San Sebastián 2025 abre sus puertas con dos apuestas argentinas que van por todo
Glaxo, de Naishtat, y Mis muertos tristes, de Larraín, disputan la Concha de Oro en una edición donde lo argentino se mete en casi todas las secciones, del Zabaltegi al Foro de Coproducción.

Lo primero que se escucha al meterse en la sala principal del Kursaal, antes incluso de que arranque la proyección, es ese murmullo típico de los grandes festivales: butacas de madera crujiendo, copas tintineando en los pasillos, gente que reconoce caras conocidas y se señala con la mirada cómplice de quienes saben que están siendo testigos de algo. Esa es la postal que me imagino cuando pienso en lo que viene en San Sebastián, porque la edición 74 del festival español se va a abrir el 18 de septiembre pisando fuerte desde lo argentino, con dos películas nuestras compitiendo codo a codo por la Concha de Oro, ese premio máximo que a cualquiera que hace cine en este país le brillan los ojos solo de nombrarlo.
Dos películas, dos mundos, una misma carrera
Las elegidas son Glaxo, la nueva película de Benjamín Naishtat, que tiene a Lali Espósito entre sus protagonistas y viene de pasar por Toronto antes de seguir viaje a Londres, y Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de un monstruo sagrado del cine latinoamericano como Pablo Larraín y que tiene a Mercedes Morán y Dolores Fonzi como caras principales. Las dos se van a ver en jornadas consecutivas: Glaxo el domingo y Mis muertos tristes el lunes, así que el público del Kursaal va a tener una suerte de maratón argentino que da gusto pensar. A eso se suma que en la presentación de esta última estará también Mariana Enríquez, la escritora autora del libro que inspiró la historia, lo que le da al encuentro un condimento extra para quienes seguimos de cerca esa novela en particular.
Hay un detalle que a mí, como espectadora y como cronista, me parece de esos que vale la pena marcar con marcador: en San Sebastián se va a ver una versión distinta de Mis muertos tristes a la que después verá el público de Netflix. El festival exhibirá un montaje en formato de largometraje, mientras que la plataforma estrenará el 24 de septiembre la miniserie completa, de cuatro episodios. Es decir, los que estén ahí van a ver una pieza irrepetible, algo que después no se va a repetir igual. Eso, para mí, justifica cualquier viaje.
Darín y Peretti, pero en casa, no en el cine
La tercera pata fuerte de esta camada argentina en tierras vascas es Lo dejamos acá, la película que protagonizan Ricardo Darín y Diego Peretti y que tendrá su estreno mundial el martes en el festival. Lo que más me llamó la atención cuando leí la información es que San Sebastián va a ser la única oportunidad de verla en pantalla grande, porque su lanzamiento en Netflix está previsto para el 16 de octubre y, según lo que se anunció, no habrá estreno en las salas argentinas. Una rareza, pensada en voz alta: que un país no vea en el cine una de sus películas más esperadas del año, con dos de sus actores más convocantes. Habrá que ver cómo se conversa eso cuando toque.
El resto del mapa argentino, de punta a punta
- Zabaltegi-Tabakalera: arranca con Pedro en el país, el documental dirigido por Naishtat junto a María Alché, y suma A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas.
- Fuera de concurso: Albertina Carri presenta Cine vivo, un artefacto, una propuesta que combina un corto, un libro y una performance.
- Horizontes Latinos: Viajes y placeres, de Mariano Luque; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale.
- Foro de Coproducción Europa-América Latina: cinco proyectos argentinos buscarán respaldo para terminar de producirse.
Lo que se viene, entonces, es un festival con sello argentino bien marcado. No es solo la pelea por la Concha de Oro: es todo lo que pasa alrededor, los pasillos, las secciones paralelas, los proyectos que buscan financiamiento, los filmes que se piensan para verse una sola vez en pantalla grande. A mí, particularmente, me gusta llegar a estos eventos con esa sensación de que uno está parado en un lugar donde la historia del cine se escribe mientras se mira. Y en esta edición, lo que se escriba va a tener, otra vez, bastante tinta nuestra.
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