Lunes, 14 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Ya Noticias

PortadaVida

De Neuquén a Caracas con una urna bajo el brazo: la cruzada personal de un voluntario de Cruz Roja para cumplir el último deseo de un desconocido

Juan Diego Lorente, presidente de la filial neuquina de la Cruz Roja Argentina, transportó las cenizas de un venezolano fallecido en un hospital público hasta la casa de su hermano en Perú. Y de ahí siguió hasta Venezuela, donde hoy acompaña a un hombre que intenta reencontrarse con su madre tras el terremoto.

LF
Ludmila FerreyraSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La historia arranca en una habitación del Hospital Provincial Neuquén, donde Néstor Tovar Ibarra, un venezolano que había elegido vivir en la Patagonia argentina, terminó postrado después de una caída que le rompió la vida en dos. La lesión medular lo dejó paralítico y los 416 días que pasaron entre aquella internación y su muerte los pasó mirando el techo de una sala del servicio de Traumatología, mientras el cáncer de próstata que le descubrieron sobre el final hacía su propio trabajo silencioso. No pudo volver a su país. No llegó a abrazar a los suyos. Pero antes de rendirse dejó un pedido tan concreto como desesperado: que sus cenizas llegaran a su hermano Adrián, que vive en Perú.

Quien tomó ese deseo como propia fue Juan Diego Lorente, presidente de la filial neuquina de la Cruz Roja Argentina. La organización coordinó el operativo con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, armó la logística y acompañó cada paso del traslado. Las cenizas cruzaron la frontera, viajaron por tierra y aire, y finalmente fueron entregadas a la familia de Néstor en territorio peruano. Para Lorente no fue un trámite: fue una misión.

De Perú a Venezuela, con la billetera propia

Terminada esa parte del viaje, Lorente resolvió no volver. Con plata de su bolsillo y el respaldo de su familia, siguió hasta Venezuela para ofrecerse como voluntario frente a los efectos del terremoto que azotó al país. Desde la Cruz Roja Argentina aclararon que no hay una misión operativa oficial de personal argentino en territorio venezolano, aunque sí hubo apoyo material y económico y existen los mecanismos para activar un despliegue si la situación lo llegara a requerir. Lorente, mientras tanto, ya estaba recorriendo edificios dañados y estructuras colapsadas en Caracas, con el chaleco rojo puesto por cuenta propia.

En uno de esos recorridos, a pocos pasos de su alojamiento, se topó con una plaza con un gimnasio al aire libre abierto hasta la medianoche, gratuito y con un profesor presente. A Lorente, fanático del culturismo desde hace años, le llamó la atención. Se quedó mirando las máquinas y, como tantas veces pasa cuando dos personas comparten una pasión, terminó hablando con el profesor. Lo que arrancó como una charla de gimnasio se transformó rápido en otra cosa.

“Este hombre me empezó a contar que había perdido familiares en el terremoto, que hacía años que no veía a su mamá, que tiene 73 años, y que había un lugar del sismo al que él no había podido volver porque le pesaba demasiado hacerlo solo. Y ahí decidí quedarme.”Juan Diego Lorente, 47 años, Neuquén

Esa decisión incluye algo que suena enorme y a la vez simple: Lorente quiere estar al lado del profesor cuando intente el reencuentro con la madre de 73 años, y también cuando se anime a pisar ese sitio ligado al terremoto al que no pudo acercarse solo. No es un operativo con equipos, ni un parte de prensa, ni una foto con autoridades. Es, literalmente, un voluntario argentino acompañando a un venezolano en el duelo, en una plaza con barras y pesas a la que se llega caminando.

  • Juan Diego Lorente, titular de la filial neuquina de Cruz Roja Argentina, cumplió el pedido de Néstor Tovar Ibarra y llevó sus cenizas hasta la casa del hermano en Perú.
  • Después siguió hasta Venezuela con fondos propios para colaborar como voluntario tras el terremoto que sacudió al país.
  • Cruz Roja Argentina aclaró que no hay misión oficial de personal argentino desplegada, aunque la organización envió apoyo material y económico.
  • En Caracas, Lorente se detuvo en una plaza con gimnasio al aire libre y entabló una charla con un profesor que perdió familiares en el sismo.
  • El voluntario planea acompañar al profesor en el reencuentro con su madre de 73 años y en la visita al lugar del terremoto que no pudo enfrentar solo.

Mañana, cuando el sol caiga sobre esa plaza caraqueña, Lorente volverá a estar ahí. No para entrenar, no para sacar fotos, no para firmar ningún convenio. Estará para que un hombre que todavía no termina de procesar lo que perdió tenga a alguien al lado cuando se anime a caminar hacia donde todavía no puede ir solo. A veces las cruzadas personales empiezan con una urna y terminan en una barra de dominadas. Esta empezó con las dos cosas.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo