Pantallas, mate y vigilia: cómo la última hora frente al celular nos roba el sueño (y qué hacer para recuperarlo)
Especialistas en medicina del sueño explican por qué la luz azul es apenas una parte del problema y qué hábitos simples pueden devolverle al cuerpo la posibilidad de descansar de verdad.

Lo primero que pregunta un especialista cuando alguien se sienta en el consultorio y dice que no puede dormir bien no tiene nada que ver con la cama, con la almohada ni con el ruido de la calle. La pregunta, casi ritual, apunta a la mesa de luz: qué hiciste con el teléfono, la tablet o la notebook antes de acostarte. Y la respuesta, en la enorme mayoría de los casos, confirma el diagnóstico informal antes de que el paciente termine de contarlo. Scrollear noticias, contestar mensajes, mirar el mail del trabajo o dejarse llevar por el algoritmo de las redes sociales se volvió el pasatiempo predilecto de las horas previas al descanso. La pregunta es hasta qué punto esa costumbre, tan instalada que ya parece invisible, está conspirando contra el sueño.
La luz azul es solo la punta del hilo
Hay una explicación química que casi todo el mundo repite: la luz azul de los dispositivos frena la producción de melatonina, la hormona que le indica al cuerpo que es hora de bajar el telón. Esa parte es cierta. Pero la científica del sueño Carleara Weiss, asesora de la empresa Aeroflow Sleep, advierte que la luz es apenas una de las capas del problema. La otra, y a veces la más determinante, es lo que se hace con esa luz. Las noticias, los chats, el correo laboral y el contenido emocionalmente cargados de las redes sociales mantienen al cerebro en un estado de alerta sostenido justo cuando debería empezar a apagarse. Es como si después de un día entero de ruido interno alguien subiera el volumen a último momento.
“No es necesario eliminar las pantallas antes de dormir, pero sí ser consciente de lo que se hace en ellas y cuánto estimulan.”Shelby Harris, especialista en sueño conductual e integrante del consejo asesor de Project Sleep
Harris, una de las voces más escuchadas en medicina del sueño en Estados Unidos, insiste en que el aparato en sí importa menos que el uso. Un video tranquilo o música suave no activan al cerebro de la misma manera que revisar el trabajo o seguir un hilo de noticias. Las pantallas, además, distorsionan la percepción del tiempo: aquel ratito de TikTok que iba a ser de diez minutos termina siendo una hora, y la hora de dormir se corre sin que la persona se dé cuenta. El cerebro no distingue entre un estímulo relevante y uno intrascendente: cualquier contenido que demande atención compite con la señal de sueño.
Antes de culpar al celular: otras causas que también sabotean el descanso
- Estrés acumulado durante el día, que mantiene la mente dando vueltas a problemas cuando se apaga la luz.
- Horarios de sueño irregulares, sobre todo acostarse y levantarse a horarios distintos cada jornada.
- Consumo de cafeína en horas de la tarde o la noche, incluso en el mate de después de la cena.
- Alcohol, que fragmenta el sueño aunque ayude a conciliarlo más rápido.
- Sedentarismo y ausencia de exposición a la luz natural durante el día.
- Algunos medicamentos y condiciones como el reflujo, el dolor crónico o los cambios hormonales.
- Trastornos específicos como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas.
Lo aclara Rupali Drewek, codirectora del programa de medicina del sueño del Hospital Infantil de Phoenix: las pantallas son el punto de partida de la consulta, no una condena anticipada. Despertarse alguna vez durante la noche, incluso más de una, es parte del sueño normal. Lo que define si hay un problema real, explica, es la combinación de cuatro señales: la frecuencia con que se repiten esos despertares, cuánto duran, qué tan rápido la persona vuelve a dormirse y, sobre todo, el impacto que todo eso tiene al día siguiente en el humor, la atención y la energía. Si un mal descanso se repite varias veces por semana y empieza a pasar factura en la vida cotidiana, ahí la conversación deja de ser sobre hábitos y pasa a ser sobre salud.
La buena noticia, y es la que repiten los tres especialistas consultados, es que la adicción al celular antes de dormir es un hábito modificable. No requiere estudios ni tratamientos costosos: exige revisar la propia rutina, identificar qué se consume en esa última hora y decidir si vale la pena pagar el precio al otro día. Pequeños cambios suelen alcanzar: bajar el brillo de la pantalla, activar el modo nocturno, dejar el teléfono cargando fuera del dormitorio y reemplazar los contenidos que activan por otros que acompañen. Dormir mejor, dicen los expertos, empieza mucho antes de cerrar los ojos: empieza en lo que se hace con las manos mientras todavía están abiertas.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Cuatro pasos a Chile con horario nuevo: qué cambia desde este sábado para los viajeros neuquinos

Separados pero más activos: ¿una fórmula para mejorar la vida sexual?

Expertos explican el aumento en la frecuencia e intensidad de las tormentas extremas en Argentina
