Levantarse de la silla cada rato no es un capricho: el cerebro lo agradece al volver a la tarea
Una revisión de 25 ensayos clínicos encontró que interrumpir el tiempo sedentario con caminatas, estiramientos o subir escaleras mejora la atención y la memoria. La mejora es pequeña, pero consistente, y se nota más en escuelas y oficinas.

Quién dijo que la excusa de ir a buscar agua era puro vicio. Una revisión de 25 ensayos clínicos, con 1.115 participantes de entre 8 y 78 años, mostró que pausar la jornada sedentaria con movimientos cortos, de apenas dos minutos, ayuda a volver con la cabeza más despejada. El beneficio promedio fue modesto, pero se repitió en distintos contextos, sobre todo en escuelas y oficinas.
Lo concreto: los investigadores, liderados por Yongming Li, reunieron estudios en los que la gente interrumpía sus tareas con caminatas, yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija, hacer ejercicios de resistencia, correr sin desplazarse o saltar. Todas las rutinas analizadas duraban menos de diez minutos. El foco no fue reemplazar el ejercicio diario, sino ver qué pasaba cuando se metía movimiento en medio de las horas sentadas.
Quéó al volver a sentarse
Qué mejoró al volver a sentarse
- Atención sostenida, es decir, la capacidad de quedarse enganchado en una tarea sin distraerse.
- Flexibilidad cognitiva: cambiar de consigna o de tema sin perder el hilo.
- Control inhibitorio, el freno que evita responder de manera impulsiva.
- Memoria de trabajo, esa que permite tener un dato en la cabeza mientras se lo usa para resolver otra cosa.
La magnitud promedio del efecto fue de 0,24 en la escala estadística que usaron los autores, donde 0,2 ya se considera un cambio pequeño. No es un salto enorme, pero es un hallazgo consistente: ocurrió en distintos estudios, con participantes de edades muy variadas.
Un detalle que llamó la atención fue la frecuencia. Las pausas separadas por una hora funcionaron un poquito mejor que las que se hacían cada treinta minutos. La diferencia fue chica, pero igual llamó la atención del equipo. Para quien está ocho horas frente a la computadora, la lectura práctica es simple: alcanza con levantarse, dar una vuelta y volver.
“Es razonable pensar que se pueden incorporar movimientos muy sencillos antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo ni de un cambio enorme en la rutina escolar.”Mark Hamer, investigador del University College London
Mike Trott, de la Universidad de Queensland, apuntó como hipótesis que el movimiento breve libera dopamina y noradrenalina, dos sustancias asociadas al estado de alerta y a la concentración. La nota original quedaba interrumpida en ese punto, así que lo que sigue es lo que los autores y los investigadores consultados plantearon como mecanismo plausible, aunque sin cifras cerradas.
Hamer, igual, pidió cautela. Juntar en un mismo promedio a chicos de 8 años, adultos en plena etapa laboral y personas de 78 años esconde matices. El beneficio se vio más claro en rutinas que se sostuvieron varias semanas, no en pruebas de un día aislado. La conclusión que repiten los autores es que estas pausas complementan la actividad física habitual, pero en ningún caso la reemplazan: las recomendaciones generales de ejercicio siguen vigentes.
Para Marta, 52 años, contadora en un estudio de Martínez que pasa más de siete horas por día frente al monitor, la lectura le calza justo. Ella ya empezó a probar algo simple: cada vez que termina de liquidar un lote de facturas, se levanta, camina hasta la cocina del piso y vuelve. Mañana va a anotarse un recordatorio en el celular para no olvidarse a las dos de la tarde, cuando suele estar más embotada.
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