos, de los chequeos médicos que pasan una y otra vez para mantener la habilitación. Lo que fue encontrando en el camino tiene la forma de un thriller documental, pero es más bien un espejo deformado de una industria gigante que confía sus vuelos a personas bajo presión constante.
Lo que mostró la serie que nadie quería ver
A lo largo de los capítulos se revela que pilotos que llegan a consulta con síntomas claros de ansiedad o depresión pueden zafar de los controles y quedar habilitados para volar. Fielder llevó el experimento hasta un punto que, visto hoy desde el sofá, suena cinematográfico: con un diagnóstico ambiguo encima, consiguió que lo declararan apto para pilotar un Boeing 737 con pasajeros que, en realidad, eran actores. La escena en cabina tiene esa tensión silenciosa que solo aparece cuando entendés que la cosa se está pasando de rosca.
Como escribe el narrador de la propia serie, cuando todo se descontrola lo más sano es volver a empezar de cero. Fielder parece tomarse esa idea al pie de la letra: empieza de cero una y otra vez con cada conversación, cada simulador, cada formulario, hasta que el espectador empieza a sentir en el cuerpo lo que significa sentarse frente a un profesional que te hace firmar una declaración jurada.
De la pantalla al Senado de Estados Unidos
La segunda temporada llegó a una audiencia masiva y, con el paso de los meses, empezó a colarse en otro tipo de conversaciones. Colaboradores de varios congresistas empezaron a citar el programa cuando presionaban a los legisladores para que avanzaran con una reforma que ya estaba dando vueltas desde 2024, cuando organismos especializados en salud mental le habían pedido a la Administración Federal de Aviación que revisara sus criterios de aptitud para pilotos.
El resultado fue casi insólito en la política estadounidense: en septiembre, el Senado aprobó por unanimidad dos proyectos de ley, uno de cada partido, pensados para reforzar la atención psicológica de los pilotos y para que puedan pedir ayuda sin sentir que están firmando la baja de su propia licencia. Fielder, consultado por Deadline, se mostró cauto al respecto y dejó una frase que vale la pena guardar: "No sé si sirvió de algo, pero me agrada oírlo".
- El Senado estadounidense aprobó por unanimidad dos proyectos de ley vinculados a la salud mental de los pilotos.
- La normativa todavía debe pasar por la Cámara de Representantes para convertirse en ley.
- En 2024, organismos de salud mental ya habían pedido cambios en los criterios de aptitud de la FAA.
- Fielder declaró, en tono moderado, que no sabe si la serie influyó pero que le "agrada oírlo".
- El caso reabre el debate sobre cuánto puede empujar una producción audiovisual debates concretos en la agenda pública.
Una serie que se tomó en serio lo que vio
Lo que deja esta segunda temporada no es solo una temporada incómoda para mirar, sino una oportunidad para pensar cómo se cuentan ciertas historias. Hay una escena, casi al final, en la que Fielder se cruza con un instructor en un pasillo y le pregunta con la misma calma con la que uno pregunta cómo llegar a la estación: ¿de verdad es tan así? El otro lo mira, duda, y termina diciendo algo que, bien traducido, significa "sí, y nadie se anima a tocarlo".
Cuando terminé el último capítulo me quedé pensando en lo fácil que es mirar para afuera del avión mientras el avión sigue volando. Esta serie, que se animó a mirar hacia la cabina, terminó empujando algo que estaba trabado desde hacía años. No es poco. Ni mucho menos.
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