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Sábado, 3 de octubre de 2026
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La esquina donde Mafalda sigue hablando: una recorrida por San Telmo entre esculturas, ferias y frases que Mafalda nunca dijo

En Chile y Defensa, la estatua del personaje de Quino se convirtió en punto de peregrinación para turistas y vecinos. La nota recorre el paseo, la feria dominical y los objetos que llevan su imagen, con un llamado a mirar con cuidado qué frases le atribuyen.

LF
Ludmila FerreyraSociedad · · 5 min de lectura
La esquina donde Mafalda sigue hablando: una recorrida por San Telmo entre esculturas, ferias y frases que Mafalda nunca dijo

Lo primero que hay que saber antes de ir es la dirección exacta, porque Mafalda no está en un museo ni detrás de un vidrio: está en una esquina, al aire libre, sentada en un banco con las piernas cruzadas y la mirada clavada en la calle. La cita es en Chile y Defensa, pleno corazón de San Telmo, donde la escultura del personaje creado por Joaquín Salvador Lavado, Quino, se transformó con los años en uno de los puntos más fotografiados del barrio. La estatua forma parte del Paseo de la Historieta, ese recorrido urbano que el gobierno porteño habilitó para sacar a los personajes de las revistas y traerlos a la vereda, y lo que se ve allí, un domingo cualquiera, es una pequeña multitud haciendo cola para sacarse una foto con la nena de cara seria que piensa el mundo mientras los demás lo miran pasar.

Yo fui un domingo a media mañana, con el sol todavía tibio y la calle Defensa empezando a poblarse de puestos. La esquina de Chile y Defensa ya tenía su pequeño grupo de visitantes esperando el turno para posar junto a Mafalda. Había parejas jóvenes, familias con chicos y también varios extranjeros con la cámara colgando del cuello, algunos preguntándole al de al lado cómo se pronuncia el nombre del personaje. La fila no es enorme pero tampoco es instantánea: hay que armarse de paciencia, calcular el tiempo y entender que esa espera es parte del paisaje. Nadie sabe decir con certeza cuánto se demora, porque no hay un cartel que lo indique, pero la escena se mueve sola, alguien se acomoda, alguien le toma la foto, alguien se va y entra el siguiente.

La feria como continuación del recorrido

Lo interesante es que la estatua es apenas el arranque. A metros de ahí empieza la feria dominical de San Telmo, esa que se estira por Defensa con su marea de mesas, lonas y antigüedades, y donde la imagen de Mafalda aparece una y otra vez, repetida en cerámicas pintadas, en mates con su cara, en cuadernos, en imanes, en muñecas tejidas a mano. Hay objetos para todos los bolsillos y para todos los gustos, desde piezas más cuidadas, con colores firmes y frases que efectivamente salieron de las tiras, hasta otras más improvisadas, con bordes desparejos, donde el dibujo se acerca al personaje pero no termina de cerrarle. Caminar entre los puestos con Mafalda como hilo conductor es una forma poco habitual de recorrer la feria: uno deja de mirar solo los muebles viejos o las bijouteri y empieza a cazar al personaje en cada mesa, como si fuera un juego.

Mientras hacía ese juego, me crucé con Marcela, 52 años, de Lanús, que estaba de visita en la capital con su hermana y se había acercado hasta San Telmo especialmente para sacarse la foto. Me contó que de chica leía la tira en el diario y que ahora la muestra a sus sobrinos por Youtube, pero que nunca había tenido la oportunidad de pararse al lado de la estatua. Me dijo, mientras esperaba su turno en la cola, que lo que más le llamaba la atención era ver a la nena en tamaño real, sentada en un banco común, como si fuera una vecina más del barrio. Cuando le pregunté qué iba a hacer mañana, me respondió que pensaba pasar por el Centro y, de paso, buscar un libro de Mafalda en alguna librería de Corrientes para llevárselo a la más chica de sus sobrinas, que empezó a leer este año y todavía no conoce las tiras.

Cuidado con las frases: no todo lo que dice Mafalda lo escribió Quino

  • Entre los objetos con la imagen de Mafalda circulan frases que el personaje jamás dijo en las tiras y que nada tienen que ver con el humor ácido y crítico de Quino.
  • La recomendación, antes de comprar cualquier recuerdo, es releer las historietas o buscar fuentes oficiales para confirmar que la cita sea auténtica.
  • Reconocer la cara del personaje no alcanza: la imagen se reproduce sin control sobre cualquier superficie, y eso incluye mensajes que no salieron de su pluma.
  • En la propia feria conviven piezas avaladas por los herederos de Quino con otras de origen incierto, así que la mejor herramienta del comprador es la lectura previa de la obra.

La recorrida no termina en la esquina. Varios comercios de la zona se fueron sumando al Paseo de la Historieta con sus propias estatuas, de manera que la caminata ofrece sucesivos encuentros con el personaje mientras uno avanza por las veredas. Está Mafalda en su banco, pero también hay otras figuras del elenco repartidas en distintos puntos: Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, el grupo de amigos que Quino fue construyendo tira tras tira y que, según el humorista gráfico Tute, constituye uno de los rasgos más ricos de la obra, justamente por la complejidad de cada personalidad y por la manera en que las historietas incorporaron los grandes asuntos del mundo a las conversaciones de un grupo de chicos porteños. Esa galería al aire libre es lo que vuelve al barrio, para mí, una especie de museo sin paredes: se camina entre mesas de anticuarios, se baja por Defensa y, de tanto en tanto, aparece una escultura que te obliga a detenerte.

Cierro la nota como la empecé, con la imagen de Mafalda sentada en su banco de la esquina de Chile y Defensa, ahora con la luz de la tarde pegándole de lleno en la cara. Si alguien me preguntara cómo armar la salida, le diría algo simple: llegar temprano, llevar la cámara cargada, tener un libro o el celular con las tiras a mano para chequear las frases, y regalarse el tiempo de caminar la feria sin apuro, porque Mafalda va a seguir ahí, en la misma esquina, esperando la foto, y la feria va a seguir ahí, desplegando puestos, mientras el barrio siga siendo el barrio. Antes de irme, le pregunté a Marcela qué personaje de Quino elegiría para una foto si pudiera sumarlo a la recorrida, y me dijo, sin dudarlo, que a Susanita, porque le hace acordar a una tía suya que dice las mismas cosas. Mañana, ya en su casa de Lanús, piensa abrir el libro nuevo con su sobrina y leerle las primeras tiras en voz alta, para que la nena empiece a conocer a Mafalda por donde hay que conocerla: por las páginas.

LF
Ludmila FerreyraSociedad

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